Espectáculos Domingo, 15 de abril de 2018 | Edición impresa

La lucha interna de una mujer

“Zara: ser incapaz de resistir el impulso a jugar”, es el unipersonal escrito y protagonizado por la correntina Lorena Busciglio.

Por Lorena Misetich - Especial para Estilo

Después de un mes de instalarse en Mendoza, la actriz correntina Lorena Busciglio ofrecerá la última función de su unipersonal “Zara: ser incapaz de resistir el impulso a jugar”, el drama con el que viene girando por todo el país, luego de actuar en distintas salas independientes de Mendoza, hoy se presentará en la Nave Universitaria. 

Busciglio hace cinco años dejó atrás su Corrientes natal para zambullirse en un viaje sin rumbo fijo con su compañía itinerante Germinal Teatro. Es así que recaló en varias oportunidades en nuestra provincia y estrechó lazos con la comunidad teatrera local. 

El yin y yang en escena

Lorena escribió, dirige y protagoniza este unipersonal que rompe con los clásicos tópicos del universo femenino para ahondar en un relato trazado por el poder, la manipulación y el juego.

En escena, cuenta la vida de Zara, una mujer envuelta en la trampa del azar, fascinada por la eterna posibilidad de una recompensa imposible.

Mientras que Yvonne es su reflejo invertido, la cara que no deseamos ver cuando lanzamos al aire una moneda, y es la encargada de conducirla a las profundidades del juego más perverso. 

Ambas mujeres, magnéticamente ligadas, son piezas indispensables de un paraíso infernal, del “edén del juego perpetuo” en la única posible escapatoria ante la insoportable angustia existencial.

“Son dos personajes diferentes y hay un desdoblamiento en la escena y una lucha constante entre los dos personajes. Tomé la ludopatía como punto de partida en la historia, porque es una situación tabú, un tema silenciado en nuestra sociedad y es cotidiano. Además una enfermedad que la sufren muchas mujeres y de bajos recursos”, cuenta la actriz de espíritu nómade, que indaga en una problemática actual poniendo foco en la interpretación de ambos personajes.

La adicción de Zara a las máquinas tragamonedas y su debilidad ante el juego son parte de la lucha de su otro yo, que busca sacarla de ese aparente inocente pasatiempo.

“A diferencia de la mayoría de los unipersonales realizado por mujeres, me corrí de ese universo femenino y me animé a tocar otros temas, aunque los personajes son mujeres. Por lo general, las actrices estamos encasilladas en ciertos temas”.

Fiel seguidora del teatro del director polaco Jerzy Grotowski, todas las luces están puestas en la interpretación del actor y sus posibilidades. Así presenta una puesta minimalista, con la utilería necesaria para desarrollar la historia y la música creada por Marcos Senno.

“Sigo la línea del ‘teatro pobre’, en el sentido del valor de la actuación antes de la puesta. Por eso utilizo muy pocos elementos en el escenario, porque creo en ese encuentro entre el actor y el espectador”.