Más Deportes Miércoles, 14 de marzo de 2018 | Edición impresa

Juego de tronos

Esta noche, desde las 21.10, aquí en Mendoza, Boca y River paralizan el país con una final que puede ser un golpe tremendo para el perdedor.

Por Redacción LA

Boca Juniors y River Plate volverán a mantener en vilo al país cuando definan esta noche la sexta edición de la Supercopa Argentina, en una final que no dará margen para conformismos ya que habrá uno de los “Gigantes” que se adueñará del trofeo y la gloria, mientras que el otro se retirará de Mendoza con un punzante dolor en el alma. Esta final tendrá como escenario el estadio Malvinas Argentinas, comenzará a las 21.10 y tendrá como árbitro a Patricio Loustau. 

Boca juega esta final por ser el actual campeón de la Primera División y River accedió a esta definición al ser el titular de la Copa Argentina 2017. Si al cabo de los 90 minutos la final culmina igualada, el ganador de la Supercopa, que nunca pudo ser ganada ni por Boca ni por River pese a que ambos totalizan cuatro finales, se definirá con remates desde el punto penal. 

Más de 1.500 personas, entre efectivos de la Policía mendocina, seguridad privada, Gendarmería Nacional y Policía Federal y del programa nacional “Tribuna Segura”, estarán afectadas al operativo de seguridad para este partido. 

Este River, lleno de dudas fubolísticas, bajos rendimientos y una moral liviana como un copa del algodón, espera esta definición como la posibilidad de salvar este pobrísimo presente, en el que sólo su participación en la Copa Libertadores le permite emerger de un denso sopor. El triunfo a River no le permitirá salvar el año, pero para Marcelo Gallardo y sus dirigidos ésta es la inmejorable chance dar un giro a esta realidad. 

Por el lado de Boca, la final merece como mínimo el calificativo de “incómoda”. En las huestes "xeneizes" todo es felicidad, los nubarrones son esporádicos, la única incógnita que parece asomar en el horizonte del equipo de Guillermo Barros Schelotto es la cantidad de fechas antes del final del certamen en que dará la vuelta olímpica.

Para este Boca, triunfador, opulento, lleno de confianza, con escasas dudas tácticas, más allá de relevantes ausencias, como las de Gago y Benedetto, este encontronazo con el rival de siempre es como “una piedra en el zapato” y sería una mayúscula mácula en este victorioso presente. La derrota en la noche mendocina resultará cara para cualquiera.

Será difícil de digerir ver como el “enemigo” futbolístico levanta la copa entre la algarabía de sus hinchas. Pasará a ser una pesadilla, que puede convertirse en un letal golpe al ciclo de Gallardo como DT riverplatense o la dulce actualidad boquense.