7 de octubre de 2026 - 14:56

Empleo en Mendoza: poco crecimiento e informalidad; los principales desafíos por delante

El desigual nivel de actividad entre las regiones impacta en los niveles de empleo y la informalidad. Cómo está Mendoza y qué se espera en el contexto actual.

Los últimos datos de actividad económica, empleo y pobreza han adelantado la posibilidad de que la economía ingrese en recesión o se frene fuertemente durante el último trimestre de 2026. De hecho, el Banco Mundial ya recortó sus pronósticos de crecimiento para este año mientras que con el reciente Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) publicado por el Banco Central se anticipan dificultades frente a la baja de la actividad.

Un informe publicado por la Universidad Austral detalló que entre enero y julio el Estimador Mensual de Actividad (EMAE) mostró una expansión de 1,5% en términos desestacionalizados. Los Índices Locales de Ciclo Económico (ILCE – Universidad Austral), sin embargo, mostraron un comportamiento desigual entre las regiones con un alto impacto en los niveles de empleo.

Los ILCE revelaron que el crecimiento en la región Sur –impulsado por Vaca Muerta- se ubicó 2,1% por encima del mismo período de 2025. En la Centro hubo una mejora de 1,5%, mientras que en la Andina se registró un retroceso de 2,4%. En esta última se ubica Mendoza que, más allá de la diversidad que presentan las provincias de la región, queda por fuera de los motores de crecimiento generales.

El economista del Centro de Economía y Finanzas de Mendoza (CEFI), Nicolás Aroma, expresó que esa mejora por zonas es novedosa en la historia y que en general la provincia no está inserta en las oleadas nacionales de suba de actividad que hoy posee límites territoriales claros. Sin embargo, por otra parte, que también las regiones y rubros con impulso han mermado su dinamismo, lo que tendrá un impacto en los números finales de crecimiento y en la posible recesión.

Qué pasó en Mendoza

En el segundo trimestre de 2026, las principales tasas del mercado laboral urbano del país se mantuvieron relativamente estables con respecto a igual periodo de 2025. Sin embargo, hubo un fuerte aumento de la informalidad laboral, lo que tiende a equilibrar la situación. “Las regiones mostraron comportamientos heterogéneos entre ellas: el mercado laboral urbano de la Región Centro se deteriora, el mercado de la Región Sur mejora y en la Región Andina se mantuvo prácticamente sin cambios”, detalló el informe de la Austral.

La región Andina incluye en este estudio las zonas “mineras” como Salta, Jujuy, Mendoza, San Juan y Catamarca. En el trabajo mencionado, Mendoza queda afuera del crecimiento ya que la estabilidad está “tironeada” mayormente por San Juan y Gran Salta, en donde hubo una mejora de la tasa de empleo. “Los otros tres aglomerados empeoraron “, precisó el trabajo.

Por otra parte, desde la austral marcaron un aumento de casi un punto de la subocupación que fue la más alta de las tres regiones con un 13,5% del total. Aroma expresó que los sectores y regiones dinámicos han comenzado a perder fuerza ya que, por un lado, no es posible crecer a tasas altas de manera constante y, por el otro, empiezan a verse afectados por la recesión.

Por otra parte, observó el economista, las inversiones físicas y financieras han bajado; incluso las que entraron por el RIGI que –pese a haber sido aprobadas- o están detenidas o ralentizaron su actividad. “La pregunta es si de acá a las elecciones de 2027 las empresas van a invertir o van a esperar”, expresó Aroma.

En una entrevista brindada recientemente a este diario, el economista Raúl Mercau recordó que Mendoza no posee por el momento ninguno de los principales motores de crecimiento. Se trata de la agroindustria pampeana, el petróleo de Vaca Muerta, la minería, la pesca y la energía en líneas generales.

La informalidad empobrece a la clase media

Esto último tiene impacto en la pobreza dado que la pérdida de terreno de empleo asalariado privado formal se reemplaza por el cuentapropismo. Los economistas Laura Caullo y Federico Belich del Ieral de la Fundación Mediterránea explicaron que cuando el mercado laboral se debilita, el efecto alcanza también a hogares que tradicionalmente se ubicaban por encima de la línea de pobreza.

En el último semestre, la caída del empleo asalariado formal (-1,6%) fue más que compensada “con creces” por el aumento del trabajo informal (+3,4%), detalló en el análisis de la Mediterránea. Agregaron: “Se crearon puestos, pero de menor calidad”. El informe sumó que pese a que los asalariados no registrados fueron los que más aumentaron sus ingresos en el período, tanto ellos como los cuentapropistas ganan menos que un asalariado registrado (47% y 26% menos, respectivamente).

Así, el deterioro no pasa solo por cuánto crecen las remuneraciones sino también por el tipo de empleo que las genera. La combinación de ambos factores ayuda a explicar por qué, aun con una inflación más baja, la pobreza volvió a aumentar. En este contexto, la clase media ha sido la más perjudicada ya que –de la mano de las transferencias estatales- los ingresos per cápita de los tres deciles más bajos crecieron entre 36,5% y 43,5%, por encima tanto de la CBT (31,3%) y de la CBA (35,9%).

En los sectores medios, en cambio, la situación fue distinta: entre los deciles 5 y 8, los ingresos aumentaron entre 27,4% y 30,5%, por debajo de ambas canastas. “Es el retrato de una clase media que depende más del ingreso laboral y menos de las transferencias”, comentaron Caullo y Belich. Los sectores de ingresos medios cuentan con menos herramientas para amortiguar el deterioro cuando esos ingresos pierden frente a ambas canastas. Hay que recordar que 8 de cada 10 pesos que ingresan a los hogares dependen del trabajo

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