El nacimiento de Philipp, el décimo hijo de Alexandra Hildebrandt, ha sorprendido al mundo. A sus 66 años, la reconocida activista de derechos humanos y directora del Museo del Muro en Checkpoint Charlie desafía los convencionalismos sobre la maternidad y la edad.
“Los niños son una gran bendición”, expresó la mujer en declaraciones al periódico alemán Bild, donde también enfatizó su convicción de que la edad no es un impedimento para la maternidad. “¿Qué significa la edad en tu pasaporte? Es tu edad biológica la que cuenta. Y me siento como si tuviera 35”, agregó.
El pequeño Philipp nació por cesárea en el Hospital Charité de Berlín, pesó 3,550 gramos y midió 50 centímetros. Aunque inicialmente necesitó asistencia respiratoria, su estado de salud se estabilizó rápidamente.
El profesor Wolfgang Henrich, director de la Clínica de Medicina Obstétrica de la Charité, catalogó el nacimiento como una “rareza absoluta en la medicina obstétrica” y destacó el excelente estado físico y mental de Hildebrandt durante el embarazo.
Mujer, activista y una familia numerosa
Nacida en Kiev en 1959, Hildebrandt se trasladó a Berlín en 1990, donde conoció a su esposo, Rainer Hildebrandt, con quien fundó el Museo del Muro. Tras enviudar en 2004, asumió la dirección del museo y, años después, contrajo matrimonio con Daniel Dormann, político de la Unión Demócrata Cristiana.
Su familia es extensa. Antes de los 53 años, ya había dado a luz a ocho de sus hijos, todos por cesárea. Entre ellos se encuentran los gemelos Elisabeth y Maximilian (12), Alexandra (10), Leopold (8), Anna (7), Maria (4), Katharina (2) y el recién nacido Philipp. Además, tiene dos hijos mayores de relaciones anteriores: Svetlana (45), médica, y Artjom (36), diplomático e investigador de conflictos.
Su hogar en Berlín es lo suficientemente amplio para albergar a toda la familia, y ella misma ha dejado en claro su filosofía respecto a la crianza: “Todos los niños deberían tener su propia habitación”.
Hildebrandt asegura que su vitalidad ha sido clave en su capacidad para seguir teniendo hijos. “Como de forma muy sana, nado regularmente durante una hora, corro durante dos horas, no fumo ni bebo y nunca he usado anticonceptivos”, afirmó.
Su historia ha abierto el debate sobre los límites de la maternidad y las posibilidades médicas en la actualidad. Mientras algunos cuestionan los desafíos de criar un hijo a su edad, otros destacan su determinación y fortaleza como un ejemplo de que la biología no siempre se ajusta a las expectativas sociales.