Más Deportes Opinión Jueves, 9 de agosto de 2018 | Edición impresa

“Legítimo rey, por mérito propio” - Por Leonardo Rearte

Por Leonardo Rearte - Editor On Line

Podríamos quedarnos con las chicanas y decir que Independiente es el verdadero Rey de Copas porque no cuenta en su palmarés copas efímeras y de invitación caprichosa como la Copa Leoz (sí, el nombre de un involucrado en los casos de corrupción de Fifa) o la Copa Master (¿Master of the Universe?). Podríamos argumentar que en todo caso, para ganar la Suruga Bank, la que cuestiona Boca, hay que primero ganar la Sudamericana. Por ejemplo, River no cuestiona esta copa con nombre de banco nipón porque la supo obtener, algo que parece no ser tan sencilla: hasta ahora la han levantado 6 equipos japoneses y 5 sudamericanos. Y los de la Ribera, si hubieran ganado las ‘sudacas’ en las que participaron y hubieran sacado ticket al país del sol naciente, quizá estaríamos hablando de otra cosa.

 

Podríamos quedarnos en las chicanas o... ir a lo relevante. Está bien, todas estas copitas son invento del marketing, ¡chocolate por la noticia! Esta, la del génesis de los trofeos y su peso específico, es una discusión divertida pero alpedística. Sí es relevante decir es que a diferencia de Boca, el mote de Rey de Copas está inscripto en el ADN del futbolero rojo. Como en ese cuento de Sacheri que narra las epopeyas del CAI frente a los brasileños, el pasado del hincha diablo rebosa de victorias al Santos de Pelé, al mejor Gremio de la historia o a los aguerridos equipos uruguayos que forjaron el concepto de la garra. El de Independiente hincha el pecho no tanto recordando las reiteradas y hasta aburridas victorias ante su clásico rival local, no tanto revisando sus títulos de cabotaje (que también están allí)... El hincha del rojo mayormente se emociona repasando maracanazos, reviviendo postales de Percudani inflando la red del Liverpool, y volviendo a ver a aquel Bochini sin fronteras a la hora de fabricar fútbol. 

Por eso a los del rojo sí nos importa gritar “Ha vuelto el rey”. Porque Holan supo devolver una identidad.  

Pero más importante es alegrarnos por nuestros propios méritos, sin fijarnos en el rival. Alegrarnos por la felicidad de no dejar de ser. De no dejar de ser nunca el Rey de Copas.