Opinión Lunes, 17 de septiembre de 2018

Trascender: opinión sobre la separación de Piñeyrúa de la Ediunc - Por Juan López

La mirada del escritor Juan López sobre el abrupto fin de la gestión de Pilar Piñeyrúa en la Ediunc.

Por Por Juan López, editor y corrector en Ediunc, donde además dirige la colección Literaturas

Lo primero que quiero decir es que las palabras que siguen son a título personal. Nadie más que mi almohada y mi compañera de vida han sido consultadas antes de hacer público este texto. Si uso la primera persona del plural, es justamente porque las estoy incluyendo a ellas: a mi almohada y a mi compañera. Todo este prolegómeno medroso porque, precisamente, temo que después de estas palabras corro el riesgo de perder mi trabajo en la editorial, o más que perderlo, que me lo quiten también a mí, injustamente. Comenzamos entonces.

Por estos días, en la Ediunc estamos de luto. No, no se preocupen, no murió nadie. Sí murió una editorial. La editorial que René Gotthelf fundó y dirigió durante décadas, junto con muchas personas que trabajaron y publicaron libros muy importantes, que aún hoy piden reedición. La editorial que con Pilar Piñeyrúa tomó nuevos rumbos, y estoy seguro de que pudo hacerlo porque tuvo bases sólidas, como ya dije: la prestigiosa y muy bien posicionada Ediunc, que fue edificada por un gran equipo editorial, por docentes y funcionarios universitarios responsables y con René Gotthelf a la cabeza.

Hoy Pilar no está en la editorial. En su lugar, la nueva directora es una doctora en lingüística que trae muy buenas intenciones y, además, trae mejoras y confianza, es decir, todo eso que se le negó sistemáticamente a la editorial en los últimos cuatro años. Sepa usted, nuestra nueva autoridad, que no tenemos nada en su contra: nos consta que no tuvo nada que ver con el injusto despido de Pilar. Y como lo que nos apasiona es hacer libros, pues le vamos a poner todas las pilas a la nueva gestión –es decir, las que venimos poniendo hace muchos años– y vamos a tratar de sacarle el jugo lo máximo posible. Ojalá sepan aprovecharnos: somos aceptablemente buenos haciendo libros, aunque sin Pilar no tanto. 

Pilar no está. Quienes la echaron de la peor manera carecen de nuestro respeto. Uso el plural porque los responsables de esta situación son varios, no es uno solo. Nunca habla ni actúa ni hace ni calla una sola persona, una sola voz (como ahora, que estamos hablando, mínimo, mi almohada, mi compañera y yo). Sé que con estas afirmaciones no le estoy faltando el respeto a nadie. Al contrario, lo estoy respetando más que nunca, porque como nos inculcó Roberto Arlt, no hay mayor bien que la sinceridad. Además, algo obvio, si se está en un cargo público, no se espere que solamente se den a conocer las buenas noticias, y las malas se oculten o se escondan bajo la alfombra. Por otra parte, es bastante evidente que estoy ejerciendo mi derecho a opinar y mi juicio crítico, algo que aprendí no solamente en mi familia y en la calle, sino también en la escuela y en la universidad.

Quienes quedamos en la editorial y conformamos su equipo original no nos vamos con Pilar porque, como ella, tenemos bocas que alimentar –principalmente, la propia– y porque un soldado no abandona la trinchera porque caiga el capitán. (De todos modos, repito: esto que estoy diciendo es a título personal). Bueno, sí, a veces hay soldados que abandonan. No será nuestro caso. La historia continúa. Ojalá no haya más despidos. De todos modos, atenti, si intentan echar más personas de la Ediunc, sepan que al menos yo voy a oponerme y a reclamar, no porque sea belicoso por naturaleza o por deporte, simplemente porque hay leyes que nos amparan, basadas en nuestros derechos como trabajadores. Pero claro, han cortado el hilo por lo más grueso: si se pretende echar a la persona más capacitada del equipo, qué queda para nosotros, que venimos muy atrás y estamos a años luz profesionalmente de Pilar.

Pilar no está, pero no perdemos la esperanza de que regrese. No es ni fue perfecta, porque fue y sigue siendo humana. Anoten, pues, de una vez, autoridades universitarias de turno, esta palabra que vienen desusando o parecen haber olvidado temporariamente: humanidad. 

Antes de finalizar, una reflexión más: con esto que estoy escribiendo no estoy «quemando naves» ni sumándome a una conspiración contra el rector y su equipo. Estoy actuando de acuerdo con mis convicciones (estamos, con mi almohada y mi compañera), porque entiendo que separar a Pilar Piñeyrúa de la dirección de la Ediunc es una medida absolutamente arbitraria. Y también entiendo que hay tiempo para que las autoridades de la universidad reflexionen, reconozcan la injusticia que están cometiendo y vuelvan sobre sus pasos. Esto, más allá de que todo parece indicar que se han violado los procedimientos y las resoluciones universitarias. Discúlpenme, es que sigo teniendo esperanza. Y espero, entonces y también, recuperar el respeto que he perdido por estos días por las autoridades universitarias.

Pilar no está. Cuando estoy en la editorial, tengo que pasar, inevitablemente, varias veces por la puerta de la que fue su oficina. Y cada vez que paso la veo, la imagino, la necesito. Entablo conversaciones imaginarias con ella, le pregunto y me responde y me soluciona la duda que vengo arrastrando sobre tal o cual asunto de edición. 

Pilar –quiero creer que por ahora– no está, pero ha sido tan decisiva su tarea en la Ediunc en los últimos ocho años, que los que quedamos ya sabemos lo que tenemos que hacer. Eso, me parece, es lo que se llama trascender.

* Juan López es editor y corrector en Ediunc, donde además dirige la colección Literaturas.