Opinión Miércoles, 16 de mayo de 2018 | Edición impresa

La tradición criolla con aroma de mujer - Por Aldo Gatica

En el rubro gastronómico el asado ya no es propio de los hombres.

Por Aldo Gatica - agatica@losandes.com.ar

Los entendidos en la materia suelen sugerir, casi al pasar, que en las reuniones de amigos no se debe hablar de trabajo. Sin embargo, eso parece formar parte de un cliché porque en la vida cotidiana las conversaciones sobre los ambientes laborales forman parte de una constante en nuestra sociedad. Por eso, cuando se arman las juntadas el grupo de Whatsapp es un hervidero de mensajes en los cuales ponerse de acuerdo no siempre es una tarea fácil. Hace poco me tocó vivir un momento único en el que la tradicional costumbre criolla de que el hombre es quien hace el asado quedó de lado. Sí, ahora ellas también ganan terreno en la parrilla y debo reconocer que el sabor de la carne no varió en casi nada con respecto a quien se encargaba habitualmente. Más de uno se quedó sorprendido. Ni hablar cuando la dama en cuestión se encargó de acercar la picada previa y cuando después de la sobremesa, ella misma tomó las cartas y repartió los naipes para elegir los sextos del truco. 

Toda una experiencia nueva, con leña o carbón, seguramente el sabor no será diferente. Así, el género masculino pierde terreno desde hace tiempo en este tipo de juntadas, donde las mujeres también pueden ponerse al frente de una parrilla y aunque parecía una infranqueable barrera, en la actualidad se demuestra lo contrario. Las damas ganaron su lugar y demostraron que no son criaturas incapaces de hacer semejante cosa. El sexismo puro quedó de lado. Esa habilidad de los hombres, que en algunos casos les era innata, es compartida. La territorialidad masculina sobre los hierros calientes forma parte del pasado y aquella evidente explicación de que las mujeres debían ocuparse de las pastas no era otra cosa que un pensamiento machista porque ellas pueden con muchas cosas y si no lo hicieron antes es simplemente porque no les interesaba.

Para que quede claro que la relación entre hombres y parrilla se trataba solamente de un prejuicio argentino, ahora no existe discusión a la hora de hacer un asado. La constante evolución de la cocina y el original interés femenino por la carne y el fuego hicieron que las mujeres entren en la discusión cuando se reparten las tareas del hogar. Aquello de que el sexo masculino representaba a una tradición criolla, pierde terreno. Las damas al lado de las brasas también forman parte de la representación primitiva y verdadera de la humanidad. Es que ya no se trata de que van al supermercado, hacen las ensaladas y luego lavan los platos. La evolución del mundo llegó hasta las decisiones de la parrilla. Es verdad que en algunos casos se puedan presentar matices distintos. Sin embargo se está haciendo una costumbre ver a mujeres hablando alrededor de una parrilla humeante y a hombres ocupándose de otras tareas mientras intercambian secretos con sus pares. 

Prender el fuego es una de las tareas más complejas de la preparación de un asado. Y cada asador tiene su método. Pero nunca me imaginé que en la reunión de la que participé me encontraría con una mujer experta hasta en esa arista. En un abrir y cerrar de ojos tenía listo todo para comenzar con su labor. Parrillitas en un balcón, reuniones alrededor de un chulengo: detrás de esas brasas siempre hay una mujer.