Espectáculos Domingo, 10 de febrero de 2019 | Edición impresa

José Mauro de Vasconcelos: el escritor de la selva

En 1980 el autor de “Mi planta de naranja lima” vino a la Argentina para presentarse en la Feria del Libro. Los Andes lo entrevistó.

Por Redacción LA

En mayo de 1980 el periodista Antonio Requini, entrevistó al legendario novelista brasileño José Mauro de Vasconcelos (1920-1984) quien, como otras veces, llegó a la Feria del Libro para presentar sus obras. En esta nota de Los Andes publicada el 25 de mayo, nos presenta al escritor en todas sus facetas. Repasemos un poco aquel reportaje hecho al autor de “Mi planta de naranja lima”:

Durante tres años seguidos, José Mauro de Vasconcelos el célebre novelista brasileño de “Mi planta de naranja - lima”, “Vamos a calentar el sol” y “Rosinha mi canoa”, entre otros difundidos libros, viene a la Argentina para participar en la Feria del Libro. Y es, todos los años, el autor que más ejemplares firma. En esta última oportunidad lo vimos hacerlo con curitas en los dedos, pues no se limitaba a estampar su nombre sino que dedicaba, a cada solicitante, una frase distinta y casi siempre extensa. Y  ello, varias horas por día. Tanto fue así que, al quejarse por el entumecimiento de sus falanges, le hicimos la broma de que, tal vez, debería haberse atado a lapicera a la mano, como hacía con sus herramientas de escultor, su compatriota El Aejaidinho.

 

Alto, fornido, siempre con su camisa deportiva abierta en el pecho y en actitud de franca cordialidad, Mauro de Vasconcelos destinó a Los Andes una tregua en que dejó de firmar dedicatorias. La vida estás llena de hechos inexplicables -nos dijo, en respuesta a la primera pregunta-. Yo no me explico como “salí” escritor. En mi familia no hubo escritores, aunque tuve, si, experiencias muy fuertes, que me conmovieron profundamente, y tal vez por eso me decidí a contarlas, recreándolas en mis libros. Mi padre era director de un hospicio y yo estuve en contacto con ese mundo tremendo y alucinante de la locura; dos hermanos míos se suicidaron. Y antes de abrazar la actividad literaria yo fui un buen nadador, jugador de fútbol, entrenador de boxeadores, pescador, maestro y enfermero en la selva amazónica. También considero inexplicable el éxito de algunos libros míos. En varias oportunidades me pidieron la receta para hacer un “best - seller” y no supe darla porque no la conozco.

Después del enorme éxito de “Mi planta de naranja- lima”, novela que se tradujo a quince idiomas y de la que se han impreso más de un millón de ejemplares, escribí dos o tres obras que seguían la misma línea y no pasó nada. En cambio “pasó” con otras como “Las confesiones de Fray Calabaza” y “Arara vermeiha”, que obtuvieron premios internacionales.

Nos informó luego que dos de sus libros fueron escenificados y se hizo una película con otro. Al querer saber cuáles eran los que prefería, de entre todos los suyos, expresó que era muy difícil establecer prioridades, no obstante señaló: “Las confesiones de Fray Calabaza”, “Rosinha mi canoa” y “La cena” como las novelas que había vivido con mayor intensidad cuando las escribía. 

 

Después, al referirse a la ejecución de sus obras, confesó que primero las concibe y las piensa, sin hacer apuntes, y “cuando la historia está enteramente realizada en mi imaginación, comienzo a escribir. Solamente trabajo cuando tengo la  impresión de que toda la novela está saliéndome por los poros del cuerpo. Y entonces todo marcha como en un avión a chorro”, nos dice, repitiendo conciertos que veríamos luego transcriptos en el prólogo de “Rosinha mi canoa”.

José Mauro de Vasconcelos nos habló luego de su última novela, que todavía no ha escrito pero está “rumiando”, hasta que llegó el momento de poner la primera hoja de papel en el rodillo de su máquina. Tratará sobre la vida y descendencia de una tribu indígena del Amazonas, pasaje que él conoce muy bien pues pasa largas temporadas en la selva. “Me he propuesto -dijo- no aceptar invitaciones, conferencias o cualquier otra actividad pública vinculada con la literatura durante los próximos años. Quiero ir a vivir y escribir junto a los míos, en la selva. No olvide que soy mestizo, de madre y padre portugués”.

Nos informó luego que él es algo así como el padrino o padre adoptivo de los doscientos dos miembros de la tribu de “los carajaes”, a quienes asiste, ayuda sanitariamente, educa y trata, según propia expresión, de que “no se contaminen con las enfermedades y las malas costumbres de los blancos”.

 

Por último, el novelista reconoció haber ganado mucho dinero con sus libros, lo que ha determinado proponerle a su editor brasileño de ahora en adelante, disminuir a la mitad el pago de sus derechos de autor para rebajar el precio de los libros y que éstos puedan ser así adquiridos por la gente de escasos recursos.