El proyecto de intercambio estudiantil entre Francia y Argentina se desarrolla en articulación con la Fundación Fleury-Mendoza, la DGE y tres instituciones mendocinas: el Colegio Sagrado Corazón (Ciudad), la Escuela N.º 4-097 Gilda Cosma de Lede (Maipú) y la Escuela N.º 9-004 Gral. Toribio de Luzuriaga. Durante tres semanas y media, jóvenes de ambos países comparten clases, actividades culturales y la vida cotidiana en hogares anfitriones. En septiembre, serán los alumnos mendocinos quienes viajarán a Francia para completar la experiencia.
“Ya se abrazan como si se conocieran de toda la vida”, dice Paola Mercado, directora de la escuela secundaria Normal, mientras repasa lo vivido en los últimos días. Desde el 18 de marzo, la institución, ubicada en Tunuyán, se convirtió en el escenario de una experiencia educativa y cultural.
El origen del achicar fronteras
La iniciativa surgió en 2019, impulsada por la profesora de francés Graciela Sánchez —hoy jubilada— junto a otros docentes de la provincia, con el sueño compartido de perfeccionar el idioma en una escuela de Francia. Aquella idea se convirtió en palabras, y las palabras en proyecto. La pandemia interrumpió el intercambio en 2020, pero en 2022 se retomó: primero viajaron los mendocinos, luego los franceses. Este año, la historia vuelve a escribirse en dos idiomas. Los protagonistas locales son Rocío Moyano, Francina Méndez, Emanuel Koval y Josefina Sarmiento, quienes en unos meses cruzarán el océano.
Los jóvenes franceses, Andrés, Jade, Flora y Mila, están en los cursos de 5º año en Ciencias Naturales y Ciencias Sociales junto a sus compañeros tunuyaninos, en las divisiones donde se enseña francés como lengua extranjera. Pero la experiencia va mucho más allá del aula, comparten desayunos, tareas escolares, tardes de charla y actividades recreativas. “La idea es que vivan nuestra escuela y nuestra comunidad desde adentro”, remarca Mercado.
Durante las tres semanas participaron de actos escolares, visitas a bodegas, recorridos por el centro, caminatas por la montaña y encuentros institucionales tanto en la Municipalidad como en la Casa de Gobierno.
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Visita a Bodega Hinojosa, Tunuyán.
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Las familias anfitrionas no solo abrieron las puertas de sus casas: también ofrecieron su tiempo, su afecto y su hospitalidad. Se sumaron a la experiencia con total generosidad, agrandando sus familias durante unas semanas.
Son los propios estudiantes del Normal quienes mejor resumen lo vivido: “Fue único y mágico”, dicen. Una de las chicas cuenta: “Más que nada, fue explicarles ciertas cosas del idioma que no entendían, como algunas expresiones. Y no solo ellos se sorprenden con nuestra cultura, nosotros también nos sorprendemos con la suya. Por ejemplo, cuando fuimos al Manzano Histórico, le sacaban fotos a las montañas. Para nosotros es algo normal, porque lo vemos todos los días”.
“Cuando llegaron, no sabían que nuestro español no era como el de España. Tuvimos que enseñarles que acá no decimos ‘aquí’, ‘tú’, ‘eres’... Les enseñamos nuestras palabras, pero también nuestra historia. Se sorprendieron mucho con el acto por Malvinas y la importancia que le damos”, agregan.
Sobre la convivencia, destacan algunas diferencias: “Tienen costumbres muy distintas. Se acuestan temprano, desayunan bien temprano y después casi no comen. No toman mate, no pasan tanto tiempo con la familia. Pero se adaptaron rápido. Pensé que me iba a costar conocerlos, pero fue muy fácil. Un adolescente es un adolescente en todo el mundo”.
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Equipo completo. Estudiantes franceses junto a sus compañeros anfitriones de las Escuelas de Tunuyán, Maipú y Ciudad.
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Cuenta regresiva para Francia
En septiembre, será el turno de los estudiantes locales en viajar a Francia.
Desde noviembre del año pasado, cuando se firmaron los convenios, la comunidad educativa del 9-004 comenzó a preparar cada detalle del encuentro. Y ahora, con la partida de los visitantes en los próximos días, se asoma la inminente realidad, la del viaje propio. “Al principio, el que ellos viajaran, lo veían como algo muy lejano, y ahora les parece que mañana es septiembre”, dice Mercado.
“Siento que los voy a extrañar muchísimo. Hicimos conexiones muy lindas y espero que nunca se borren”, expresa una de las alumnas del Normal. Sin embargo, en el rostro de los cuatro se adivina el reflejo de la felicidad y la expectativa frente a lo desconocido. “También estoy feliz, porque se acerca más el momento de nuestro viaje”, confirma otro de ellos. “Creo que viajar es una oportunidad única en la vida”, resume una de las chicas.
Con la simpleza del pronunciar que caracteriza al adolescente, confirman que existen experiencias que transforman. Porque no solo se expande el vocabulario ni se agrandan los conocimientos culturales, sino que también el mundo empieza a sentirse un poco más alcanzable.