Mundo Club House Lunes, 30 de julio de 2018

Una sublime residencia para arquitectos y artistas

En la edición 155 de ClubHouse, recorremos una casa en perfecta comunión con la naturaleza de su entorno.

Por Redacción CH

Por Arq. María Florencia Oña La Micela

La casa Can Lis ubicada en los acantilados de Palma de Mallorca, es una obra de Jorn Utzon, maestro danés de la arquitectura, donde el sol, la piedra y el mar celebran su unión.

La concepción de la forma es la comprensión de las fuerzas y de su naturaleza. Como podemos observar existe una cierta analogía entre la forma de las plantas que crecen en los diferentes climas y la manera de edificación en estos mismos ambientes naturales; debido a que algunas de las tensiones que inciden en estas formas, como la temperatura, corresponden de manera similar a las necesidades medioambientales humanas.

Por ejemplo, las plantas en regiones frías o áridas presentan secciones macizas y gran contenido en una superficie relativamente pequeña. Mientras que, en zonas templadas en cambio, se abren al contacto con su entorno estacional; en regiones húmedas y calurosas el crecimiento de la vegetación es libre tanto en forma como tamaño.

De manera similar, en las regiones de fuertes tensiones térmicas del verano, el cuadrado es la forma más apropiada de construcción y, con la incorporación de un vacío en dicha forma, se mejoran aún más las condiciones del amiente interior. En sitios donde la naturaleza es más amable, las formas construidas se comunican fluidamente con el ambiente natural.

Podemos ver esta introducción reflejada en la casa Can Lis de Jorn Utzon, el arquitecto danés, creador de la Ópera de Sidney, quien la construyó en Mallorca en 1971, pensada como una residencia de verano para arquitectos y artistas.

Ubicada en la cima de un acantilado en la costa sur de la isla, la obra es un elogio a la unión de la luz, el mar y la piedra local que se funde con el paisaje. Orientada al mar con pequeños grados de variación, el diseño resultante es un todo, en el cual predominan las vistas y el uso de la luz.

Mallorca posee una luz definida y muy brillante, su clima es típicamente mediterráneo, con temperaturas medias templadas y lluvias de estación, el verano es seco y de un calor abrazador. Por tanto, las formas de los pabellones de la residencia, dispuestas para lograr las mejores visuales y orientaciones no son casuales; por lo que la incorporación de logias y, a través de los espacios intermedios, se logra que la residencia este suficientemente protegida de la radiación. Y, como contra cara, la luz tiene un protagonismo esencial atrapada en los espacios, en cada nicho oblicuo y en las perforaciones profundas, dejando el interior en penumbra, donde el tiempo se detiene.

En las regiones de fuertes tensiones térmicas del verano, el cuadrado es la forma más apropiada de construcción y, con la incorporación de un vacío en dicha forma, se mejoran aún más las condiciones del ambiente interior.

De una forma muy poética el arquitecto decía que “si ves florecer un cerezo, o un grupo de flores en un árbol, observarás que cada flor tiene una posición distinta según el sol y su flor vecina. Cada flor es diferente por su posición, pero todas pertenecen a la misma familia”. Esto mismo se percibe en Can Liz, donde cada pieza y cada unidad se adaptan a la topografía buscando la orientación correcta hacia el mar y la luz. Es un ejemplo claro donde la arquitectura consigue pertenecer al lugar, como si siempre hubiese estado allí.

A pesar de su pequeña escala este proyecto logra atemporalidad y adquiere un carácter sagrado y monumental. está vinculado por una serie de escaleras y recorridos fijos y móviles. Los niveles son estratificados a manera de muebles que permiten la versatilidad de la estructura para realizar múltiples actividades. Las instalaciones se incorporan a la estructura metálica y las aberturas se disponen estratégicamente permitiendo maximizar el flujo de aire.

El mismo arquitecto Sou Fujimoto comenta que “el punto intrigante de un árbol es que sus lugares no están aislados herméticamente, se conectan uno a otro en una única relatividad. Escuchar la voz de otra persona desde otro lado y desde arriba, es de los momentos ricos que se producen a través de una densa espacialidad de vida”. En busca de exaltar el aspecto emocional de un hogar, el arquitecto Kazuo Shinohara, centra su desarrollo y cono - cimiento en la conciliación de dos elementos esenciales: la ciudad y la casa, ambos son clave en su arquitectura que además es un hecho artístico.

De la misma manera, Sou Fujimoto nos habla de la vivienda como uno de los temas más fascinantes a la hora de proyectar. “Crear un lugar para que otros lo hagan hogar. Como arquitectos nos vemos en la situación de decidir y saber percibir como diagramar el mejor lugar para desarrollar la vida, los sueños, los logros y las alegrías. La arquitectura como expresión artística es capaz de crear música y hacer felices a los hombres que la habiten”.

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