Dos figuras, tal vez quijotescas, de la historia y el humor argentinos se presentarán este domingo 6 de abril en Mendoza. Se trata nada menos que de Felipe Pigna y de Pedro Saborido, un tándem fuera de lo común que pasea por el país su espectáculo Historias argentinas, que —en realidad— más que un espectáculo es una charla de café entre estos dos talentosos pensadores argentinos. Uno asume el lugar del historiador apasionado pero riguroso (Pigna) y el otro el de una mirada corrosiva, interpelante, “lisérgica” (Saborido), tal como él mismo la define. Las funciones serán en el Teatro Plaza, de Godoy Cruz, en dos funciones, a las 19 y a las 21, aunque las entradas ya están agotadas. Para conocer los entretelones de Historias argentinas, Los Andes charló con Pedro Saborido.
—Contame cómo es el espectáculo.
—Es una charla en la que vamos pasando por tres partes muy definidas que son hablar de civilización y barbarie o civilización o barbarie (porque están las dos acepciones), identidad argentina y revoluciones. A cada uno lo desarrollamos en una especie de repaso por momentos o protagonistas que tienen que ver con cada tema. Vemos, por ejemplo, cómo ese paradigma de civilización y barbarie lo vivimos actualmente de otras maneras, al vivir en los centros o en las periferias de las ciudades. Lo que significa un país que es más unitario que federal. Y entonces hablamos sobre qué es el centro, qué es la periferia, qué es Buenos Aires, qué es el interior. Y luego lo mismo va pasando cuando hablamos de identidad argentina. Vamos viendo cómo se construye nuestra identidad y cómo esa construcción a veces necesita de algunos símbolos. En cada momento Felipe desarrolla todo lo que sabe, que es mucho. Y a veces improvisamos cosas, porque en definitiva soy como una especie de espectador ahí arriba. Y mi aporte a los saberes que despliega Felipe es algo que tiene que ver más con una mirada humorística, psicodélica, lisérgica, una reflexión más petercapusottiana, si querés.
Pedro Saborido
Pedro Saborido en un momento del espectáculo que comparte con Felipe Pigna, Historias argentinas.
—Eso tiene que ver con la dinámica entre ustedes…
—Claro. Felipe aporta lo académico y yo, si querés, aporto aquel momento más de entretenimiento. Repasamos los temas divirtiéndonos, sin por eso dejar de ser precisos. Se arma una charla que termina siendo muy entretenida, termina siendo hasta terapéutica, porque te acercas a la historia desde un lugar no de obligación sino de entretenimiento. Y digo terapéutica porque la historia siempre te coloca de nuevo en lo que sos, para bien y para mal. Y comprendés que las tensiones de lo que hoy vivimos siempre estuvieron en la Argentina. Salís un poco de la vanidad del presente, de suponer que todo este va a ser siempre así y es fatal. La historia muestra cómo ciertas cosas tienen su momento de auge y luego desaparecen.
—Sin embargo, desde hace años hay sectores que trabajan fuerte en negar la historia, falsearla o tergiversarla.
—Siempre la Historia fue sujeto de interpretación, por eso existieron los revisionismos y las historias oficiales. Vos pensá que San Martín fue negado durante muchos años en la historia argentina. Imagínate cómo y cuánto se negó a San Martín que el tipo terminó muriendo en el exilio. La reivindicación de San Martín fue muy posterior. Entonces, siempre la historia es un momento de discusión. La historia termina siendo también un territorio de disputa, de reinterpretación. Como un lugar donde la discusión es quién la cuenta o quién la grita más alto. Cada sector va a venir siempre a tratar de negar lo anterior o a contarlo de la manera que le convenga. También sucede que a veces la historia es la negación de la propia historia. Se niega el Proceso, se niega Malvinas, se niega el 2001, se niega hasta la pandemia. Y tal vez es porque necesitamos tapar los traumas.
—El otro día vi que alguien decía que lo que estamos viviendo parece escrito por un guionista genial y maléfico… Vos, como guionista, ¿qué pensás?
—La historia también se alimenta de negación y de olvido. Cómo podemos otra vez hacer lo mismo. ¡Pero si lo podemos hacer en nuestras vidas personales! Cometer el mismo error... ¿Por qué no lo vamos a hacer como sociedad? Pasa que estamos acostumbrados a vernos como un todo. En realidad, lo que define siempre es el 50 por ciento más un numerito más. O sea que, si tomás en cuenta que hay un 30% de cada sector que es lo más fuerte, y que es el que cambia, el que va definiendo las cosas. Van creciendo chicos que piensan de otra manera, se van muriendo otros… A la democracia la va a definir siempre aquel que cambia, no el que no cambia. Entonces, se repiten cosas, porque la historia también tiene esos ciclos. En definitiva, con Felipe lo que intentamos hacer es mostrar cómo los que llamamos hechos históricos siguen conviviendo con nosotros, en nuestra vida: federales y unitarios, civilización y barbarie, el fenómeno del peronismo… Y lo hacemos desde un lugar que, sin dejar de ser riguroso, también es humorístico.
Pedro Saborido: Una historia del amor
Portada del libro Una historia del amor, de Pedro Saborido (editorial Planeta)
Pedro Saborido: guionista, humorista y escritor
Pedro Saborido vivió su infancia y su adolescencia en Gerli (Área Metropolitana de Buenos Aires). Se recibió de técnico electrónico en el Palaá de Avellaneda, ciudad donde estudió cine y residió gran parte de su vida. Fue asistente de sonido en diversos filmes (entre ellos, Esperando la carroza). A fines de los 80 se dedicó al humor político en radio, lo que lo llevó a ser guionista de Tato Bores en la TV. De ahí saltó a programas como Magazine For Fai y Todo por dos pesos. Desde 2006 hizo, junto a Diego Capusotto, el programa Peter Capusotto y sus videos. Ganó premios Martín Fierro, Clarín y Konex. En 2024 publicó Una historia del amor, libro compuesto por 23 relatos y reflexiones sobre el tema.