En Mendoza, el turismo tuvo un desarrollo temprano, al menos desde mediados del siglo XIX: el termalismo y la balneoterapia fueron introduciendo, poco a poco, nuevas costumbres y usos, sobre todo de la mano de los inmigrantes. Pero ¿de qué manera el estudio histórico del turismo permite conocer más sobre nuestro pasado? En términos de la evolución de las prácticas de ocio, la llegada del ferrocarril a fines del siglo XIX provocó un cambio profundo: el tren acortó distancias, permitió un intercambio fluido de personas y mercancías, y los desplazamientos adquirieron carácter estacional.
Sobre todo, se hizo evidente una renovada actitud del hombre respecto del espacio “vacío” de la montaña, en tanto no tenía “nada para ofrecer”, según apunta el historiador francés Alain Corbin (1993). La modernización que operaba en Argentina dejó marcas en Mendoza, por medio de saberes, ideas y nuevas formas de ver y entender el mundo. El paisaje montañés se instituyó como referente local, la belleza estética de gargantas, cascadas y formaciones rocosas, sumada al deseo de exploración y de contacto con la naturaleza, traducido en la observación de la fauna y flora autóctona; impregnaron esas visiones configurando otras narrativas, contrapuestas a la idea de ese espacio, considerado inicialmente desierto, improductivo, no útil.
Pero la modernización y sus ideales impactaron no sólo en las prácticas sociales: esta nueva mirada demandó necesariamente una expansión a escala territorial, posible primeramente gracias a la presencia del tren y sus equipamientos y, a partir de la década de 1920, por intermedio de las carreteras. En paralelo, la incorporación de nuevos saberes y tecnologías impactó de lleno en la arquitectura y en esos espacios de ocio, vinculados con las prácticas señeras del turismo, que luego se ampliaron para configurar destinos de turismo, ya en los primeros años de la década de 1930.
Ciencia Turismo
Llegada de un convoy de turistas a las Termas de Villavicencio.
Gentlieza AGN
En este contexto, podemos preguntarnos ¿qué lugar ocupaba Mendoza en el entramado turístico nacional? ¿De qué modo se hizo palpable ese posicionamiento? Es necesario mencionar que Mendoza siempre se vio privilegiada por la presencia de recursos naturales: las primeras explotaciones turísticas avanzaron de la mano de infraestructuras de extracción y embotellado de agua mineral para consumo, como agua de mesa. Tal fue el caso del enclave Villavicencio y sus baños, conocidos desde época colonial.
El desarrollo de las vías de comunicación terrestre fue clave para la llegada de visitantes. A partir de 1920, se vislumbra una actitud enérgica de la clase política, con medidas direccionadas a fines concretos: mejoras viales en caminos hacia parajes de montaña y construcción de hoteles, como el Plaza Hotel en la ciudad capital (1925). De esa manera, el ocio aristocrático que encarnaron los sectores más encumbrados de la sociedad, materializado en los balnearios termales de Puente del Inca (1905) y Cacheuta (1913), fue decantando en otras prácticas, cada vez más extendidas, a capas más bajas y amplias del entramado social. El descanso vacacional, fundamentado en la necesidad de restablecimiento físico y mental, como contrapartida al desgaste provocado por el trabajo remunerado, dio lugar al “turismo moderno”. Por ejemplo, la sanción de la ley Nº 1.002 de 1932, referida al “sábado inglés”, promovió una mayor disponibilidad de tiempo libre durante el fin de semana, lo que permitió la práctica del turismo de cercanías.
Es necesario mencionar que Mendoza siempre se vio privilegiada por la presencia de recursos naturales. Las primeras explotaciones turísticas avanzaron de la mano de infraestructuras de extracción y embotellado de agua mineral para consumo, como agua de mesa. Tal fue el caso del enclave Villavicencio y sus baños, conocidos desde época colonial.
Más adelante en el tiempo, la sanción de la ley referida a vacaciones pagas, comenzó a delinear lo que Elisa Pastoriza y Juan Carlos Torre, historiadores del turismo, han definido como “democratización del bienestar”, con consecuencias a nivel local y nacional a partir de 1947 y hasta 1955. Fueron comunes, en esos años, los intercambios de contingentes de turistas bonaerenses que venían a la montaña mendocina en invierno, y de grupos escolares locales que iban a vacacionar a Mar del Plata en verano.
Actualmente, y a partir de la situación crítica que atravesó el sector turístico, derivada de la pandemia mundial desatada por el virus Covid-19, se han repensado las dinámicas de consumo del turismo. Las condiciones de saturación de destinos y servicios, junto con una revalorización de los circuitos locales –a los que gran parte de la ciudadanía tiene acceso– revisitados en el pasado reciente, producto de las limitaciones a la hora de emprender viajes al extranjero, plantearon nuevas miradas en relación con esta actividad económica. Los destinos próximos, de la provincia y del país, cobraron en este contexto especial relevancia, por las crecientes posibilidades de fortalecer la economía y por propender a la activación de recursos en pequeñas y medianas comunidades.
El turismo de alta gama está enlazado de modo directo con la vitivinicultura. Los vinos y la gastronomía son los principales atractivos para estos visitantes. Foto: Ignacio Blanco / Los Andes
El turismo de alta gama está enlazado de modo directo con la vitivinicultura. Los vinos y la gastronomía son los principales atractivos para estos visitantes. Foto: Los Andes
Mendoza se ha consolidado en los últimos veinticinco años como polo del turismo vitivinícola de Argentina, es parte integrante de la red de las Capitales Mundiales del Vino, que le valió el ingreso decidido al panorama del turismo mundial. La oferta turística se ha diversificado y complejizado enormemente por lo que el estudio histórico de esta actividad, ofrece otras lecturas y puede contribuir al reposicionamiento de ciertos destinos o sitios. Ahondar en esta línea a futuro, permitirá comprender el modo en que estos factores, sus interrelaciones y sus dinámicas de cambio sentaron las bases de los destinos turísticos que aún hoy se ofrecen a los visitantes, con posibilidades de promover sus cualidades y generar así nuevos recursos para el desarrollo.
(*) El autor es arquitecto y doctor en Arquitectura. Becario posdoctoral en el grupo “Historia y Conservación Patrimonial”, Instituto de Ciencias Humanas, Sociales y Ambientales (Incihusa, CCT Mendoza, Conicet) y como docente, en la Facultad de Ingeniería (UNCuyo).
Producción y edición: Miguel Títiro - [email protected]
Referencias:
- Bianchi, P. (2023) ¿Media pensión o pensión completa?: una historia de la hotelería y del turismo en Mendoza (1884-1955) - 1a ed. - Mendoza: Universidad Nacional de Cuyo. Secretaría de Investigación, Internacionales y Posgrado. Libro digital, PDF. https://bdigital.uncu.edu.ar/19792
- Corbin, A. (1993). El territorio del vacío. Occidente y la invención de la playa. Milán: Mondadori.
- Torre, J. C. y Pastoriza, E. (2002). La democratización del bienestar. En: Torre Juan Carlos (dir.) Los años peronistas. Col. Nueva Historia Argentina (pp. 257-312). Buenos Aires: Sudamericana.