Opinión Domingo, 4 de noviembre de 2018 | Edición impresa

¿Qué pasa con América? - Por Jorge Sosa

¿Discrimina nuestro país? Yo creo que no, creo que somos buenos recibidores.

Por Jorge Sosa - Especial para Los Andes

¿Qué pasará con la América que nos ha tocado vivir? El continente se encuentra convulsionado en varios lugares y eso afecta al todo.

Ya hemos hablado del aluvión de inmigrantes que se dirigen desde Honduras a los Estados Unidos en busca de un porvenir mejor, sin entender que en los Estados Unidos son los no deseados, esos que van a llegar a molestarlos.

El aluvión es fruto de los malos momentos que están atravesando algunos países centroamericanos, y fundamentalmente de la pobreza, que corroe, que corrompe, que evita que uno le tome el mísero gusto a la vida.

Por otro lado los venezolanos que también están atravesando una situación más difícil que sacarse una espina con un martillo. Los pobres, de distintas cualidades emigran hacia países vecinos, o países lejanos, con el mismo objetivo que los hondureños, buscar algo de bienestar después de haber sufrido tanto.

Muchos se vienen hacia el sur en procura de sus satisfacciones, aunque sean mínimas.

En varias ciudades argentinas los venezolanos ya son un encuentro diario. Laburan en lo que pueden y hacen milagros para seguir zafando en una tierra que si no tiene capacidad para atender a sus propios pobres, difícil que la encuentre con los pobres que no le pertenecen. 

Vemos por las calles de nuestra ciudad a morenos bien enmorenados que seguramente han llegado de algún país de África, o de la sufrida Haití, con el mismo objetivo de los mencionados anteriormente. Son notorios, llamativos y se la rebuscan en distintos menesteres siendo la venta ambulante una de sus ocupaciones habituales. 

¿Discrimina nuestro país? Yo creo que no, creo que somos buenos recibidores y me consta porque tengo amigos chilenos, uruguayos, bolivianos y peruanos que se han afincado aquí y sobrellevan su vida con dignidad. 

Pero, ¿qué está pasando con América? Un continente pródigo en recursos, pletóricos de posibilidades que sin embargo se va desgranando con migraciones que preocupan en el país de origen y en el de llagada.

Es la América en donde encontró alivio a sus males y enriqueció a numerosos países de Europa, la América de la promisión, la tierra deseada por muchos.

Hoy sus malestares están provocando una diáspora que asombra por un lado y que nos llena de sentimientos angustiantes por otro. 

Se está produciendo, en estos momentos, miles de americanos están dejando atrás (por no decir “están huyendo”) de sus lugares de orígenes y al parecer no hay gobierno que dé en el clavo, el clavo que los aferre, buenamente a la tierra a la que pertenecen. 

¿Podríamos juntarnos para tratar el problema en conjunto y encontrar en conjunto soluciones? No sería imposible, pero yo hasta ahora no veo que la OEA o el Mercosur tome cartas en el asunto y aporte salidas o mejor entradas para los que emigran.

Deberíamos hacer todo lo posible por lo que se llama ayuda humanitaria, para que la pobreza sea erradicada paulatinamente, aunque sea lenta pero paulatinamente, de todos los países hermanos. Para que vuelva a ser esta tierra una oferta esperanzada al mundo.

Hace mucho tiempo los del otro lado del charco vinieron a buscar riquezas, se llevaron muchas, muchísimas, pero la riqueza cultural de los pueblos se quedó aquí y es con ella con la que debemos moldear una América para todos.