Turismo Domingo, 27 de mayo de 2018 | Edición impresa

Volgogrado, la ciudad rusa de acero

Cuando Volgogrado era la Ciudad de Stalin fue sede de la batalla más sangrienta de toda la historia de la humanidad

Por Redacción LA

Cuando uno llega a Volgogrado es recibido por la estatua Madre Rusia, de ochenta y cinco metros de altura, que avanza hacia Europa, mira por sobre el hombro llamando a sus hijos al combate y levanta una espada de acero inoxidable de cuarenta metros de longitud. Con buen tino, la FIFA no programó partidos de Alemania allí.

Cuando Volgogrado era la Ciudad de Stalin fue sede de la batalla más sangrienta de toda la historia de la humanidad. Es por eso que cada parque, museo o estatua recuerda lo que no debe olvidarse. Stalin es una palabra compuesta y significa “hecho de acero”.

Recostada sobre el Volga durante más de sesenta kilómetros, no es una ciudad muy agraciada pero sí muy moderna, ya que tuvo que ser reconstruida en su totalidad. Es un polo portuario, petroquímico, automotriz e industrial muy importante, con mucha actividad comercial y de entretenimientos.

En la gastronomía se destacan las cervecerías de raíces checas o austríacas y los comedores de neto corte germano, una cocina que gusta a todos pero deja un saborcito amargo a los que conocemos la historia del lugar. No se la recomienda como destino turístico a personas que no busquen los restos de aquella Stalingrado y su legado.

Comparte con Samara el mismo río y la posibilidad de disfrutar de sus playas en verano, de sus pescados en la cena y de los cruceros por una de las vías navegables más extensa del mundo, pero poco más.

Todo el encanto de la nueva Volgogrado está en esa colina donde se combatió metro a metro y hoy se cubre de césped y flores a la sombra de la Mamáyev Kurgan. Bajo esa mujer de hormigón caben todo el horror y toda la esperanza del mundo.