Hay victorias que valen más por la carga emotiva que llevan consigo que por la forma de obtenerlas. Y la que conquistó ayer Godoy Cruz es una de ellas. Los tres puntos se potencian por lo que significa salir de perdedor. Porque si una derrota llama a otra derrota (como parafraseó Gómez a Bianchi), este triunfo debería llamar a otro triunfo. ¡Y qué mejor que ante el puntero de la Superliga y en su estadio! Pero esa será otra historia que contaremos dentro de una semana.
Godoy Cruz se reencontró con la victoria, pero no así con su esencia e identidad futbolística. Sufrió el desarrollo del partido por su propia impericia y careció de inteligencia (y contundencia) para liquidar a un adversario que jugó más de 45' con un hombre menos.
Hernán Bernardello y Juan Martín Lucero, los refuerzos de jerarquía que llegaron sobre el cierre del libro de pases, le dieron un salto de calidad a una incipiente estructura cuya consistencia todavía no está del todo clara ni mucho menos madura. Al 5-3-2 que propone el Negro Gómez desde el partido ante Boca en la Bombonera le falta verticalidad y explosión por las bandas. Incluso, el propio DT lo reconoció en la conferencia post partido. Si Verdugo y Angileri no pasan con asiduidad la línea de la pelota para aparecer por sorpresa por el espacio vacío, será difícil que los dos '9' de área tengan oportunidades.
A contramano de la propuesta que marca el dibujo, esta vez el juego fluyó por el medio. Con Bernardello como eslabón del primer pase, Lucero y el Morro retrocedieron alternadamente para asistirse el uno al otro. Así, hubo un pase filtrado del uruguayo para el juninense -en el penal que derivó en el 1-0- y una devolución de gentileza de Lucero para el segundo golazo de penal del Morro.Que hay mucho para mejorar, no es ninguna novedad. Pero ya sin el lastre de las derrotas y la pólvora mojada, será más fácil.