Espectáculos Jueves, 17 de mayo de 2018 | Edición impresa

Hijos como botín de guerra: venganza entre padres

Casos mediáticos dan visibilidad a una problemática sin límites adultos: los chicos como objeto contra los o las ex.

Por Analía de la Llana - adelallana@losandes.com.ar

Tomar a los hijos (pequeños o grandes) como objetos de venganza, saña o chicana hacia un/a ex esposa/o, es uno de los recursos más bajos y  egocéntricos que pueden tener los padres hacia los chicos.

Los mismos que pueden padecer trastornos físicos, evolutivos y de aprendizaje al verse en la mitad del fuego cruzado.

"Ya sea por cuestiones de dinero, estilos de vida diferentes, concepciones opuestas  sobre la educación o la crianza, los padres pueden llegar a  poner en peligro el bienestar interno de sus hijos, cuando se separan o divorcian si no se corren del centro de la escena y piensan en los chicos", argumenta la psicopedagoga Mónica Coronado.

Una situación vivida por muchos niños y adolescentes sobre los que la culpa, y tristeza hace estragos.

El caso mediático de la separación de Nicole Neumann, y Fabián Cubero, que vía redes visibilizan los diversos conflictos no resueltos de ambos lados, exponiendo muchas veces a sus pequeñas hijas, no hace más que ejemplificar escenas de las vidas de muchos hogares ¿Los chicos? Bien gracias.

Como explica Coronado "al no poder llegar hacia acuerdos superadores, los padres inmaduros  terminan por usar como proyectil a los hijos. Es decir, terminan pegándole al otro en donde más le duele, usando a los chicos".

Uno de los tantos casos que se anima a dar  testimonio en primera persona es el de Andrea. Una abogada divorciada hace 5 años, que analiza su propia torpeza y la de su ex a la hora de cerrar la historia con él.

"Lo importante es que los padres hagan acuerdos y si no pueden hablar que busquen un mediador".  

"Nos divorciamos por una cuestión de infidelidad por parte de mi ex. Tenía tanta frustración y rabia contenida contra él, que lo peor que hice fue evitar que viera a los chicos, llegar tarde a las citas que tenían para verse con su papá, e incluso pelear acusando a mi ex delante de los chicos. Sólo tenían 8 y 10 años. Algo que les generó (por nuestro egoísmo como adultos) problemas de conducta en el colegio, angustias y ataques de ansiedad. Cuando decidimos pedir ayuda terapéutica fue cuando pudimos dejar de hacerles, y hacernos daño. Me arrepiento todos los días de cómo nos equivocamos". 

Preguntarle a un niño a qué padre quiere más, es casi como ponerlos entre la espada y la pared, y en la situación a la que los exponen muchos padres cuando se separan. No hay respuesta o acción "correcta", es un rehén de sus propios progenitores que sólo lo usan como proyección de sus propios temas irresueltos

"Ningún niño puede elegir a un padre por encima del otro, eso sólo demuestra una acto mezquino por parte del papá y la mamá ¿A qué hijo le toca valorar desde su rol, lo mal o buena esposa que fue su madre, o lo pésimo o brillante que fue su padre? No puede ni debe dar ese juicio de valor, para que en función de eso quiera más o menos a uno que al otro", argumenta la psicopedagoga.

- ¿Es algo que se ve de manera recurrente?

- Sí y lamentablemente mucho. Sobre todos cuando los padres son sumamente inmaduros. Se ve en lo más cotidiano que pueda imaginarse y en cuestiones básicas. Por ejemplo cuando la madre o padre manda a su hijo limpio al colegio (luego de haber hecho los deberes con él, y organizando sus horarios para que no tenga sueño en clase), mientras que el otro progenitor, hace lo contrario cuando le toca a él. Es estar en la mitad de un fuego cruzado todo el tiempo porque toman al chicos como rehén de agresiones mutuas entre los padres. Entonces si algo no resultó entre los adultos, o continúa la hostilidad en la pareja, se termina encontrando un espacio de disputa por medio de los chicos".

Cuando la angustia habla

"Mi nena comenzó a los 11 años a hacerse pis en la cama. Hacía un año que habíamos firmado con mi ex pareja el divorcio y nunca llegué a pensar que fuera por ese motivo", cuenta Tomás,  arquitecto, padre de Alma.

“Para nosotros se hizo normal que mi ex mujer estuviera siempre complicada para cumplir las visitas, y que yo la increpara delante de mi hija. Un día una amiga en común que es psicopedagoga fue testigo involuntaria de un entrecruce en plena fiesta familiar. Entonces habló con nosotros y nos pidió que buscáramos ayuda. Eso fue lo que hizo que nuestra hija mejorara notablemente, y que nos diéramos cuenta del daño que le estábamos haciendo", relata.

Como indica Coronado, "lo importante es que los padres hagan acuerdos y si no pueden hablar que busquen un mediador: un psicólogo, amigo en común, o un abogado...Si no hay diálogo al menos debe haber entendimiento y acuerdo para no meter a los chicos en el medio, sino al margen. Dependerá de los padres y su nobleza el poder ser coherentes o no a lo que se comprometieron”.