Opinión Miércoles, 13 de marzo de 2019 | Edición impresa

No se debe elegir el mal menor, sino el bien posible - Por Lucas Alan Galla

Por Lucas Alan Galla - Licenciado en Administración de Empresas

Actualmente se abrió en los medios de comunicación el debate electoral de quiénes serán los futuros candidatos a presidentes, gobernadores o intendentes en las elecciones de este año.  

Algo llamativo es la gran puesta en escena de una maquinaria publicitaria de acuerdos posibles y frentes múltiples de aglutinamiento de poder encarnados en el oficialismo, el pasado kirchnerismo y el peronismo alternativo como los principales exponentes a pugnarse los futuros cargos que deberían quedar vacantes y vueltos a ocupar.

Los medios de comunicación y particularmente las redes sociales, se han convertido, hoy, en terreno fértil dónde los ánimos desbordados de personas de distintas ideologías e incluso partidos políticos y los propios candidatos, siembran la semilla de la incertidumbre, confusión, odio y  discordia, convirtiendo a los rivales en enemigos. Lo llamativo y triste de todo esto es que se está publicitando a quienes son los más aptos por elegir, con eslóganes superfluos de un marketing que es un sostén vacío de contenido político, pero lleno de ambición y poder.

Estamos siendo espectadores de la mejor oferta publicitaria y de venta de un producto sobrestockeado que seguimos consumiendo, que es la mala clase dirigente política argentina y su menú de fracasos disfrazados en eslóganes de cantos de sirena.  Lo que vemos en las pantallas, escuchamos en la radio o leemos en los diarios, no es más que el gran negociado de la actual corporación política nacional que busca endulzar el oído ciudadano canjeando finales felices cortoplacistas de telenovela a cambio de futuros inciertos de estancamiento y miseria, que solo son rentables para aquellos que juegan con los dados del poder en las mesas de las decisiones dónde se determinan y de
signan los futuros posibles y viables a sus bolsillos. Pan y Circo.

Este circo de eslóganes y mentiras disfrazados de programas políticos que no son tales, presentados y diagramados, no por corderos, sino por los verdaderos lobos de la política que ya no necesitan camuflarse, porque estamos ciegos y sordos, deja entrever, que la clase política o la que hasta el momento a concurrido al casting mediático del circo de la esperanza, está carente de un verdadero programa político para el futuro del país. Es decir que solo vamos a votar caras y marcas, todo envase descartable, cero contenidos.

¿Realmente vamos a creer que la solución al país está de lado kirchnerista o macrista de la grieta?  ¿Vamos a seguir creyendo que la solución a nuestros problemas está en una clase política peronista de buenos modales, porque así lo impuso la prensa? ¿Cuál es el menos malo, o el “más pior” dicho bien en criollo?  Que la idea del menos malo no sea nuestra vara.

Este país se merece un mayor esfuerzo de nuestra parte. No podemos seguir rifando la patria. La ley no escrita, pero sí inscripta, la moral, hoy más que nunca nos obliga a todos. Primero a la clase dirigente actual y futura a definir ya las candidaturas reales y no especulativas.

 Basta de rodeos queremos saber quiénes serán los que buscaran ponerse delante de la conducción de la Argentina; necesitamos que presenten los proyectos e ideas concretas (ojala las posean) para los problemas reales argentinos. Y aquí me atrevo a ayudarles: Pobreza e indigencia, educación de calidad, salud de calidad, narcotráfico e inseguridad, falta de desarrollo industrial y de trabajo, etc.  

No se olviden que el mundo es un sistema y por lo tanto necesitamos un programa con propuestas con visión de largo plazo, multidimensional y sistémico, no ideas o propuestas desencajadas; ya hemos vivido más de 40 años con ese juego, hagan política planificada, sin plan no hay política real que sirva porque no tiene sustento, basta de jugar a la bartola.  

Y dejen de cavar la grieta, no vivamos de la división, mejor dicho, no nos dividan más, queremos que jueguen el partido del diálogo y del consenso, sin eslóganes baratos y luminosos, preferimos ideas funcionales, 
viables y sustentables.  

La moral nos obliga a comprometernos más con la cosa pública, debemos ponernos la camiseta de la ciudadanía argentina y empezar desde abajo a construir lo que queremos como país.

Si necesitamos una guía no hay mejor receta que mirar la historia de los fracasos, aprendamos que no debemos seguir alimentándolos como lo hemos hechos hasta la actual contemporaneidad, y también de los aciertos viendo lo que hicieron nuestros próceres y padres de la patria; de ellos debemos aprender y sostener los siguientes principios: la dignidad de cada argentino a través de la educación, el trabajo y la salud; respetar la Constitución como ley fundamental, promover el desarrollo y el humanismo en todos los órdenes, estar al servicio de la dignidad de la persona desde los primeros inicios de su vida en la concepción hasta su muerte natural teniendo a Dios como fuente de toda Razón y Justicia.

Que nuestra vara a la hora de elegir a nuestros representantes no sea elegir o apoyar al menos malo. Por el contrario, nuestra visión o concepto debe ser buscar siempre el bien posible, que no es más que tener lucidez y conciencia de lo que realmente necesitamos y queremos para nuestro digno bienestar.  

El bien posible no es un eslogan vacío de marketing político, no es el lado derecho o izquierdo de la grieta, ni tampoco el anti-peronismo o anti-radicalismo. Al contrario, es la clara conciencia de saber lo que es la Argentina y lo que ella necesita para ser una gran nación.  Por eso no nos abracemos a los repetidos o nuevamente camuflados cantos de sirena políticos, exijamos ideas claras y planificadas, que sumen valor y dignidad a la persona y a la familia argentina.

No necesitamos movimientos reaccionarios con exclamaciones llamativas que llenen los oídos, necesitamos proyectos posibles, planes reales, políticas de Estado verdaderas, acciones políticas mancomunadas y patrióticas, civilización y república. Argentinos a las cosas, cuidemos la cosa pública, creemos y creamos en el valor público, busquemos el bien común y pongamos a Dios en la cima de nuestros proyectos.  La política es un bien, solo hagámosla posible.