Sociedad Vecinos Sábado, 12 de mayo de 2018 | Edición impresa

Troceros de Luján: entre la limpieza de las calles y la buena onda con los vecinos

Contratados por el municipio, mujeres y hombres asean y embellecen las calles del departamento.

Por Ignacio de la Rosa - idelarosa@losandes.com.ar

La figura del trocero es histórica en Luján de Cuyo, y los vecinos que peinan algunas canas (quienes aún tienen qué peinar) recordarán incluso que ya eran una postal clásica de las calles lujaninas de hace más de 50 años.

Su función principal es la de barrer, limpiar acequias, volver a barrer y volver a limpiar acequias; cuantas veces sea necesario todos los días de 7 a 12. 

Pero también tienen otro rol, casi tan fundamental como el ya mencionado: son el nexo entre los vecinos y la Municipalidad; la cara visible de la comuna en el día a día de los barrios lujaninos.

También  los responsables de que prácticamente el vandalismo brille por su ausencia en la zona metropolitana de ese departamento.

Entre estos héroes anónimos se encuentra Ceferino Gutiérrez (36) quien, de lunes a viernes -entre las 7 y las 12- se encarga del mantenimiento en los barrios Huentota y Huentota II. No sólo de que se vean bien sino que también lo estén. 

"Con los vecinos se logra entablar una relación cercana, de mucha confianza. Incluso algunos me han llegado a prestar sus casas cuando he necesitado hacer algo, y me han regalado muebles y ropas. Es un trabajo muy lindo, y uno se pone contento cuando el vecino o el encargado lo felicita", resumió quien lleva casi dos años en su función.

Orgulloso

Junto a Ceferino viven su esposa y sus 4 hijos (2 varones y 2 mujeres). Y, pase lo que pase, todos los días hábiles el hombre está con su escoba, su pala y su carrito en los dos barrios Huentota.

"Las actividades más comunes son barrer y limpiar cunetas. Y gracias al contacto del día a día, se genera confianza con los vecinos. La limpieza es algo que requiere exigencia, pero para mí es un orgullo y me da felicidad", destacó.

"Cuando empecé, la zona no estaba muy limpia. Pero ahora la veo y siento que queda impecable, y eso me pone contento", agregó con un tímido orgullo.

Son personas que también están en el plan “Construyendo futuro” y se los capacita en la Oficina de Empleo.

En total, Luján tiene cerca de 150 troceros y cuentan con seguro, además de un sueldo de 6.000 pesos mensuales. Según destacaron desde la comuna, se trata de un trabajo de tránsito y con un plazo mínimo.

"Detectamos a mucha gente en situación laboral inestable y se trata de un plan que tiene contraprestaciones. Son personas que también están en el plan 'Construyendo un futuro', y se los capacita en la Oficina de Empleo. Después, por medio de convenios con empresas, se va postulando a personas para distintos puestos laborales para que puedan reinsertarse en el mercado laboral", resumió el ex secretario de Gobierno lujanino, Sebastián Bragagnolo.

"El trocero es un actor clave, termina siendo la cara del Estado en la cuadra y para los vecinos. A raíz de que los mismos vecinos empiezan a conocerlos, los lujaninos terminan colaborando con el tema de seguridad y cuidado. En la medida en que el Estado está presente, el vecino también hace su aporte para cuidar. El vandalismo lleva a más vandalismo", destacó el funcionario.

Pero Ceferino no está solo porque -como lo indica su nombre-, la ciudad de Luján se divide en "trozos" y cada trabajador tiene el suyo asignado. Por ejemplo, Vanina Giménez (42) trabaja como trocera hace un año y 5 meses, y tiene a su cargo unas 4 cuadras a la redonda en las inmediaciones del Polideportivo municipal (se suman además las 5 que tiene su compañera y que, a diario, recorren y limpian en conjunto).

"Todos los días a las 7 ya estamos en el Polideportivo, y de ahí salimos a la calle. Con mi compañera (Romina Rodríguez) hemos unificado las zonas y trabajamos en conjunto, ayudándonos. Hacemos trabajos de mantenimiento y limpieza que van desde el cordón hacia la calle, incluyendo puentes, acequias -desde afuera- y la calle. Seguimos así, sin parar hasta las 12. La verdad es que se ve precioso cuando uno mira para atrás y ve cómo van quedando los lugares por donde uno pasó", sintetizó, también con humildad.

"Los que trabajamos por la zona nos juntamos antes de las 7 en el Polideportivo y salimos. Pero hay gente que se junta en la Municipalidad, otros en el Museo, y así sucesivamente. Quizás al principio, cuando una recién empezó, había un poco de desconfianza por parte de la gente. Y se entiende, porque parece que los vecinos no estaban conformes con la persona que estaba antes que yo. Pero ahora hay mucha confianza y una buena relación", resumió Vanina, quien vive junto a sus hijas de 15 y 3 años.

"Salen a saludarnos, nos regalan galletas y nos convidan jugo o café -sobre todo la gente mayor-. Por lo general están conformes y agradecidos, y esas muestras de cariño y reconocimiento son muy gratificantes y me hacen sentir muy bien", siguió la mujer.

Incluso, hasta contó cómo los lujaninos se han puesto a disposición de lo que necesite. "Siempre me siento acompañada. Ya me han dicho que si alguna vez tengo algún problema o veo que se pone peligrosa alguna situación, les avise y ellos están para ayudar. Es un trabajo que hacemos en conjunto, y la gente está siempre -ya sea para agradecer o para pedir algo-. Somos los que ponemos la cara y es un orgullo", cerró Vanina.