Vecinos Lunes, 12 de marzo de 2018 | Edición impresa

Una escuela pública del Este funciona en dos iglesias

La Neuquén está en obras. Sus alumnos cursan en la capilla San Cayetano y en un templo evangelista del B° Ambrosio.

Por Javier Hernández - jhernandez@losandes.com.ar

La escuela 1-165 Neuquén está al costado de una calle de tierra y bajo la sombra de una cortina de árboles, en el límite de San Martín con Junín. Es una zona rural frente a un canal de riego, a metros del Molino Orfila y a unos pocos minutos de ambas ciudades. Desde hace algún tiempo, el edificio está cerrado por obras de restauración y así va a continuar durante otros dos meses por lo que, para no perder días de clases, la comunidad escolar decidió trasladar toda su actividad a dos iglesias de la zona, que han prestado sus instalaciones.

“Es un gran esfuerzo de las maestras, de los papás, de los mismos chicos y también una enorme muestra de solidaridad de ambas iglesias, que sin pensarlo ni pedir algo a cambio, nos prestaron sus instalaciones para que la escuela Neuquén siga funcionando”, comenta Flavia López, mientras camina por el predio de la Iglesia Evangelista Asamblea de Dios, en el barrio Ambrosio, de San Martín, donde a media mañana los chicos de 4° grado toman clases al aire libre, mientras adentro del salón, otros dos cursos, separados por una improvisada pared de armarios, atienden la explicación de sus maestras.

Flavia es la vicedirectora y al igual que el resto de la escuela Neuquén, aprende sobre la marcha a sacar el mejor provecho de una experiencia inédita: “El fin de semana vinieron unos papás para ayudar a traer armarios y a instalar los baños químicos, porque este templo no tiene cloacas y debíamos solucionar ese tema antes de empezar las clases”, dice la mujer y cuenta que usan los bancos y sillas que ya existen en el lugar y también sobre la merienda de los chicos y como el no tener cocina en el templo, obliga a pensar en un menú que incluya sánguches, frutas y jugo, en lugar de una taza caliente.

La escuela Neuquén tiene unos 300 alumnos de nivel inicial y primario, y con el acuerdo de los papás, dividió toda su actividad entre dos iglesias muy cercanas: un grupo de los alumnos va a clases en dos salas de la parroquia de San Cayetano, de Orfila, y el resto lo hace en el templo evangelista del barrio Ambrosio.

Martín Lucero es el encargado del salón evangelista: “Les dimos las llaves a las maestras y la escuela ocupa el lugar hasta la tarde”, explica Lucero: “Van a ser dos meses por lo menos y durante ese tiempo hemos suspendido nuestros encuentros más multitudinarios, en beneficio de los chicos”.

La meta en la Neuquén es no perder días de clases y para alcanzar el objetivo, se improvisan espacios, se redoblan esfuerzos y se acuerdan nuevas reglas: los chicos que cursan en San Cayetano, por ejemplo, tienen prohibido atravesar el portón que lleva a la explanada de la parroquia y el recreo lo hacen siempre en el patio interno; allí, la secretaría funciona al aire libre, debajo de una pequeña galería y los alumnos  van a clases en dos salas pegadas a la capilla.

“Este miércoles fue 7 y la iglesia se llenó de fieles de San Cayetano, mientras los chicos seguían en clases en los salones del fondo”, recuerda Daniel, que es celador, mientras acomoda una pizarra junto al ingreso de la parroquia, con información sobre la escuela.

“Todos hacemos un esfuerzo, los maestros acomodamos horarios, los chicos se adaptan a espacios que no son aulas ni tienen pizarrones y muchos papás van de una iglesias a otra porque tienen a sus hijos repartidos”, explica Cecilia, maestra de 4° y que ha reemplazado las pizarras que no tiene el salón evangelista por cartulinas en las que anota consignas y lecciones.

Las comunas también colaboran y mientras que Junín cerró con tela los fondos del predio evangelista, San Martín limpió el patio para evitar peligros al jugar. “Creo que lo más destacable es el esfuerzo y la solidaridad de toda la comunidad”, opina Hugo Martín, delegado de la DGE y completa: “Hay una frase que siempre recuerdo y dice que para educar a un niño hace falta la intervención de todo el pueblo, y que mejor que este caso como ejemplo”. 

Casi dos meses de trabajo

Desde hace casi una década que la escuela 1-165 Neuquén, de San Martín, precisa de arreglos en sus techos. Es un reclamo de la comunidad escolar que recién en 2017 fue atendido, con una obra que ha demandado el cierre del establecimiento. "En agosto hicimos la licitación y en diciembre arrancaron los trabajos, que no solo incluyen el reemplazo completo de los techos sino también obras de cloacas, agua y electricidad", explicó Hugo Martín, delegado de la DGE.

Pero los trabajos de restauración de la escuela van a demandar tiempo y en el mejor de los casos, el establecimiento estará listo a fines de abril o comienzos de mayo. "Nos juntamos con los papás y estuvimos viendo distintas alternativas. Finalmente y con la colaboración de las dos iglesias, se decidió trasladar allí toda la actividad. Lo mejor de todo es que no quedan lejos de la escuela y no ha hecho falta movilidad para pensar en trasladar a los chicos".