Opinión Domingo, 7 de octubre de 2018 | Edición impresa

Tirar la manga (al FMI) - Por Jorge Sosa

Los del Fondo, que en el fondo (muy en el fondo) son buena gente, nos dieron lo que pedimos, pero con sus condiciones.

Por Jorge Sosa - Especial para Los Andes

Hay varias expresiones que tienen que ver con la acción de pedir dinero. Una de las más comunes es “pechazo”. Los sabedores dicen que es un pedido de plata que alguien hace sin intención de devolverlo, pero aunque lo devuelva es un pechazo igual. También la expresión “sablazo” tiene que ver con el tema y más aún la expresión “mangazo” o “tirar la manga”. El tipo no tiene un mango ni para pagarse el respirar y recurre a otro que sabe que tiene y entonces se produce la cesión de guita... a veces. 

Es lo que nosotros hemos hecho con el Fondo Monetario Internacional: le hicimos un pechazo y para eso está el Fondo, para que le pidan, y por supuesto para imponer sus condiciones. 

Porque si uno le va a pedir, digamos cien mil pesos a alguien, es lógico que el tipo quiera saber para qué queremos el dinero, para qué lo vamos a usar. Y tiene que ser una ocupación fructífera, porque si uno contesta que quiere el dinero para timbearlo, es muy probable que la tirada de manga caiga en saco roto. 

Así surgieron los prestamistas en el mundo, seres viles a los que les interesa prestar dinero para ganar mucho más dinero del que prestan, y exigen garantías que muchas veces valen un toco más de lo pedido y entonces aparece la segunda intención: quedarse con lo hipotecado. Sacan ganancias fabulosas con el sistema. Son los carroñeros, seres viles que viven a costilla de las dificultades de los demás y que tienen el corazón plastificado. 

Es, precisamente, un pechazo o una tirada de manga lo que nosotros hemos hecho con el Fondo y la gente del Fondo, que en el fondo (muy en el fondo) son buena gente, nos dieron satisfacciones al pedido, es más nos prestaron más de lo que pretendíamos. Pero como lo dijimos, lo hacen imponiendo condiciones. 

Hay asuntos importantes en la situación de un país, vamos a nombrar a la Educación, a la Salud y a la Seguridad, todas con mayúsculas porque son mayúsculas sus implicancias. Pero todas ellas dependen de un buen manejo económico del país en cuestión. Deben, los gobiernos, hacer las cosas bien como para que les cierren las cuentas. Muchos, en realidad, en vez de cerrarlas las abren y el buraco es tan grande que por él se escapa todo lo recaudado y aún mucho más. 

Cuando un país recurre al Fondo es porque no puede solucionar el problema por sí solo, necesita quién solucione su déficit de gestión. Solo no puede. 

El Fondo entonces aparece como salvador, pero ¿es salvador? La economía es la que sustenta todos aquellos rubros que escribí con mayúscula y al pedir, el resultado es que el Fondo se mete con nuestra seconomía y pide que se gobierne de tal manera. 

Entonces es como si tuviésemos dos gobiernos: uno el elegido por el pueblo, que no pudo cumplir con sus promesas, y otro el Fondo Monetario Internacional, que exige que se cumplan sus directivas en torno al país tirador de manga. 

¿Quién gobierna de los dos? Y... generalmente manda el que prestó no el que pidió prestado, y entonces se nos crea una disyuntiva a todos los argentinos: Macri, que es nuestro presidente, o Lagarde, que es nuestra prestamista. 

Votamos, cuando votamos, un plan económico que hablaba de reducir la pobreza (se aventuraba “pobreza cero”, disminuir la desocupación y procurar el bienestar general, como dice la Constitución), sin embargo ahora tenemos otro plan, que no votamos y que no depende de nosotros. 

Al final la acción de tirar la manga puede quedarse sin la manga y sin el saco también.