Opinión Viernes, 9 de noviembre de 2018 | Edición impresa

Globalización amurallada - Por Juan Guillermo Milia

Por Lic. Juan Guillermo Milia - Especialista en Política Internacional

El proceso de la globalización no comenzó ayer con las burbujeantes botellas de Coca Cola, ni con los locales de "Fast Food", ni con el uso de los clásicos jeans. Para rastrear sus antecedentes necesitamos remontarnos unos cien mil años atrás, en el momento en el que el homo sapiens, que vivía en su cómodo refugio de África, abandonó aquellos lugares por razones poco conocidas, para extenderse por los territorios habitados por otros omnímodos hasta alcanzar los límites actuales del ecúneme; fue un proceso muy largo pero que alcanzó un resultado trascendental. 

Por primera vez, una misma especie de seres humanos habitaba el conjunto del planeta Tierra. De allí en más sólo queda una especie humana enseñoreada por todo nuestro planeta, lo que ninguna otra especie ha logrado jamás desde los orígenes de la vida hace más de 4 millones de años. 

Esta es la primera y única mundialización realizada por una sola especie, asegura el antropólogo Pascal Picq. 

Por su parte el geopoliticólogo francés Gérard Chaliand sostiene que la mundialización del mundo, la del mundo conocido, es un concepto relativo. Dando fe a aquel aserto se retrotrae al primer imperio del que se tiene constancia, el de Sargón de Acad y de su nieto, Naram Sin, por los años 2300-2200 a.C. que se extendía desde la Mesopotamia al Mediterráneo donde la mundialización ya se consideraba un hecho. Babilonia es la Nueva York de hoy. La mundialización se percibe por lo que era: proyección de poder, aumento de la riqueza y multiplicación del comercio. 

La guerra, sostiene Chaliand, ha sido casi siempre el camino de la expansión territorial. En caso de victoria, multiplica el poder y la riqueza del conquistador. Luego de reconocer la existencia de varias interpretaciones de lo que puede entenderse por mundialización, sostiene que la primera verdadera mundialización, a escala del mundo conocido, antiguo y medieval es indiscutiblemente la llevada a cabo por la expansión musulmana. Ésta, mediante la conquista militar controla un espacio que se extiende desde España hasta los límites de la India. Gracias a los intercambios comerciales, el mundo musulmán llega hasta Insulindia y los puertos de la China meridional. El Índico -dice- es la gran vía marítima de la mundialización de los siglos VIII al XV. 

La ruta terrestre conocida como "de la seda" es arrebatada a los musulmanes cuando irrumpen los mongoles a mediados del siglo XIII, destruyendo Bagdad en 1258. Estos llevan a cabo durante casi dos siglos una mundialización de carácter terrestre, mientras que el mar permanece en manos de los musulmanes hasta la aparición de los portugueses a principios del siglo XV.

Desde el punto de vista económico la mundialización se halla en el desarrollo de los intercambios entre las diferentes partes del mundo. Intercambios de mercancías, movimientos de población, flujos de capital como también circulación de ideas, de tecnologías, de procesos de producción, etc.

La mundialización, un fenómeno de evidente actualidad, hunde sus raíces como hemos visto en la antigüedad. La "historia -mundo", al decir de Hegel cuyo relato es a la vez el de una nueva organización del espacio político europeo, con la emergencia de los Estados-nación, y el de una constante expansión colonial. 

Tres hechos, dice Mamadou Diouf, forzaron a Europa a lanzarse al descubrimiento del mundo por vía marítima a partir del siglo XV: el elevado precio de las mercancías producidas e intercambiadas en el mercado chino, el control otomano del Mediterráneo más de las rutas terrestres orientales, y la intensa competencia entre los Estados y las naciones en vías de constitución.

La edad de oro del colonialismo europeo termina brutalmente con la Primera Guerra Mundial, que da lugar a las reivindicaciones anticoloniales y nacionalistas, siendo la descolonización su desenlace. Ésta inaugura una nueva aventura mundial, que dificulta o elude un universalismo cuyas fuentes y recursos exclusivamente europeos son objeto de fuertes objeciones.

Entre las primeras formas de globalización, los autores citan a la expansión marítima de los malayo-polinesios, que llegaron hasta la isla de Pascua y muy probablemente hasta el litoral americano y también al océano Índico poblando Madagascar, como así mismo a África. De estas portentosas aventuras han quedado múltiples señales objetivas. Sin embargo, no se derivó de ello ninguna conciencia común.

En el mundo actual, grandes murallas y barreras de distinta naturaleza ponen en entredicho la mentada globalización.

Lejos de un mundo sin fronteras, la realidad presente nos muestra un panorama en el que se yerguen muros y barricadas con el objeto de separar, impedir el ingreso, defenderse o protegerse de peligros reales o ficticios, representados en general por inmigrantes que buscan paz, pan y trabajo o huyen de guerras genocidas, que según manifiestan diversos autores y hasta el propio Papa, marcan los prolegómenos o el comienzo de la Tercera Guerra Mundial. Esas barreras, lejos de un mundo sin fronteras, característica esencial de un mundo globalizado, se asemejan más bien a las grandes murallas de las ciudades feudales. Por eso en el mundo contemporáneo, donde debían florecer los frutos de una democracia liberal coronando la inexistencia de muros o alambradas, se levantan, desafiantes, nuevas "murallas chinas". 

¿Cómo puede hablarse de un mundo mundializado, cuando con una prodigalidad que sorprende nuevos muros convierten en compartimentos estancos a países grandes o pequeños, pobres o ricos, democráticos o totalitarios? 

EEUU, paladín de aquella supuesta liberalidad, cierra su frontera Sur con un muro de 1100 km, de un costo que puede alcanzar los 8 mil millones de dólares, para no compartir su opulencia con los hermanos pobres del Sur. Israel en busca de una seguridad que sólo se puede alcanzar con la paz, aprisiona a los palestinos.

Pakistán se separa de Afganistán con 2400 km de barrera para protegerse de los talibanes. La India ha erguido una tensa alambrada para separarse de Pakistán, por una Cachemira que ambos reivindican desde 1947. Arabia Saudita, teocrática y totalitaria, separa su régimen de Irak por el Norte y de Yemen por el Sur. Los coreanos, dividen la península, reforzando la hermeticidad del paralelo 38 mediante una zona desmilitarizada e impenetrable. Brasil se defiende de los contrabandistas, mediante un largo muro entre Foz de Iguazú y Ciudad del Este. Botswana puso una alambrada electrificada de 500 km, con el pretexto de proteger su ganadería de la fiebre aftosa de Zimbabwe.  Casi todos los países de Europa del Este adoptaron medidas para impedir el paso de la enorme masa de desplazados del Medio Oriente, por la guerra que consume y expulsa poblaciones.

Es que sin equidad, solidaridad y amor al prójimo es imposible eliminar barreras que, en definitiva, buscan con gran egoísmo separar los bienes y la riqueza que deberían ser para goce exclusivo de sus pueblos. Los países desarrollados quieren asegurar para sí una vida placentera y hedonista, sin advertir que cavan su propia tumba.

EE.UU. se prepara ahora para repeler con el ejército a las masas de hondureños que avanza hacia su territorio.