Vecinos Martes, 26 de junio de 2018 | Edición impresa

Un hogar para contener a adictos en San Rafael

Gracias a la labor solidaria de varias personas, funciona desde hace tres años la casa terapéutica Ceferino Namuncurá.

Por Gonzalo Villatoro - gvillatoro@losandes.com.ar

Una esposa cansada que ya no encuentra salida para un marido que consume cocaína hace 15 años. Padres preocupados y que han perdido casi todo para tapar las deudas de un hijo que no solo consume sino que es parte de la red de venta de drogas. Un adolescente que hoy tiene 14 años pero que cayó en el uso de estupefacientes a los 10 años. 

Son algunas de las historias que están presentes en la casa terapéutica Ceferino Namuncurá en San Rafael.

Vale señalar que hoy se celebra el “Día Internacional de la Lucha contra el Uso Indebido y el Tráfico Ilícito de Drogas”. 

“Lamentablemente la demanda está porque la droga está, se consume principalmente marihuana y cocaína, solo había que hacer algo para tratar de rescatarlos. Algunos quedan en el camino, recaen, pero tratamos de ayudar a cuantos se pueda”, fue el comentario que entrelazó el padre Ramón Saso, fundador del centro de rehabilitación, con la psicóloga Judith Bonino, una de las voluntarias que lo acompaña.

El Grupo de Trabajo en Prevención de Adicciones (GTPA) comenzó a tomar forma en 2015. El sacerdote decidió abocarse de lleno a esa misión ya que no había nada similar en toda la diócesis del sur mendocino, se perfeccionó en Buenos Aires, después sumó las voluntades de Bonino y su esposo, Jorge Vergara, que son  psicólogos, y arrancaron con charlas para padres con hijos con problemas un día a la semana. 

Entre las tareas también salieron a los barrios como El Molino hasta que un día “un tío se enteró del trabajo que queríamos hacer y nos hizo un préstamo sin tiempo. Una pequeña finca con una casa que estaba abandonada por 10 años”, dijo la psicóloga.

La casa estaba en ruinas por el paso del tiempo y lo poco que tenía lo robaron. "Se llevaron hasta las puertas o las cosas del baño”, contó el padre Ramón. Igualmente la propiedad fue el punto de partida para diseñar un futuro centro de día con las puertas abiertas de lunes a viernes, ocho horas diarias.

Por el momento están tres veces a la semana y aprovechan también las tareas de refacción de toda la propiedad como parte del tratamiento para atender problemáticas de las más diversas que tienen un mismo origen, la drogadicción. “Hay familias destruidas a causa de la droga, padres que son amenazados por querer ayudar a sus hijos a salir, un padre que perdió todo y aprovecha cuando viene al centro para estar junto a su hijo, porque hace que lo acompañe y le hace muy bien, como otros tantos casos que se tratan. Hay gente de 50 años como adolescentes y jóvenes”, comentó el sacerdote.

“La adicción por lo general es causa de una patología anterior (problema familiar, duelo, los amigos entre otras tantas) y la droga se suele utilizar para evadir la realidad. Pero además está el pensamiento de que consumo por pura curiosidad y después se puede salir con facilidad o dejarla en cualquier momento y no es así. Por eso uno de los primeros pasos es que asuman la enfermedad”, explicó la psicóloga.

Para Bonino, una de las patas fundamentales dentro del proceso de prevención y luego en la recuperación es la participación de los padres o la familia. 

“Muchas veces es un amigo, hermano o un pariente el que trae a la persona porque los padres son los últimos en enterarse o no quieren aceptarlo y lamentablemente en este tiempo los padres deben conocer sobre el tema droga como de matemáticas”, remarcó la psicóloga.

El centro de rehabilitación no tiene financiamiento de ningún tipo más allá de la colaboración de la gente y así como la casa, lo poco con lo que cuentan es fruto de donaciones. Mesa, sillas, utensilios de cocina o mobiliario.

También es donado el tiempo de la gente que asiste al padre Ramón Saso. Desde los profesionales hasta la cocinera, son voluntarios que el único fin que persiguen es el de ayudar a un ser humano con problemas.

María Sol es una malargüina que está en San Rafael por cuestiones de estudio, cursa gastronomía. La joven de 22 años conoció el trabajo con los adictos y se plegó a la iniciativa. Entre las tareas que más le apasionan es cocinar para todos y de paso pone en práctica algunos de los conocimientos que adquiere en la carrera.

“Es algo muy importante lo que se hace, por eso me las arreglo para venir como voluntaria y estudiar, además trabajo para pagar mis estudios”, comentó la joven estudiante.

Cuando ingresaron a la propiedad que les donaron en calle Daudet, abrieron las puertas de la casa que por una década permaneció bajo llave y encontraron que lo único que no se habían robado era un cuadro de Ceferino Namuncurá colgado en una habitación y con eso todo estaba dicho y el camino marcado, el beato argentino “es el patrono de quienes trabajan en las adicciones”, acotó el padre Saso.