Arquitectura Viernes, 26 de octubre de 2018

Real del Padre, una colonia agrícola en el sur mendocino

Una sociedad anónima con sede en Buenos Aires estableció en 1911 un poblado en San Rafael.

Por Arq. Graciela Moretti, Mgter. en Historia de la Arquitectura y el Urbanismo latinoamericanos

En 1918 y a través de la leyenda: “Colonos: ¿por qué pagar arrendamientos, cuando con el producto de la tierra pueden ser propietarios?”, la Sociedad Anónima Tierras de Riego del Río Atuel promocionaba en la revista Caras y Caretas los terrenos que vendía en “condiciones liberales, casi sin desembolso”.

Las tierras se ubicaban en las márgenes del río Atuel y junto a la estación del Ferrocarril Buenos Aires al Pacífico (BAP). La sociedad anónima publicó dos avisos, uno en marzo y otro en abril, con el objeto de motivar a posibles compradores para radicarse en San Rafael. A través de un expresivo mapa, la publicidad situaba en destacado lugar a Real del Padre indicando la vinculación a las redes ferroviarias y los puertos de Buenos Aires, Bahía Blanca y Valparaíso. Cada aviso trataba de motivar a los posibles compradores señalando que “los interesados podían ver los planos y otros documentos en las dos oficinas de la compañía, una situada en la Capital Federal y otra en la propia colonia”. La sociedad luego cambió su nombre por el de Sociedad Anónima Real del Padre, y tuvo actividad hasta hace pocos años en que dejó de funcionar.

El nombre de la estación y su correspondiente localidad correspondía a un modismo  criollo cuyo significado era “paraje elegido para alojar en forma transitoria”. Relacionadas al origen del nombre hay dos hipótesis. Una data de principios del siglo XX y está asociada al fray Francisco Inalicán, padre franciscano que en tiempos de Sobremonte asistió a Telles y Meneses en esas tierras. Otros autores, como Isidro Maza relacionan esta toponimia con el fray dominico Moisés Vicente Burela, que luego del terremoto de 1861 estuvo en Mendoza y pernoctó en la zona.

La colonización del lugar había surgido en abril de 1910 con la adquisición de casi doce mil hectáreas por parte del ingeniero civil Carlos Wauters, pionero en obras de salubridad e irrigación. Entre sus trabajos destacados sobresalen los estudios del río Tunuyán en Mendoza y el proyecto del dique El Cadillal en Tucumán. Además de la comercialización de las tierras, la firma debió abrir canales e hijuelas provenientes del mencionado río, planificar la colonia y construir viviendas.

El 1 de mayo de 1912 se habilitó el servicio de la estación Real del Padre que formaba parte del ramal del BAP que unía a la localidad de Monte Comán con la ciudad de General Alvear. Conocido también como ramal SM22 luego de la nacionalización de los ferrocarriles, el circuito fue uno de los más activos en el sur mendocino, dada la presencia de bodegas e industrias conserveras, que requerían del transporte de productos y distribución hacia los puertos del atlántico y del pacífico. Hacia 1955 el distrito localizado a 70 kilómetros de la ciudad de San Rafael, en contraposición a los casi 20 kilómetros que lo separan de General Alvear, tenía en actividad trece bodegas y cuatro establecimientos conserveros.

Patrimonio ferroviario y agrícola

Dentro de la trama urbana se destacan el cuadro de la estación, al que convergen las diagonales del poblado, y el conjunto de madera conformado por las oficinas de la administración y el chalet del administrador. En el cuadro de la estación, foco del conjunto, existen cinco elementos relevantes: el edificio propiamente dicho, el bloque de baños, el depósito, el galpón sobreelevado sobre plataforma y una vivienda para personal construida en ladrillo visto.

La estación tiene una gran similitud con la vivienda del jefe de estación de Monte Comán, que formaba parte del sistema ferroviario del ramal, debido al detalle de óculo y entramado de madera en fachadas laterales.

Con una historia vinculada a las primeras colonias agrícolas del oasis sur que se realizaron junto al río Atuel, Real del Padre forma parte de los poblados pioneros que surgieron por la iniciativa de sociedades privadas. Estas se favorecieron por el trazado ferroviario de circuitos y ramales que vincularon cada localidad con los mercados de consumo y puertos, pero fundamentalmente por el apoyo de los organismos provinciales que como el Departamento General de Irrigación, posibilitó la sistematización del riego y otorgó los derechos de agua a las tierras colonizadas.