Opinión Fincas Sábado, 16 de marzo de 2019 | Edición impresa

Nuestra ley vitivinícola debe revisar sus objetivos - Por Comisión técnica de la UVA

Por Comisión técnica de la Unión Vitivinícola Argentina (UVA)

"Muchas veces el INV quita a los enólogos la alegría y la pasión por elaborar el vino argentino". La ley nacional N°14878 (con 45 artículos ) que legisla la industria vitivinícola argentina fue promulgada el 6/11/59. Durante 60 años ha sido ampliada y/o modificada con una infinidad de resoluciones ( muchas derogan a otras en forma continua y desordenada ) .

Con esta ley se da origen al Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) con 16 delegaciones en el país y una planta funcional de mas de 600 empleados y funcionarios.

El marco legal del vino argentino se ha cerrado tanto que prácticamente la industria trabaja más para cumplir con INV , que para conquistar nuevos consumidores.

“Lamentablemente , esta institución perdió la participación de un consejo directivo y asesor con el que podría guardar un equilibrio adecuado y adaptación dinámica a los requerimientos del mercado. Sin consejo directivo o asesor , el rol de “policía del vino” sobre la producción y la elaboración se transforma en arbitrariedad y discrecionalidad.

Ningún funcionario , por mejores intenciones o iluminado que sea, puede llegar a tener la información y el conocimiento que le pueden aportar todos los sectores técnicos, económicos, legales, sociales y políticos de la vitivinicultura. 

Curiosamente cada delegación interpreta la ley y los procedimientos en forma diferente.

Esto lo hace más confuso y burocrático. Muchas resoluciones generadas a lo largo de su historia y la sucesión de presidentes y autoridades, provocan notables regulaciones de la producción y el mercado .

Las pequeñas y medianas bodegas, e incluso muchas de gran tamaño, necesitan contratar intermediarios (representantes de bodega) para gestionar actos administrativos e interpretar la complejidad de resoluciones que legislan la elaboración del vino.

Así ,con esta institución y esta ley la industria redujo la producción y consumo de vinos de los casi 90 litros anuales per cápita en la década de 1970 a los modestos 20 litros del 2017/2018. Curiosamente “cuanto más control , menos consumo” . Al revés de la industria cervecera que persigue y seduce consumidores, el vino se aleja de sus fieles “seguidores”.

Exceso de burocracia

Un marco legal obsoleto no permite la innovación y el desarrollo de vinos más acordes con las actuales condiciones de consumo. El INV, como todo organismo del estado, ha crecido por una burocracia impresionante destinada a obstaculizar las actividades privadas.

En sus actos administrativos llenan a la industria de regulaciones absurdas y ridículas de la producción (grado alcohólico mínimo de los vinos genéricos, rendimiento de uva /vino, régimen de borras, alcohol mínimo de vinos varietales, certificación varietal, identificación geográfica, liberación de vinos nuevos,  traslados de vinos inter provinciales y demás.

También regulan al mercado otras situaciones, como elaboraciones especiales, autorización de etiquetas, intervenciones de volúmenes vínicos o numero de botellas por diferencias analíticas al origen, que generan algunos costos explícitos y otros implícitos (coimas)

Sorprende la abultada fijación de aranceles por análisis y servicios complementarios e inspecciones requeridas. Se transforma más en un ente recaudador que en un ente de supervisión y control del vino envasado.

Todo producto de consumo masivo debe ser controlado por el estado para cuidar la salud pública, pero no debe intervenir o reprimir su desarrollo y evolución productiva .

Es bueno mostrar una reciente referencia del ex ministro de agroindustria de Argentina, Luis Miguel Etchevehere, cuando dice: (diario los Andes 18/2/18) …  “Estamos trabajando en tres ejes: desburocratización, competitividad y apertura de mercados.

Permanentemente estamos eliminando trabas y registros. Hasta ahora bajamos 700 aranceles en el Senasa. Son cosas, en muchos casos, sin sentido que hacen perder tiempo y dinero a los productores y generan corrupción de los organismos”.

Necesitamos simplificar actos administrativos como aprobación de etiquetas, aptitud de exportación, cosecha temprana, vinos de bajo grado alcohólico, vinos dulces naturales, mistelas de envero, mosto concentrado, vinos especiales, controles y tolerancias analíticas a protocolos de origen, traslados interprovinciales, análisis de corte, edulcoración, certificación de varietales, destinos de borras vínicas e identificación geográfica, entre otros puntos.