Opinión Martes, 12 de junio de 2018 | Edición impresa

Relájese y déjese informar - Por Ignacio Zavala Tello

Muchos lectores convierten sus reclamos en ataques, muchas veces desde el desconocimiento de la tarea de los periodistas.

Por Ignacio Zavala Tello - izavala@losandes. com.ar

La exposición que conllevan ciertas profesiones u ocupaciones está directamente ligada a que sean sometidas constantemente a las críticas, a veces despiadadas, del común de la ciudadanía. Es el caso de funcionarios públicos, miembros de las fuerzas de seguridad y de, los que nos compete aquí, periodistas.

No se puede desconocer que vivimos en tiempos mordaces, pero comentarios vertidos por ciertos lectores, principalmente en redes sociales, distan mucho de ser aportes. Títulos, términos y hasta fotografías publicadas en los medios son sometidos a un análisis tan pormenorizado que, en ocasiones, parecen evaluadas por rigurosos peritos, especialistas en absolutamente todo.

“¿Por qué encubren a los delincuentes estos periodistas?”, puede leerse en ocasiones como reacción a un título policial que habla del presunto ladrón o asesino. Quizás el lector no tenga en cuenta la presunción de inocencia, bien aplicada en ese titular. Quizás desconozca que el ejercicio de nuestra profesión sigue ciertas reglas. Tal vez tampoco sepa que tenemos ciertos condicionantes.

“Dejen de mentir, cuenten bien cómo fueron las cosas”, puede leerse en otro posteo. No está en nuestro ánimo mentir. Puede, sí, que haya habido algún error de interpretación, información escasa o que lo vertido sea información oficial, también tantas veces cuestionada.

Podría seguir citando ejemplos, pero sería redundante.

Sin ánimo de caer en una burda victimización, y aún a riesgo de que esto pueda interpretarse como una catarsis, percibo todo tipo de cuestionamientos a la tarea que realizamos.

Esas sensaciones me han llevado incluso a debates con personas que no están vinculadas al periodismo. Tras dar las explicaciones del caso, mi defensa suele ser la misma en esas discusiones. ¿Acaso el lector cuestiona a su médico cada vez que lo diagnostica? ¿Duda de la capacidad de su psicólogo cuando le cuenta sus penurias? Pues parece ser que, efectivamente, desconfía del profesionalismo de un periodista a la hora de informarse.

Además, la relación es ambivalente ya que, si bien la prensa padece estos cuestionamientos de los ciudadanos, es a la primera a la que acuden cuando necesitan visibilizar un problema. Responder a esas demandas, cuando es posible, es gratificante. Somos los mismos que cubrimos las protestas de vecinos que reclaman luz, agua o seguridad, los que difundimos campañas solidarias, o los que publicamos los pedidos de paradero de mendocinos perdidos. Damos un servicio y somos conscientes de que tenemos que brindarlo de la mejor manera posible.

Nadie cuestiona las demandas de un lector cada vez más activo y exigente. Son válidas y necesarias para una industria sometida a permanentes cambios que busca adaptarse para llegar con más precisión al usuario. Pero no se me ocurriría criticar la planificación de una obra a un ingeniero u hostigar al técnico que repara mi computadora.

“Zapatero, a tus zapatos” reza un viejo dicho. Quizás es hora de que cada uno se enfoque en lo que sabe o le toca hacer y deje al resto hacer lo propio. Porque no está en el ánimo de ningún periodista honrado perturbar, inquietar o desinformar a nadie.

Al contrario, quienes concebimos al periodismo como un servicio social, tratamos cada día de llevar la información precisa. Somos humanos y, por supuesto, nos equivocamos. Pero ello no debería dar lugar a elucubraciones maliciosas y a juicios de valor negativos -y hasta agresivos- que atentan contra el normal desempeño de nuestras tareas, independientemente de la postura editorial de cada medio. Y eso es algo que el lector tampoco debería desconocer.

No estamos aquí para perjudicar a nadie. Tampoco para soportar agravios. ¿Quiere un mejor servicio? Pídalo. Comente, haga aportes, recomiende, demande con respeto. 

Estamos para servirle así que, sin ánimo de impartir una orden, sino -si me lo permite- a modo de recomendación, relájese y déjese informar.