La comediante y dramaturga Julieta Otero llega a Mendoza con su show sobre la menopausia.
gentileza
—¿Qué cambió entre Según Roxi y No me acuerdo las cosas?
—El paso del tiempo en su autora. En ambas fui contando situaciones que me atravesaban de mi vida personal, vinculadas a la edad y a la época que estaba viviendo. La maternidad de chicos chiquitos fue Roxi y, en este caso, la entrada a una nueva etapa de la vida, ya sin ese colapso de la crianza, donde tomo la menopausia como excusa para dar contexto. A raíz de ese cambio abrupto de contenido, hubo un grandísimo paso del tiempo en mí, en mi vínculo con la profesión y en mis maneras de escribir y de contar.
—En esta obra hay algunas situaciones que no parten necesariamente de experiencias propias…
—Primero algo se dispara en mí, después empiezo a observar lo que tengo alrededor y mi contexto y de ahí voy al marco teórico. En el caso de la obra anterior era la puerta del jardín, ahora son minas con las que laburo, gente que me cruzo en la vida, madres.
—¿Cómo es ese trabajo de ver a otros y "autoobservarte" para llevarlo al humor?
—A mí todo me despierta la risa. Esté donde esté (en un velatorio, una clínica o un trabajo), mi cabeza está permanentemente generando situaciones de humor, observaciones de las cosas que pasan como si fueran ficción. No hay un minuto, aunque no esté trabajando para eso, en el que no esté generando una narrativa de lo que veo, porque es un modo de supervivencia. Empieza como una necesidad de distanciarme y de objetivar cosas que me duelen, lo que no entiendo. Después termina en una obra de teatro o andá a saber dónde.
La mala prensa de la menopausia
—El olvido es uno de los disparadores de este espectáculo. ¿Qué te interesa de hablar de este concepto, que, en sí, pareciera más triste?
—No hay un tema con el que no pueda hacer humor. No existe algo que diga: “Bueno, no, acá yo no me puedo reír”. Salvo ver a mis hijas tristes por algo, aunque probablemente en ese caso intentaría hacerlas reír a ellas. Cuando me empezó a pasar lo de perder la memoria a corto plazo, lo primero que me pareció fue divertido. A mí me da envidia la gente que vive un poco drogada. Como decir: “Uy, a este le chupa todo un huevo". Se olvidó y dice "mala mía", y relaja. Vengo de ser siempre eficiente y de toda una vida de querer hacer todo bien. Entonces pensé: “¿Será que la niebla mental de la menopausia es lo que nos viene a liberar de la carga mental que sufrimos toda la vida?”, “¿será esta oportunidad de ser ineficiente por primera vez?”. Después de haber compatibilizado la vida doméstica, laboral y personal, de tener que mantenerse una bien, con pilas, salud, haciendo ejercicio, yendo al psicólogo y todos los otros malabares que hemos hecho todo el tiempo, finalmente viene la niebla mental para estar más flotando por todas las situaciones y dejar de forzar que todo sea perfecto. Vine al living, agarré el celular para mandar un mensaje y no me acuerdo a quién se lo iba a mandar. Eso me empezó a dar risa.
La comediante y dramaturga Julieta Otero llega a Mendoza con su show sobre la menopausia.
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—La menopausia, en tu caso llegó distinto…
—Hace dos años, tuve una histerectomía por un mioma. No es una enfermedad, simplemente es algo que puede pasar. Justamente porque llegaba la menopausia y yo seguía menstruando, si bien una puede empezar diez años antes con síntomas, no tuve claro en qué momento empezó porque en mi caso fue quirúrgica. Por supuesto que tenía de todo, la niebla mental para empezar y un montón de cosas que suceden cuando se empiezan a ir los estrógenos.
—Suele verse como un momento medio bajón en la vida de una mujer. ¿Hay algo liberador también en pensar que, incluso biológicamente, se corta ese “mandato latente de maternar”?
—Sí, un poco esa es la propuesta del show. Se puede resumir así. Es una charla sobre pérdida de estrógeno, con datos muy poco chequeados, pero convenientes para nosotras mismas. Un poco lo que cuenta el show con humor es la función de los estrógenos en la vida de las mujeres, que más allá de sostener un montón de cuestiones que tienen que ver con el cerebro, la piel, los músculos, el cuerpo y todo, facilita las tareas de cuidado y nos genera una empatía enorme. Si se te van, no querés más a nadie: hijos, novios, vecinos, compañeros. Empezás a transformarte en una persona que hace lo que se le canta la gana, que está con sus amigas, tomando un vino o leyendo un libro, que no le rompan las pelotas. Todo te molesta y ya no aguantás hacer cinco cosas al mismo tiempo, con ruido, con uno de tus hijos tocando la batería. Necesitás un poco de paz.
—Entonces, ¿por qué tiene tanta mala fama?
—La sociedad no está interesada en bancar a una mina con estas características porque está acostumbrada a que nosotras estemos brindando otro servicio. Entonces empieza a circular el discurso de “las menopáusicas son histéricas”, lo cual es absolutamente falso. El asunto es que una no está más interesada en atender a todo el mundo. Y entonces sí, es un momento que es liberador, que es divertido, que si una lo toma por el lado positivo puede ser incluso hasta la mejor etapa de la vida.
Humor de mamá
—Catalogan a tu comedia como “humor de mamá”. ¿Existe un subgénero del humor de mujeres o que se encasilla en hablar de ciertos temas de “minas”?
—Creo que las minas en general nos revisamos mucho, hacemos mucha terapia. La experiencia tan extrema de maternar nos lleva incluso a socializar en nuestras pequeñas tribus muchas reflexiones y eso, para los que escribimos, es un disparador. Casualmente me pasó con Según Roxi, que hace 15 años hablar del "lado B" de la maternidad sonaba notorio porque no se hacía. Y hace unos años empecé con esto de la menopausia y tampoco se hacía. Me tocó levantar la voz sobre dos cosas de las que no se estaba hablando.
—Hace unos años se empezó a desromantizar la maternidad…
—Sí. Pasamos a una época en la que empezó a formar parte del diálogo y a aparecer en la ficción. Ahora se habla de la maternidad deseada. Hoy ya no es novedad. Incluso la gran pregunta de Según Roxi era: “¿Se puede copaternar democráticamente?”. Sigo pensando que no.
—Con respecto a Dalia Gutmann, ¿cómo fue trabajar con ella y producir esta obra?
—Muy divertido. Dalia es una gran referente del humor y de ser una mujer que lleva sus shows por el mundo entero y llena salas. Me enseña mucho, aprendo de su manera de entender los remates, qué es lo gracioso, qué es lo más fuerte que tiene el show, cómo potenciarlo. Es un vínculo hermoso.
La comediante y dramaturga Julieta Otero llega a Mendoza con su show sobre la menopausia.
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—¿Qué tipo de humor ves hoy, en las redes o en la calle, que no te causa gracia? ¿Cómo te llevas con cosas como “farmear aura”?
—En mi caso ya soy vieja. Pero cualquier cosa que hagan los pibes me encanta. Soy fan, escucho su música, me divierte. Creo que en todas las épocas estuvimos haciendo estupideces. Si agarramos una foto nuestra a los 17 años... ¡mamita! A menos que se lastime a alguien, después soy muy gauchita para reírme. Con cualquier pavada me descostillo.
—Otro día perdido ¿qué te permitió explorar que quizás otros trabajos no?
—Me fascina, amo la televisión y este formato me dio la oportunidad de trabajar en un laburo súper presencial, old school: mesa de guionistas, debate toda la mañana. Es como las viejas redacciones de diarios. Miran las noticias, se rematan, hay debates, hay charlas, hay reuniones. Es lo contrario a estos tiempos que estamos viviendo de individualidad, de cada uno en su casa con su computadora. La verdad es que fue una gloria. Lo celebro. Además de que la vida de los artistas y guionistas es muy insegura desde lo económico y esto significó un trabajo estable, que fue una alegría enorme.
—¿Qué se viene en tu repertorio?
—Estoy por estrenar otra obra que trata sobre la muerte de un músico en un hospital del conurbano, inspirada en mi padre, músico. También sigo con el programa de Pergolini. Así que escribo todo el día.