Opinión Sábado, 16 de marzo de 2019 | Edición impresa

La vaca - Por Jorge Sosa

Me pregunto, ¿qué sería de nuestra economía sin las vacas? Antes de Maradona, nos conocían por ellas.

Por Jorge Sosa - Especial para Los Andes

Hoy quiero, desde este humilde espacio, rendir un homenaje a las sacrificadas vacas argentinas. Creo que no hemos valorado bien lo que ha significado en la historia de nuestro país eso que es un animal todo forrado de cuero y tiene las patas tan largas, tan largas, tan largas, que le llegan hasta el suelo.

Les debemos un homenaje a los humildes cuadrúpedos por los cientos y cientos de millones que han sido inmolados para satisfacer nuestros placeres gastronómicos. No hay ni un mísero reconocimiento.

En todos los asados es tradicional el “¡un aplauso para el asador!” ¿Y para la vaca, que dio su vida en el intento? Nada, ni una limpiadita de diente. Nada. ¿Cuándo vamos a hacerle un reconocimiento al “ganado perdido”, aunque parezca una incongruencia?

¿Nos hemos preguntado alguna vez cuántas vacas mueren diariamente para darles sustento a nuestras parrillas?  Un amigo mío, bastante irrespetuoso en sus pensamientos, dice que a la vaca le usamos de todo (la carne, la leche, las entrañas, los cuernos) y encima, injustamente, arteramente, le sacamos el cuero.

No tiene empacho en afirmar, irrespetuosamente, que la vaca tendría que estar en el escudo nacional: en vez del palito y el gorro frigio, un tenedor enarbolando una costilla en medio de los laureles.   Yo me pregunto, ¿qué sería de nuestra economía sin las vacas? Antes de Maradona el mundo nos conocía por nuestras vacas.

Ellas formaron parte de nuestra historia y le dieron sustento a nuestro folclore. ¿Cómo hubiera sido posible el gaucho sin las vacas? ¿Qué hubiera arreado sin ellas: rabanitos, lechugas, lagartijas, “arre cebolla, arre, arrre”? ¿Cómo se mantendría vigente la exposición rural de Palermo sin los bovinos? ¿Qué trascendencia hubiera tenido “El arriero va”? Deberían borrarse varias páginas del Martín Fierro de no haber existido la vaca: “Vaca que cambia ’e querencia se atrasa en la parición”, “la vaca que más rumea es la que da mejor leche”, “hasta la hacienda baguala cae al jagüel con la seca”.  

Yo no sé cómo las asociaciones ecologistas, que andan tan preocupadas por otros bichos, no se preocupan por la depredación sistemática y cotidiana del vacaje. ¿Qué pasa? ¿La vaca no es un animal? ¿No está inscripta en el Registro Nacional de Cuadrúpedos? Muchos dirán que es un animal vulgar, sin prosapia, sin alcurnia y están equivocados, porque precisamente en estos momentos hay una princesa, Máxima, que está demostrando lo contrario.

Porque nadie puede negarme que Máxima viene siendo una holando- argentina.   Y ahora se ha puesto de moda una vaca occisa: Vaca Muerta, animal anónimo del 
cual nadie sabe su nombre ni cuales fueron las circunstancias de su deceso, aunque es nombrada habitualmente por los medios periodísticos, cuando a los medios periodísticos se les da por hablar de energía.

Tiene el gran inconveniente del fracking, un modo de extracción del petróleo que tiene un enorme cúmulo de detractores por la contaminación que conlleva.  Pero Vaca Muerta es una zona de Neuquén y de Mendoza, en donde tienen puestos sus miradas aquellos que piensan que con el petróleo nos vamos a salvar.  Otra vez la vaca, siempre la vaca, ¿Cuándo vamos a iniciar un monumento que le rinda tributo a tantos favores recibidos ¿Ah?