Turismo Domingo, 3 de junio de 2018 | Edición impresa

Parque Lanín, deleite para los sentidos

El espectacular paisaje de montañas, cumbres nevadas, lagos y bosques de esta reserva natural al sur de Neuquén que es una maravilla.

Por Gustavo Ng (CC) 

El sol logra colar un rayo de luz entre los árboles del otoño, rojos y aún tupidos, e ilumina una tumba. “Renée Dickinson”, dice la lápida, escrita por el hermano de la difunta, quien eligió el lugar porque desde allí puede verse una amplia ladera que baja hacia el lago y el lago que huye hacia un horizonte de montañas.

Es el Lácar y, de este lado, termina a los pies de San Martín de los Andes, una villa colorida y preciosa de Neuquén que cubre un pequeño valle. 

Renée Dickinson fue una norteamericana que se instaló cerca, cuando el territorio era dominio mapuche, e instaló una casa de té. Hoy, la dueña del lugar es Ornella Aristizábal, quien se hizo cargo del lugar a la misma edad que aquella pionera para recrear la casa de té, tan vivaz y de una belleza tan sofisticada como su entorno natural.

Circuitos de trekking 

Visitar la Patagonia, su mundo de lagos perfectos y bosques que cubren las montañas es vivir unos días en una realidad de cristal, que incorpora a su encanto las obras que van haciendo los hombres en sus rincones. 

San Martín de los Andes está pegada al Parque Nacional Lanín. Desde la ciudad uno puede zambullirse pacíficamente en el parque en auto, navegando o caminando.

Hasta hace unos años los senderos requerían un entrenamiento casi profesional, pero ahora se ha ampliado su red y su rango de accesibilidad para que todos puedan conocer el bosque, sus arroyos, sus cascadas, su frescura vegetal y su silencio esponjoso de criatura viva, desde sus entrañas.

El Parque Nacional Lanín es uno de los más grandes de la Argentina. La isla de Manhattan cabría en él 47 veces y es la mitad de la isla de Puerto Rico. Es territorio de más de una docena de lagos, once comunidades originarias, cuatro ambientes naturales diferenciados y del magnífico volcán Lanín.

Dentro del paraje Hua Hum, a 45 km de San Martín de los Andes, está el Castillo Van Dorsser, que la Administración de Parques Nacionales convirtió en un museo que registra la época de la fundación de la zona.

Desde allí hacemos una caminata de dos horas por una ruta interna y luego un sendero en el bosque rodeando una punta del lago Nonthué hasta llegar a la cascada de Chachín.

Una bandada verde de loros cachañas se asienta sobre un manzano salvaje y se da un banquete. Atravesamos arroyos por los que corre rápidamente el agua fría, creando remolinos en torno a los enormes guijarros de su lecho. Sentimos en el cuerpo la humedad fría del seno del bosque, sus oscuridades en donde la vida brota de la muerte, en musgos, insectos, hongos.

Finalmente, el paisaje se abre y aparecemos en una amplia playa del lago, que es un espejo grandioso, en el que caben reflejadas las inmensas montañas del fondo y el cielo entero, con sus nubes que corren mientras los vientos de las alturas las deshilachan. Un poco más adelante, la cascada tiene el magnetismo de un tesoro. Los lugares sobrenaturales existen en otro tiempo, y es algo de ese enigma lo que nos llevamos del lugar para el resto de nuestras vidas.

Cerca de allí, el guía nos espera con un asado a orillas del agua, en un área dispuesta para ello, donde en verano acampan los visitantes. 

A poca distancia está el muelle del paraje Pucará, al que se puede llegar desde San Martín de los Andes en barco, en alguno de los recorridos que incluyen Quila Quina (restaurante y campings) y Hua Hum (hostería y campings).

Tras 40 minutos por la Ruta 40 llegamos a Junín de los Andes y volvemos a ingresar al parque. 

Todo el camino vemos el terreno de sierras bajas que parece esconder bajo su superficie, colosos paquidermos que han estado durmiendo tanto tiempo que terminaron cubiertos de una capa de tierra y árboles.

Por la ruta 61 bordeamos la costa norte del lago Huechulafquen. Las montañas de la otra orilla irradian la luz apagada de un manto verde y bordó, de digna belleza, profunda y sobria. 

A los costados del camino brillan los campos de pastos verdes con vacas negras y ovejas blancas, rocas que asoman desde la tierra, álamos dorados y casas, algunas tienen pintada la bandera mapuche. Nos explican que el parque es comanejado con las comunidades que viven en su interior y ofrecen alojamiento, gastronomía y otros servicios.

Luego, el camino zigzaguea por un bosque de gigantescos coihues, venerables, llenos de sombras. 

En Puerto Canoa subimos a una embarcación para que su tripulación, Ángel y Maca, nos conduzcan por el lago Paimún. Hasta ahora sólo se lo podía navegar en lancha privada, y es el mejor lugar para ver el volcán Lanín.

Visto desde el lago, el volcán es tan hermoso que casi provoca angustia. No alcanza con sacarle cientos de fotos. Es necesario permanecer frente a él quieto, de algún modo entregándose a su dimensión y a su modestia silenciosa.

Las aguas del lago se aquietan y entonces aparece en ellas el reflejo del volcán, mucho más nítido todavía. La pureza es perfecta. 

Ángel cuenta que “un suizo, un señor mayor, dijo que este paisaje es igual al de su país, pero ellos no tienen los volcanes. Aquí la tierra tiene un ímpetu que la hace diferente”.

Ascenso al volcán Lanín

El volcán Lanín tiene 5 glaciares. Mide 3.776 metros. Es una de las obras más hermosas de la naturaleza patagónica. La última vez que entró en actividad fue en el siglo XVIII. Si se lo tiene a la vista, aunque sea muy lejos, es imposible no desear ir hacia él, treparlo, llegar a su cima, abrazarlo. Y el volcán se deja abrazar. No es tan difícil.

Pico emblemático de la Cordillera de los Andes, cada año unas 3.400 personas con entrenamiento, buen estado físico, un guía y todo el equipamiento que requiere la Administración de Parques Nacionales, se registran en Paso Tromen (el lugar de mejor acceso) en busca del ascenso, del desafío y de una experiencia inolvidable.

La travesía demanda dos días -y una noche durmiendo en refugios de montaña- sobre un suelo de morenas volcánicas, laderas empinadas y nieves eternas. Desde su altura se ven los cerros Tronador, Bayo y Chapelco y se observa la línea de los volcanes Quetrupillán, Villarrica, Llaima, Lonquimay, Choshuenco y Achen Ñiyeu. 

Mini guía

Cómo llegar. Aerolíneas Argentina vuela todos los días a San Martín de los Andes desde Buenos Aires con tarifas desde $ 5.300 en temporada baja y desde $ 6.400 en temporada alta. En julio y agosto hay vuelos directos desde Córdoba.

En ómnibus, el servicio de cama ejecutivo de Vía Bariloche o de Crucero del Norte, en un viaje de 20 a 22 horas, ida y vuelta desde Retiro, cuesta $ 2.150, y en semicama en El Valle cuesta $ 1.780.

Desde San Martín de los Andes se ingresa al Parque por la ruta 40 y las rutas provinciales 48 y 53; desde Junín de los Andes se accede por rutas 60, 61 y 62 y desde Aluminé por la 11, 18 y 46. 

Dónde alojarse. Dentro del Complejo Chapelco Golf & Resort, el Hotel Loi Suites Chapelco (5 estrellas), a 18 kilómetros de San Martín de los Andes y a 7 km del aeropuerto, tiene tarifas desde  $ 4.000 la noche en base doble. Tiene 2 restaurantes, piscina interior y exterior, cava de vino, gimnasio y spa.

Dónde alojarse. El hotel Le Village (3 estrellas), en el centro de la ciudad, tiene amplias habitaciones con tarifas que arrancan de los $ 2.500, tarifa que incluye desayuno buffet, estacionamiento cubierto, parque con quincho y sauna.

Dónde informarse. Parque Nacional Lanín: www.pnlanin.org APN: www.parquesnacionales.gob.ar, www.sanmartindelosandes.gov.ar/turismo www.turismo.junindelosandes.gov.ar , www.pnlanin.org/circuitovolcanlanin