Diego Medina tiene 30 años, vive en Bermejo (Guaymallén) y desde los 18 trabaja como recolector de residuos urbanos. Cada mañana se levanta a las 5 y a las 6 ya está trabajando, recorriendo las calles del centro de la Ciudad de Mendoza para cumplir con su trabajo de recolección. A las 13:30 culmina con sus quehaceres diarios y que, aunque representan el principal ingreso de la familia, no son los únicos. De hecho, a partir de esa hora es cuando Diego se quita el traje de recolector y se pone ese traje invisible de superhéroe.
Y es que en septiembre de 2016, junto a su esposa Julieta (incondicional siempre a su compañero) y un grupo de amigos, Diego abrió la Escuela de Fútbol infantil (EFI) El Ciclón, con la que se propuso una meta bien clara: sacar de la calle y de sus peligros a los chicos del barrio donde vive -e inmediaciones- por medio de la práctica del fútbol.
Desde aquel primer “entrenamiento” -del que participaron unos 30 chicos- a la actualidad transcurrieron casi 5 años. Y en este tiempo Diego dio forma a cinco categorías de El Ciclón, con chicos de entre 5 y 14 años, y sus tardes de lunes a jueves (de 18:30 a 20:30) no tienen otra razón de ser que entrenar a alguna de las cinco categorías de la escuelita. ¡Si hasta, con apoyo de la Municipalidad de Guaymallén, pudo recuperar la vieja plaza del barrio que se había convertido en un basural y convertirla en una cancha de fútbol hasta con césped sintético!.
En la actualidad, son más de 70 los chicos que dan vida a El Ciclón en todas sus categorías. Están participando del torneo Futuros Cracks y el propio profe -por medio de este espacio- les brinda la contención necesaria para que los chicos puedan dedicar su vida a lo que cualquier chico debería dedicarla: jugar. Y si bien Diego ha fijado una cuota simbólica de entre 300 y 400 pesos para los niños que puedan pagarla, casi la mitad no está en condiciones de hacerlo.
“De la escuela nunca se ha ido un niño por no poder pagar, ni se va a ir. Nunca les voy a decir a alguien que no vengan más. Y algo que me da mucho orgullo es que se acerquen los chicos a pedirme prestado un fútbol para jugar. ¡Obvio se los voy a prestar, si antes venían a pedirme fuego para prender un porro!”, resume con pasión y emoción Diego.
Con apoyo de la peña mendocina Jorge Benegas, del Club Atlético San Lorenzo de Almagro (Diego es fanático de este equipo, por ello el nombre de su escuelita), las distintas categorías han podido contar con sus propias camisetas y remeras de entrenamiento. Además, ahora se han propuesto una meta tan ambiciosa como esperanzadora: poder conseguir un par de botines para cada uno de los jugadores de todas las categorías de El Ciclón.
La vida siempre da revancha
Antes de empezar a trabajar como recolector, Diego jugó hasta los 17 años en la primera del club Boca de Bermejo. Sin embargo, en ese momento la vida lo encontró a sí mismo en una difícil encrucijada. “Tuve que optar entre el fútbol y el trabajo, y la verdad es que no tuve mucho que pensar, ni muchas alternativas tampoco”, resume el profe, quien sueña con poder completar el curso de director técnico para poder profesionalizar con un título aquello que en la práctica ejerce desde hace casi 5 años.
Este dilema no fue el único con que se cruzó Diego a lo largo de su vida. También en 2013 y luego de dos tristes adversidades (Julieta perdió dos embarazos), el joven se encontró a sí mismo preguntándole a Dios o a la vida misma por qué le ocurría eso a él. Y la respuesta no tardó en surgir de sí mismo. “La vida me encontró buscando qué hacer para atraer cosas positivas, y más que nada me enfoqué en que tenía que hacer algo bueno para que me volviera eso bueno”, rememora sobre cómo surgió la idea de la escuela de fútbol. “Y después de la buena obra que hicimos con la escuelita, tuvimos a Pía (que hoy tiene 3 años) y ahora la bendición es doble, porque mi esposa está embarazada de mellizos”, agrega con una felicidad desbordante. Y confirma que sí, que la vida SIEMPRE da revancha.
De entre los futuros cracks que pasaron por El Ciclón, hay algunos chicos (no tan chicos hoy) que siguieron con una vida vinculada al fútbol. Uno de ellos, por ejemplo -y que empezó en 2016- hoy es arquero de la primera de Andes Talleres. Y, sin olvidar sus orígenes, ayuda a Diego con los chicos cada vez que puede.
“Hace más de 4 años que trabajo con esto, y siempre he hecho todo por los chicos. Cuando uno hace las cosas con pasión, es todo un poquito más fácil. Y el aguante de mi familia, de mi esposa que se banca todo –como que de lunes a jueves durante dos horas no esté en casa o que no todos puedan pagar la cuota- es fundamental. No es el dinero lo que me mueve para tener la escuela, no es la prioridad. El día de mañana quiero seguir superando obstáculos de la vida. Y el fútbol es como la vida, te plantea situaciones y tenés que tomar una decisión en el momento muchas veces”, cierra el profe.