Sociedad Lunes, 15 de abril de 2019 | Edición impresa

Remedios de Escalada, la compañera de San Martín

La joven dama pertenecía a las familias más ricas de la época y abandonó los lujos para vivir junto al Gran Capitán en la provincia.

Por Luciana Sabina - Especial para Los Andes

La historia remite permanentemente a hombres que tuvieron la audacia de trazar rumbos, dejando jirones de existencia. Sin embargo a la par hubo mujeres, destacables compañeras de hazañas. Este fue el caso de Remedios de Escalada, esposa del Libertador.  

En agosto de 1814, tras mucha insistencia, San Martín logró ser designado gobernador de Cuyo. El romance con Mendoza fue instantáneo y comenzó a trabajar en pos del legendario cruce. Su esposa lo acompañó poco después.

 

La joven dama pertenecía a una de las familias más ricas del país. Acostumbrada al lujo, vivió hasta entonces en la mansión familiar emplazada sobre la esquina oeste de las actuales Juan Domingo Perón y San Martín, de la ciudad de Buenos Aires. Según los hermanos británicos Robertson, amigos de su padre, era “una de las viviendas más suntuosas de Buenos Aires de principios del S. XIX. Famoso fue el salón de Escalada, en la mansión que alzaba sus encalados muros (… ) las paredes estaban tapizadas en damasco de seda, lujo desconocido por aquel entonces (...) en las amplias ventanas, colgaban pesados cortinados y el piso cubierto de gruesas alfombras importadas de Europa. Sobre las paredes, vistosos espejos venecianos y severas pinturas procedentes del Alto Perú y Quito, y el ambiente, solemne y señorial, se veía impregnado por el perfume de los pebeteros”.  

San Martín la conoció gracias a Carlos de Alvear, que vinculó al Gran Capitán con la alta sociedad porteña, para quienes era un completo desconocido. Remeditos, como la llamaba don José Francisco, tenía catorce años y una naturaleza frágil que contrastaba con el brío de sus grandes ojos adolescentes. Bella, perfumada y adornada con las más finas vestiduras, la princesa pálida “se enamoró de San Martín —nos dice Florencia Lanús, pariente de los Escalada—, y como no hubo medio de sacárselo de la cabeza ni del corazón, ni consiguieron romper el compromiso, sus padres concluyeron por consentir el casamiento”.  

 

Trasladados a Mendoza vivieron sencillamente. Remedios se adaptó a su nueva vida entre paredes provincianas y colaboró con la empresa sanmartiniana: “Dio convites y bailes se interesó por los pobres; atrajo la simpatía de todos (…) San Martín y su joven esposa, llegaban juntos, al caer la tarde, a un merendero de la Alameda, para tomar café (… ). Frecuentaban los dos, familiarmente, el trato de todos los vecinos, aún de los huasos y de los esclavos”, señala Ricardo Rojas.  

Fueron aquellos los mejores años, sin embargo una vez liberado Chile, don Jose vivió su etapa más crítica sin apoyo para seguir hacia el Perú. En este momento decidió separarse de su esposa, enviándola junto a Merceditas -nacida en 1816- hacia Buenos Aires. Aunque el matrimonio comenzó aparentemente bien, Remedios fue muy desdichada. Casi nunca se veían y la relación terminó dañándose. La tuberculosis de Escalada estaba tan avanzada que su marido la hizo acompañar por un ataúd en caso de que falleciera en el camino.  

 

Debido a la peligrosidad del trayecto, Remedios solicitó auxilio a Manuel Belgrano, a cargo del ejército del Norte. El general accedió de buena gana enviando a dos oficiales. Así fue escoltada primero por Gregorio Aráoz de Lamadrid y luego por José María Paz. Ambos hacen referencia al episodio en sus memorias. “El general San Martín -expresa Paz, que estaba en Mendoza, había dispuesto por razones domésticas, que no es del caso explanar, que su señora marchase a Buenos Aires, a pesar del mal estado del camino (...) Mucho dio que pensar el viaje repentino de esta señora en circunstancias tan críticas y por un camino erizado de peligros: al considerar la confianza con que el general San Martín la exponía a caer en manos de las feroces montoneras, llegaron algunos a sospechar que estuviese secretamente de acuerdo con los jefes disidentes, y que hubiese obtenido seguridades correspondientes (…) estoy persuadido de que na
da de eso hubo, y que el viaje de su esposa nada tuvo en común con la política”.  

Sobre los motivos que movieron al prócer solo hay especulaciones y consecuentemente el nombre de la joven fue maltratado entonces como lo es hoy.  

Lo cierto es que la joven dejó todo por seguir a su marido, confiando en un forastero sin fortuna, ni estatus, sin saber que haría historia. Renunciando además a una vida de lujos y confort. Lamentablemente, el 3 de agosto de 1823 la tuberculosis venció a Remedios con solo 24 años.