Espectáculos Domingo, 13 de enero de 2019 | Edición impresa

La década sin él

Ayer se cumplieron diez años del fallecimiento de Sokol, integrante de Sumo y luego Las Pelotas. Peleó con sus demonios hasta el final.

Por Lorena Misetich - Especial para Estilo

Desgarbado, rebelde, contundente. Si los artistas buscan la trascendencia, como se cree, Alejandro Sokol supo cómo encontrarla desde el principio, cuando fue invitado por Germán Daffunchio, su amigo, a ser parte de la primera formación de Sumo

Mientras Stephanie Nuttal fue parte de Sumo, el “Bocha” pasó a tocar el bajo. Hasta 1983, cuando vuelve a la batería y se suma Diego Arnedo. “Corpiños a la madrugada” fue el único disco del grupo que lo tuvo a Sokol.

 

Nacido en el barrio de Hurlingan en 1960, desde joven mostró una personalidad distinta, fuera de la pose del típico rockero. En 1984 decidió abandonar Sumo y no se reservó los motivos: los excesos que rodeaban a la banda y a la figura de Luca Prodan eran una bomba de tiempo para él. “Nos dábamos con todo. Si no me iba me moría”, dijo alguna vez.

En esa etapa se alejó de la música para volcarse al misticismo. Por varios años estuvo recluido en la religión Mormona, como una forma de lucha con sus demonios internos, de los cuales nunca se pudo librar.

Luego de la muerte de Luca Prodan y la disolución de Sumo en 1987, Daffunchio lo invitó a ser parte de Las Pelotas y ahí comenzó a escribir un extenso capítulo en la historia del rock nacional.

Aquí pasaría a ser la voz y además el compositor principal del grupo, imprimiendo un estilo distinto como frontman. Un líder con pinta de marginal, pero con la dosis justa de caradurismo y sensibilidad para llegar a su público.

Con Las Pelotas logró un puñado de hitos en el rock nacional: tocar en el Estadio de River Plate, como teloneros de The Rolling Stones y editar nueve discos, donde su voz desgarrada era la reina del baile.

 

El recuerdo de Sokol es permanente. Desde sus ex compañeros hasta el público, que coinciden en que la banda, después de su salida, no volvió a ser la misma. Perdió ese costado directo y la estela de marginalidad que el “Bocha” daba. 

Dos años antes de dejar la banda, Sokol fue parte del regreso de Sumo. Un regreso inesperado e improvisado que se dio en Mendoza, en el marco del Festival Andes Vivo.

El encuentro unía a Divididos y Las Pelotas en el escenario y fue la ocasión justa para que Ricardo Mollo, Diego Arnedo, Germán Daffunchio y Alejandro Sokol tocaran cuatro temas de Sumo. “El Ojo blindado”, “Debede”, “Fuck You” y “Mejor no hablar de ciertas cosas” fueron los temas que sonaron en esa especie de antesala que fue la reunión de los ex Sumo en el Festival Quilmes Rock en 2007. Aquí Sokol fue la voz de ese mítico regreso.

 

Meses después, por diferencias internas cada vez más insostenibles, Sokol dejó Las Pelotas, la banda que lo tuvo como líder por veinte años. “La verdad es que la última época con Ale fue muy difícil, por muchos demonios internos, y se hacía muy difícil trabajar con él. El último tiempo venía muy poco a las grabaciones y naturalmente dejó de participar de un montón de cosas”, declaró en una entrevista a Los Andes Gabriela Martínez, bajista de la banda sobre la última etapa.

Lejos de Las Pelotas, le dio forma a El Vuelto SA, el grupo que creó junto a su hijo Ismael y con el que comenzó interpretando temas Bob Marley, David Bowie (uno de sus músicos predilectos) y Sumo. Con esa agrupación tocó en varios escenarios del país, e incluso uno de sus únicos shows fue en Mendoza, en el boliche Omero.

Tenía planeado grabar un disco, pero la muerte lo sorprendió el 12 de enero de 2009 en Córdoba, semanas antes de cumplir 49 años. Mientras esperaba el colectivo para volver a Capital Federal sufrió un paro cardiorrespiratorio, en la terminal de ómnibus de Río Cuarto. Estaba deshidratado, desprolijo y solo.

Hasta sus últimas horas no abandonó esa forma de moverse en la vida, de vivir al límite y en los laterales, esa estampa de hombre amigable pero directo y una vida signada por los excesos.

 

Errático

Alejandro Sokol buscó su lugar en la música hasta el final, cuando tramó una plataforma con su propio hijo. Allí prefirió refrescarse en las aguas clásicas del género, interpretando a Bob Marley y David Bowie.