Opinión Jueves, 11 de octubre de 2018 | Edición impresa

Mendoza y su proyección hacia el Pacífico (o la necesidad de remozar una vieja idea)

Por Rodolfo M. Vacarezza - Licenciado en Relaciones Internacionales.

Hace tiempo está instalada en Mendoza la idea de que su desarrollo vendrá de una salida de su producción por el mar, para alcanzar los grandes mercados asiáticos, allende el océano Pacífico. Esa idea apareció asociada a la construcción del Mercosur y en la asignación de la provincia del  rol de puerta de salida o corredor bioceánico de la producción de aquel esquema de integración. Desafío importante para una provincia mediterránea y un país con proyección atlántica.

A partir de aquello, ese espacio pasó a ser estratégico y formar parte del imaginario colectivo de la dirigencia pública y privada, región a la que hay que conocer, comprender y estudiar. 

La vinculación de Mendoza con Chile y su mar es la antesala de aquel gran espacio. Los vínculos trasandinos de la provincia son importantes y hunden sus raíces en la historia común y los intercambios de todo tipo.   

Este proyecto ambicioso tuvo pocas realizaciones concretas por los vaivenes de la política y la economía, las dificultades geográficas y de infraestructura y la aparición de otros corredores bioceánicos, pero principalmente por el centralismo político-jurídico de la Argentina.

Hoy, ese proyecto se encuentra ante un nuevo escenario en la cuenca del Pacífico y hace cuña entre dos vertientes de la integración continental. Aquel gigantesco espacio marítimo es el centro de gravedad económico mundial y en sus márgenes están las mayores economías desarrolladas. Dinamismo y apertura son sus notas características. Tal es la fuerza económica centrípeta del espacio, que la apertura al mismo debe ser muy inteligente y cautelosa, si no se quiere ser devorado por el mismo.   

Pero además, el viejo proyecto se presenta ante dos esquemas distintos -que no incompatibles- de integración continental. La Atlántica (Mercosur) y la Pacífica (Alianza del Pacífico, etc.). El primero como un mecanismo de desarrollo endógeno (Unión Aduanera Imperfecta) entre sus miembros, con un halo proteccionista, aunque en franco retroceso. El otro, de desarrollo exógeno, abierto al mundo y altamente competitivo (Áreas de Libre Comercio). 

Una primera dificultad está, creemos, en cómo integrarse a los países que componen la Alianza del Pacífico (Chile, Perú, Colombia y México) por la no complementariedad económica, ya que Mendoza y aquellos países se presentan como exportadores de commodities y materias primas. Pero además, en el Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico, hay grandes exportadores de materias primas (Australia y Canadá). Para colmo, nuestro producto estrella, el vino -de reconocida calidad y prestigio internacional- tiene un competidor directo en los vinos chilenos (Nueva Zelanda puede ser otro). Es decir nos será muy difícil presentarnos como "supermercadistas".-  

La transformación de la matriz productiva mendocina es la clave. Aquí debe prevalecer la innovación y entrepreneurship y la iniciativa público-privada. 
Ideas no faltarán. Nosotros tenemos una, que presentamos como disparador y que la resumimos en una fórmula: producto chileno con componente mendocino. Es decir, no pretender colocar nuestros productos (o los del Mercosur) directamente en los grandes mercados de Asia, sino hacer nuestra economía local complementaria con la chilena, tal vez del tipo "maquila" entre la frontera EEUU-México, una verdadera cadena de producción trasandina. 

Usando términos geopolíticos, pasar a ser parte del "hinterland" económico de Chile. Chile es uno de los países con mayor cantidad de acuerdos comerciales, es parte de la exclusiva OCDE y presenta un crecimiento sostenido. 

Otra oportunidad para Mendoza es toda la actividad con el yacimiento de Vaca Muerta o la minería. ¿Y si buscamos la deslocalización de las empresas chilenas a Mendoza? ¿Y si le ofrecemos a Chile producir más barato en Mendoza?, etc., etc. Esta idea implica cierta desconexión o desvinculación del resto de la economía argentina, desterrar el clásico concepto de economía regional (modelo de crecimiento autóctono).

Nuestra propuesta entronca con la idea de puerta de salida o corredor bioceánico, porque se enfoca en los servicios, la logística, proveer a terceros, etc.

Es bueno traer a colación el Convenio de Cooperación entre la Provincia de Mendoza y la Corporación de Fomento de la Producción (Corfo) de Chile, de 1993 (ley provincial N° 6.327) que tuvo como objetivos: "establecer las bases de cooperación entre las partes, a fin de promover la inversión, asistencia técnica y transferencia de tecnología de empresas de la provincia de Mendoza y Chile, así como fomentar, respaldar y encauzar la formación de alianzas estratégicas en sus respectivas naciones". (Fuente: CARI.Proyecto "Sistematización y publicación on line de los Convenios Internacionales celebrados por las provincias argentinas", en su aplicación a la provincia de Mendoza). 

A nivel macro, un acuerdo Mercosur-Unión Europea nos coloca ante una Europa muy proteccionista en materia agrícola (Política Agrícola Común). Es oportuno recordar aquí los vaivenes de la cuota Hilton en materia de carnes. Si el Mercosur cierra acuerdos con la Alianza del Pacífico, quizá la región corre el peligro de quedar nuevamente relegada a los intereses agropecuarios e industriales de la pampa húmeda. 

Por ello, el viejo proyecto no debe ser descartado, sino remozado y adaptado a los acelerados tiempos, tendencias y procesos económicos actuales.