Opinión Sábado, 11 de agosto de 2018 | Edición impresa

Un fígaro y una celestina - Por María del Rosario Ramallo

La dama ideal para Don Quijote fue Dulcinea del Toboso. hoy coloquialmente “Dulcinea” sirve para nombrar a la mujer amada.

Por María del Rosario Ramallo - Profesora y Licenciada en Letras

En una columna anterior, me referí a Fígaro, personaje de la ópera "El barbero de Sevilla"; ese nombre propio, Fígaro, se puede encontrar hoy como sustantivo común, con el significado de "barbero de oficio". El de 'fígaro' no constituye un caso aislado; son numerosos los sustantivos comunes que han derivado de antropónimos, esto es, de nombres propios que, en la historia de la cultura, se han destacado por algún tipo de conducta o de rasgo característico. Los encontramos con minúscula inicial. Daremos algunos ejemplos: "Has sido un excelente anfitrión". El sustantivo 'anfitrión', cuyo femenino es 'anfitriona', queda definido como "persona o entidad que recibe en su país o en su sede habitual a invitados o visitantes": "Rusia fue el anfitrión en el último Mundial". Cabe también la posibilidad de aplicar el término a una persona que tiene invitados a su casa o a su mesa, como en el ejemplo que usamos al presentar el término. El antropónimo Anfitrión designaba a un rey de Tebas, espléndido en sus banquetes. 

Si de un joven se afirma que es un 'adonis', se lo está catalogando como de gran hermosura, en referencia a Adonis, personaje de la mitología griega, célebre por su belleza, que enamoró, entre otras, a Afrodita, diosa del amor.

¿Y en qué ocasión se llama 'creso' a un hombre? ¿Y 'barrabás, 'job' y 'judas'? Tras estos sustantivos considerados comunes, hay una historia que justifica que hoy se los considere prototipos de algún tipo de caracteres, ya positivos, ya negativos. Si a un hombre se lo llama 'creso', se alude a su gran riqueza, en recuerdo de Creso, último rey de Lidia, en el siglo VI antes de Cristo; este rey llevó a su reino a un estado de esplendor y fue un hombre de intenso poderío económico.

'Barrabás', por su parte, fue aquel hombre indultado en lugar de Jesús, según la tradición del Nuevo Testamento; hoy, llamar a alguien 'barrabás' significa designar a una persona mala, díscola. También tiene una connotación negativa el sustantivo común 'judas', que recuerda a Judas Iscariote, por su traición a Jesús; así, este sustantivo designa al hombre alevoso y traidor. Y la expresión 'beso de Judas' hace alusión a la manifestación de afecto que esconde una traición. 

La persona que posee una gran paciencia es nombrada como 'job', sustantivo común que recuerda al personaje bíblico famoso por haber sido capaz de superar, resignada y pacientemente, todo tipo de calamidades.

También hay sustantivos comunes de género femenino que evocan a mujeres famosas por alguna característica positiva o negativa: una 'celestina', nombre tomado del personaje de la Tragedia de Calisto y Melibea, designa hoy a una mujer que concierta una relación amorosa, pero también, de forma irónica, a la persona que facilita o promueve, de modo encubierto, contactos con fines políticos, comerciales o de otro tipo. 

Cuando escuchamos que se dice de alguien que "llora como una magdalena", estamos aludiendo, a través de este sustantivo hoy común, a la figura bíblica de María Magdalena; se quiere decir "mujer penitente o visiblemente arrepentida de sus pecados"; por ello, la frase aludida significa "llorar desconsoladamente". Pero, en el ámbito de la gastronomía, una 'magdalena' o madeleine es una confitura, pequeña, presentada en molde de papel rizado. Su nombre también se origina en un antropónimo, el de Madeleine Paulmier, cocinera francesa a quien se le atribuye la invención de estos bollos.

¿Cuál es la diferencia entre una 'mesalina' y una 'venus', usados los dos nombres como sustantivos comunes? En el primer caso, se alude a una mujer aristocrática de costumbres disolutas, cuyo nombre proviene de Mesalina, esposa del emperador romano Claudio; en el segundo caso, se denominará 'venus' a una mujer de gran belleza, en alusión a la diosa romana Venus, que representaba al amor.

La dama ideal para Don Quijote fue Dulcinea del Toboso: hoy, coloquialmente, 'dulcinea' sirve para nombrar a la mujer amada, aunque también puede aludir a una aspiración fantástica.

Podemos enumerar otros sustantivos comunes provenientes de antropónimos, cuyo valor desconoce la mayoría de los hablantes de las generaciones más jóvenes: "Es un donjuán" o "Es un tenorio", sustantivos ambos provenientes del personaje literario Don Juan Tenorio.  Destacamos, en el caso de 'donjuán', la escritura, en un solo vocablo, de la forma de tratamiento 'don' y del nombre 'Juan', lo que origina una palabra aguda tildada.

"Lo guiaba un perro lazarillo": el sustantivo en aposición 'lazarillo', equivalente a "guía de un ciego", proviene del personaje literario Lazarillo de Tormes. 'Lazarillo' es el diminutivo de 'Lázaro'. Hoy, como sustantivo común, es presentado en el diccionario académico como "muchacho que guía o dirige a un ciego", pero también como "persona o animal que guía o acompaña a otra necesitada de ayuda". 

"Es noble, un verdadero quijote en esta época de materialismo extremo": aquí, el sustantivo común 'quijote' deriva del antropónimo 'Quijote', protagonista de la famosa novela cervantina. Su significado puede ser, si se alude a su carácter, "hombre que, como el héroe cervantino, antepone sus ideales a su conveniencia y obra de forma desinteresada y comprometida en defensa de causas que considera justas"; pero también, si se toma en consideración únicamente lo físico, puede significar "hombre alto, flaco y grave, cuyo aspecto y carácter hacen recordar a aquel personaje novelesco". 

Para llevar a cabo un hecho de carácter cultural, hace falta, en general, el apoyo económico de un 'patrocinador' o, usando un préstamo adaptado, 'espónsor'. Menos frecuente es el uso del sustantivo común 'mecenas', masculino y femenino, derivado del antropónimo 'Mecenas', personaje que vivió en el siglo I antes de Cristo y que, como consejero del emperador romano Augusto, fue protector de las letras y de los literatos. No en vano, es en esta época cuando se ubica el Siglo de Oro de la literatura latina; hoy, el sustantivo común designa a aquella persona que patrocina las letras y las artes.