Policiales Martes, 16 de abril de 2019 | Edición impresa

Un robo sería el móvil del crimen del médico de Las Heras

León Burela, jubilado de la Penitenciaría fue ultimado, a media mañana, en su casa del barrio Kolton. Por el hecho aún no hay detenidos.

Por Oscar Guillén - oguillen@losandes.com.ar

Un médico jubilado de la Penitenciaría fue asesinado en su casa del barrio Kolton de las Heras. Los vecinos escucharon tres detonaciones y luego la policía encontró, sin vida, en el sillón del living a  León Domingo Burela (64), con un disparo en el cuello. Los investigadores no descartan que el profesional de la salud fuera asesinado durante un robo domiciliario.

El crimen se conoció cerca de las 10.30 cuando los vecinos de la manzana D del barrio Kolton de Las Heras escucharon tres detonaciones de arma de fuego que rompieron la tranquilidad de la soleada mañana.

Minutos más tarde un vecino llamó al 911 para denunciar el hecho y advertir que habían visto salir a una desconocido de la vivienda de Burela, un médico jubilado del Servicio Penitenciario de Mendoza.  

 

Con este panorama se inició un operativo policial en la zona: los primeros efectivos en llegar ingresaron a la casa que estaba abierta y encontraron al galeno sentado en un sillón, sin vida y con dos heridas de bala en el cuello que le produjo la muerte.

A simple vista pudieron detectar que la vivienda estaba desordenada por lo que la primera y más firme hipótesis es que al hombre lo mataron durante un robo.

Los investigadores creen que el Burela fue sorprendido por una delincuente cuando estaba limpiando la vereda o bien cuando ingresaba a la casa, después de limpiarla.

El sujeto habría obligado al dueño de casa a entrar por el garaje donde estaba estacionado un Toyota Etios rojo y luego a ingresar por una puerta al living, donde se produjeron los disparos.  

 

Tres detonaciones

Mientras personal de Investigaciones entrevistaba a los vecinos para recolectar pruebas, llegó al lugar la fiscal de Homicidios Claudia Ríos y el jefe de Investigaciones, el comisario José Vega, para interiorizarse de la situación. 

“No sabemos mucho. Escuchamos tres disparos y nada más”, contó un vecino.  

Minutos más tarde llegó la esposa de Burela, vestida con ropa deportiva: alguien la había ido a buscar al gimnasio. La mujer fue llevada a su casa y luego acompañada por personal  Centro de Atención a Víctimas de Delitos hasta la vivienda de una vecina para finalmente ser trasladada a una comisaría de la zona para tomarle declaración.  

 

Burela vivía con su mujer y dos hijos que en ese momento no estaban en la vivienda. Al momento del homicidio, se estaba recuperando de una operación.

Personal de la policía Científica trabajó en la escena de crimen periciando el cuerpo y el living de la vivienda, donde fue encontrado el cadáver, buscando huellas dactilares que pueden llevar al autor de crimen. Los uniformados encontraron la casa desordenada. Burela tenía en su casa dos armas de fuego que no fueron encontradas en la escena del crimen. 

 

“Era un obsesivo  de la seguridad”

Según contó luego la cuñada del médico asesinado, la esposa salió de la casa “sin la llave porque era un obsesivo de la seguridad y se encargaba de abrir y cerrar las puertas, la de la casa y la del portón de rejas.”

Luego agregó: “pero esta vez no”, haciendo referencia a que las puertas estaba abiertas cuando ingresó el presunto ladrón o bien la víctima lo conocía y le abrió las puertas.

La testigo explicó que había rastros “de perdigones” en la puerta y en la ventana pero en realidad se trataría de los dos disparos que no impactaron en el cuerpo del galeno.  

Fuentes consultadas por Los Andes creen que no se trató de un hecho de inseguridad ni tampoco un crimen “tumbero” sino “una ejecución realizada por profesionales” porque “le dieron un disparo directo en la aorta y otro en la axila y faltan en la casa dos armas: una 9 mm y un 22”.