Murió Jorge Sosa: la historia de “Otoño en Mendoza”, la célebre canción que adoptó el mundo

El querido hacedor cultural, escritor, actor, docente y columnista de Los Andes falleció a los 75 años. El recuerdo de la poesía que interpretaron artistas como Pocho Sosa y la eterna Mercedes Sosa.

Murió Jorge Sosa: la historia de “Otoño en Mendoza”, la célebre canción que adoptó el mundo
Los Sosa: una vida juntos en el escenario. Pocho interpretó "Otoño en Mendoza". Jorge creó la letra. (Claudio Gutiérrez / Los Andes)

“Otoño en Mendoza” es el himno surgido de la mente y del corazón de Jorge Sosa, el célebre artista, humorista, compositor, hacedor cultural y columnista de Los Andes que murió este 4 de agosto a los 75 años. La canción fue escrita hace casi cinco décadas y, desde entonces, dejó la tierra a la que hace referencia para ser adoptada por el mundo entero, a través de las voces de artistas como Mercedes Sosa.

Jorge Sosa reveló en primera persona en Los Andes cómo fue el origen de la letra de la poesía, que se convirtió en una tonada universal.

En 1976, año en que empezaría a desplegar su maestría desde radio Nihuil, el artista trabajaba en un pequeño taller de serigrafía en San José, a pasos de la Plazoleta del Indio (Guaymallén). Cuando iba a tomarse el micro en la terminal, se paró en Bandera de los Andes y Alberdi y quedó impactado con lo que observó.

“Ese lugar es uno de los pocos en los que se puede contemplar la precordillera con amplitud”, destacó el compositor sobre el impacto de semejante paisaje.

“Las montañas eran azules, intensos; el cielo mostraba un degradé de colores que iban del casi negro en el Este, pasaba por azules y celeste sobre el cenit, naranja cuando se aproximaba a la montaña y rojo allí donde los cerros se habían tragado al sol; los árboles de la zona andaban todos amarilleando; y había algo en el aire, invisible, pero certero en las emociones, que si Federico García Lorca hubiese estado conmigo me hubiese dicho: ‘Son los duendes, Jorge, son los duendes’”, contó.

Como Sosa ya había vivido el otoño en otras latitudes -era un rosarino de sangre-, se dijo: “No es lo mismo el otoño en Mendoza”. Desde aquel lugar se fue a casa con esa frase haciéndola eco en la cabeza. La extendió en versos mientras duró el viaje en colectivo (”Al llegar la escribí. Salió como si me la dictaran”).

Jorge le dio su escrito a Damián Sánchez -otro emblema de la música folclórica cuyana- para que le pusiese música. Pero no fue cómo esperaba: se la cajoneó. Tuvieron que pasar dos años para que en un asado Damián le dijera “¿Te acordás de aquella poesía que le escribiste al otoño? Hice una tonada, vení que te la hago escuchar”.

Jorge Sosa, dueño de un legado cultural infinito (Archivo / Los Andes)
Jorge Sosa, dueño de un legado cultural infinito (Archivo / Los Andes)

Cuando terminó de escucharla, Damián le preguntó a Jorge su parecer. “Bueno -le acotó- Una tonadita más”, señaló el autor. Damián coincidió: “A mí me parece lo mismo. No va a pasar nada con este tema”. El tiempo, afortunadamente, hizo justicia por la obra.

Fue el incondicional y también gigante Pocho Sosa quien aportó lo que faltaba. O la “tercera pata” de la canción, como admitió Jorge. Él, dueño de tan infinito ingenio y agudo criterio, nunca dejó corromper su humildad. Esa que tienen los mejores de los nuestros:

“A la canción la componen: autor, compositor e intérprete, y a veces, este último valora más el tema que los creadores. Y Pocho primero y Mercedes Sosa después la desparramaron por todo el mundo”.

Letra de “Otoño en Mendoza”

No es lo mismo el otoño en Mendoza,

hay que andar con el alma hecha un niño,

comprenderle el adiós a las hojas

y acostarse en su sueño amarillo.

-

Tiene el canto que baja la acequia

una historia de duendes del agua,

personajes que un día salieron

a poblarnos la piel de tonadas.

-

La brisa, traviesa, se ha puesto a juntar

suspiros de nubes cansadas de andar.

Esta lluvia que empiezan mis ojos

no es más que un antojo de la soledad.

-

Es posible encontrar cada nombre

en la voz que murmuran los cerros,

el paisaje reclama por fuera

nuestro tibio paisaje de adentro.

-

Ser la tarde que vuelve en gorriones

a morirse de abrazo en el nido

y tener un amigo al costado

para ser un silencio de amigos.

-

La tarde, nos dice, al llevarse al sol

que siempre al recuerdo lo inicia un adiós.

Para quien lo ha vivido en Mendoza

otoño son cosas que inventó el amor.

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