Espectáculos Martes, 6 de febrero de 2018 | Edición impresa

Mascotas: ¿cómo sobrellevar la muerte?

No solo para los chicos representa un duelo perderlos, sino también para los grandes y adultos mayores.

Por Analía de la Llana - adelallana@losandes.com.ar

Desde la camilla de la veterinaria parece lanzarle su última mirada. Como aceptando y agradeciendo a su dueño cada instancia disfrutada, cada caminata de vida, cada rato feliz y, por supuesto, esos  momentos que solo él y el hombre que lo llora desde la punta de la fría camilla, supieron transitar juntos. 

Gastón es el dueño de Pampa, un doberman nada puro, mitad cruza con rottweiler, con corazón de Lassie. Llegó a su vida cuando era solo un cachorro con un  par de orejas caídas y ojos vivaces y achinados.

Y aunque en la fría sala su estampa avasallante parece haberse esfumado en un montón de huesos, una sola mirada entre ambos sostiene toda una vida de amor y recuerdos, antes de partir. 

La escena solo es un relato  ficcionado, rememorado (y quizá vivido) de lo que muchas familias transitaron o  tienen que pasar cuando la mascota de la casa muere. Una instancia difícil de explicarles a los hijos pequeños, pero también duro de  asumir desde la propia adultez.

Como explica el psicólogo Daniel Venturini, “para los amantes de las mascotas, la presencia y convivencia de vida con ellas es tan importante como para los niños y la familia en general.

 

No tenemos que olvidarnos que, salvo casos especiales, las personas en su hogar tienen usualmente como mascotas a mamíferos como los perros y gatos. Los mismos  representan un integrante más en la vida familiar.

Este lazo se da de manera especial, a diferencia de otros animales como una iguana o pájaro, porque con los gatos y perros  se puede generar una interacción y vínculo afectivo entre dueños y mascotas. Algo que es posible porque tienen la capacidad de desarrollar el vínculo del apego”.

Para los chicos la presencia del animalito en casa es sumamente importante a nivel afectivo y emocional durante todo el proceso de crecimiento. Por ello, la desaparición física del mismo puede resultar, en muchos casos, el primer contacto con la idea de la muerte. Una realidad nada menor para internalizar.

-¿Cómo explica una mamá o papá que el compañero fiel de la familia no está más físicamente?

-En muchos casos, aunque es duro, hay que ver ese momento como una oportunidad para enfrentarlos con la realidad. Somos tan paradójicos los seres humanos que queremos conocer todo aquello que ignoramos, lo único que conocemos es la certeza de que vamos a morir en algún momento, pero sin embargo pretendemos ignorarlo. Entonces criamos a los chicos en general de una manera que se basa en la negación de la muerte. “Ese tema del que no se habla...”.

Es como si se intentara diluir o aliviar la ilusión de la idea de la muerte, contrariamente a lo que ocurre en otras culturas, donde se les enseña a los hijos desde chicos que la muerte es parte de la vida. En nuestra cultura la vemos como la negación de la vida. Tenemos que aprender a conectar a los chicos con la realidad de que la muerte existe y de que todos en algún momento la transitaremos.

-¿De qué manera  se le explica la finitud a un chico de seis años?

-Contándole que la mascota tan querida queda en nuestros afectos, en nuestro corazón y en la memoria de lo vivido, en todo lo que se aprendió de manera mutua. Explicándole que desde lo físico no va a estar más. 
Las argumentaciones, cuanto más sencillas y directas, son mejores. Cuanto menos fantasías y complejidades se adosen, mejor es para el chico.

Además, es obvio que se les explicará sin crudeza y con palabras claras pero no fuertes ni hirientes, sin disfrazar nada, pero sin darles tampoco un golpe bajo.

-¿La explicación religiosa cuándo suele darse?

-Ahí entra el mundo del significado y el marco de creencias que cada familia tenga. Cada núcleo familiar, según su religión, brindará la explicación que considere a su hijo. 

-¿Es bueno que los chicos asistan a enterrar con la familia a la mascota?

-Absolutamente. El ritual del entierro le brinda al chico un cierre, a partir de cual puede despedirse de su compañero. Eso facilita el proceso del duelo, ya sea que se trate de una gato o un perro, se crea una relación afectiva y de apego. 

Si bien puede resultar triste y doloroso, si ellos desean participar del entierro, eso ayuda en el proceso de duelo. El acto de despedida física es fundamental para todas las personas, para poder así transitar el duelo, se trate de un animal o una persona.

La incertidumbre, un gran daño

“Las mascotas son parte de la familia y de nuestra vida. Sin embargo, el problema que se ha suscitado en los últimos años en adultos o niños muy solitarios (que por seguridad ya no pueden salir a la vereda) es que la mascota pasa a ocupar casi el lugar de un ser humano. Y es allí en donde se complica mucho todo”, apunta la psicopedagoga Nancy Caballero.

-¿De qué manera?

-Es obvio que a la mascota se la ama y es parte de la familia. Sin embargo, al humanizarla tanto, a veces hemos hecho que la sensación de finitud desaparezca o se pierda, ya que un animalito doméstico, por mucho que viva, lo hace a lo sumo por 16 ó 17 años promedio. Por lo tanto, la pérdida de una mascota está dentro de lo esperable, pero siempre va a vivir menos comparado con un ser humano en general.

-¿Un duelo por lo tanto “preparable”?

-Esta instancia de pérdida no deja de ser un duelo, pero uno para el que se está relativamente preparado, porque se va viendo venir, entendiendo que no es bueno ver sufrir al animal si no hay manera de salvarlo.

- ¿Esto lo podemos entender los adultos? 

- Sí, pero siempre y cuando no pensemos que es como un hijo, sino una mascota a la cual se ama. En los chicos, el apego por compañía, afinidad y desarrollo es muy importante y positivo con su mascota, ya que es enriquecedor que los pequeños interactúen con las mascotas. Por lo tanto, no se trata de vivir diciéndoles que el animalito se va a morir en algún momento, porque vamos a hacerlos vivir en una zozobra innecesaria. 

Sin embargo, hay que prepararlos si vemos que la mascota se está por morir, ya que hay que permitirles ese duelo, comprendiendo que si se les trae otro perro o gato, la idea no es que reemplace al anterior, sino que se trata de otro animalito al que también le puede brindar su amor.

Hay que hacerles ver a los chicos con naturalidad que los animales y personas que amamos estarán cerca nuestro desde el afecto y el amor.

Mentirles, inventando que el animal se perdió, como hacen muchos padres, no es positivo, ya que se genera una incertidumbre interna en el chico que le genera más dolor. Entonces la incertidumbre es peor que la certeza.

“Poder decir adiós es crecer...”

La frase de la canción “Adiós”, de  Gustavo Cerati, viene a cuento a la hora de pensar en el dolor de la mascota cuando no hay más nada que hacer.

Como explica el médico veterinario Federico Trezzo, de la clínica veterinaria Fauna: “Si un animal llega a la clínica y se hace todo lo humanamente posible por salvarlo pero no se puede,  y hay una pérdida de calidad de vida, sin vuelta atrás y con sufrimiento de la mascota, tomar la decisión de la eutanasia tiene que ver con un desapego y un verdadero acto de amor hacia el animalito. Es lo aconsejable, porque si una enfermedad es irreversible, y el animal agoniza y sufre, el verdadero amor es el que lo libera”.

- ¿Los dueños suelen optar por enterrarlos?

-Si bien se ofrece algún que otro cementerio para animales, las familias tienden sobre todo a enterrarlos en algún terreno  o jardín de su propiedad.

Algo que se está viendo mucho es la cremación. Existen empresas dedicadas puntualmente a esto. Los integrantes pueden estar presentes durante la misma o esperar a que le lleven la urna con las cenizas a su casa. 

Otros dueños le piden a la veterinaria que se encargue del cuerpo del animal, ante lo cual debe llamarse al servicio público. Sin embargo, y desde mi opinión, si se ama a los animales se buscan las primeras alternativas, ya sea para visitar el lugar en donde se enterró o para esparcir sus cenizas en donde fue feliz.