Opinión Martes, 12 de junio de 2018 | Edición impresa

Los bloques de la Justicia - Por Pedro García Espetxe

Por Pedro García Espetxe - Abogado

A raíz de la nueva propuesta del gobernador  para miembro de la Corte  por vacancia, entiendo que ha quedado confirmada -con los antecedentes que ya existían- una nueva modalidad en el funcionamiento de la Corte.

Como sucede en la Legislatura, los partidos políticos tienen ahora en la Corte sus propios bloques, asegurando a su partido de origen todo aquello que les pueda interesar políticamente.

Esto no es nuevo, la prensa  no se cansa de decir cuando habla de los jueces supremos  a qué partido responden, fundamentalmente en las grandes decisiones.

Nos guste o no, para los partidos mayoritarios son las reglas de juego y así lo han demostrado  en su alternancia en el poder cuando han tenido la oportunidad de proponer algún miembro, ya sea aprovechando la escribanía legislativa por tener mayoría segura o caranchando de manera oculta (el voto es secreto) algún voto solitario, converso o con cotización, como ha pasado.

La verdad, hay que destacar su coherencia en la incoherencia: cuando proponen su candidato impregnado de un obvio oficialismo, éste tiene el aura de la idoneidad, de la justicia soñada, y en un acto teatral renuncia a su afiliación para supuestamente demostrar su futura independencia... mmmm.

Eso sí, si les tocaba estar del otro lado, se rasgaban las vestiduras escandalosamente  cuestionando al propuesto, poniendo en duda su independencia.

Parece que en este último caso ya les cuesta más criticar a la oposición por haber actuado, cuando pudieron, exactamente igual. Es más, en los hechos  aparece la similitud en designar un ministro de Gobierno como miembro de la Corte, lo que los ha llevado a cruzarse  con  elogios de independencia  a los dos ex ministros de Gobierno que compartirán la Corte, aceptando eso de que  “hoy te toca a vos, mañana cuando retome el poder, haré lo mismo”. Eso sí, de república ni hablemos.

A los grandes  partidos lo único que les interesa es el poder, sólo miran la Constitución en lo que hace a los números que necesitan para lograr la aprobación en el Senado de su representante, y no la imagen impoluta jurídica y humana que debería tener  para garantía de toda la sociedad, no solo para el gobierno. Un candidato que debería ser producto de un gran consenso, o de una mayoría extraordinaria.

La realidad supera lo querido por la Constitución sobre la forma republicana que pide garantizar la división de poderes, y la independencia del poder Judicial. Los  integrantes de los bloques actúan en la mayoría de los casos en interés del partido que los encumbró, y  cuando no lo hacen -en honrosas excepciones- se los acusa de traidores por apartarse de la consigna partidaria.

No solo hay que ser buen administrador, hay que dar ejemplo de respeto a la Constitución, a la república, a las instituciones, a que no es bueno el todo vale, a que no se atropella al que piensa diferente invocando mayoría política o la voluntad popular.

El eminente constitucionalista Linares Quintana afirmaba que es totalmente erróneo la difundida creencia de que el gobierno democrático solamente debe hacer lo que el pueblo quiere, cualquiera esto sea, aunque signifique el quebrantamiento de la Constitución y de la ley, y por ende el desconocimiento de los derechos humanos. Idea semejante no comporta sino el despotismo de la mayoría, que es tanto o más terrible que el despotismo o la opresión de uno o de unos pocos.

La gente quiere cambios y dentro de esos cambios está el cambio ético de los funcionarios, que es donde realmente van a dejar una impronta relegando sus egos y pensando en el bien común. Con hechos como éste que analizamos, todo sigue igual, gatopardismo puro.

La mayoría de la gente afín al mundo jurídico entiende que era el tiempo de una mujer en la Corte. El gobernador desperdició esta oportunidad, ya que tenía a mano una jurista brillante como la Dra. Gabriela Ábalos, con reconocimiento provincial y nacional de sus capacidades, lean sus antecedentes.  Sólo los que la celan la pueden llegar a criticar, porque evidentemente no debe ser manejable, es independiente; eso es bueno para la república pero no para los dueños temporarios del poder.

Con profunda tristeza veo -al igual que sucede con la corrupción- el silencio, la resignación y lo más grave, el apoyo a estos tipos de gobierno que buscan demostrar poder al avanzar sobre la Justicia.  Se trata el de la Justicia de un tema que requiere mucho consenso, y no solo lo que le parece al gobierno de turno afectando la institucionalidad que los hacedores de nuestra maravillosa Constitución imaginaron.

Disculpen mi obsesión por las instituciones pero soy un convencido de que si no mejoramos en este aspecto, será muy difícil salir de nuestra permanente mediocridad.

Como decía el Dr. Fayt, y no me canso de repetir, “los hechos son sagrados, las opiniones son libres”.