+ Deportes Domingo, 3 de junio de 2018 | Edición impresa

Fernando Porretta, corazón de Lobo

El presidente de Gimnasia y Esgrima, pasó por la redacción de MÁS Deportes y no esquivó ningún tema en una nota para el recuerdo.

Por Juan Azor - jazor@losandes.com.ar

El primer llamado lo encontró mirando un partido de inferiores. Eran las 10 de la mañana del sábado y Fernando Porretta, el presidente de este Gimnasia que todavía saborea el ascenso, recién llegaba de un viaje al sur de nuestro país.  

Ante el pedido de una entrevista, y luego de contar que tenía una agenda agitada hasta la tarde, con más partidos de inferiores y una reunión con los hinchas para conocer inquietudes en medio, accedió a sentarse en un mano a mano para responder preguntas.

“No quise ir a ningún lado después del ascenso”, confiesa apenas pisa el segundo piso de Diario Los Andes. Son casi las 19 y aún no regresó a su casa desde que arribó a la provincia. En medio de la vorágine, el presidente del Lobo hizo un parate para charlar con Más Deportes. 

-Una semana ya del ascenso, ¿como estás?

-Tranquilo, no he festejado mucho. Como he dicho antes, para mí esto era una obligación para con el hincha y por eso no lo lloré como lloré otros ascensos o el descenso. Este ascenso lo sentí de otra manera; no sé como explicarlo.

-¿Cómo viviste este torneo? ¿Se pudo disfrutar?

-En el fútbol ningún partido se puede vivir tranquilo. Cualquiera le puede ganar a cualquiera. En el fútbol es difícil; podés tener un mal día y perdés. Justamente vengo de las inferiores y me decía el coordinador “llegamos 40 veces y ellos 2; perdimos 2 a 0”. De las seis categorías ganaron cinco y una, la mejor, perdió.  No convertimos  y el rival si. Entonces decís, el fútbol no es fácil.

-Estás desde temprano viendo las inferiores; es raro que un presidente acompañe todas las categorías y que el club no lo cuente...

-Si, porque no estamos permanentemente comunicándolo. El día viernes previo a la final, viaje con los chicos de inferiores en colectivo a San Luis y llegué el sábado. Me gusta el tema de las inferiores; ahí está el futuro. Se puede ver que cosas hay que mejorar y cuales son esos chicos que pueden llegar. Si estas cerca podés ver que cosas faltan y que obras de infraestructura hay que realizar.

-¿Qué te pasó con el ascenso de Central Córdoba (SE)?

-Cuando pasó lo de los santiagueños con Estudiantes de Río Cuarto no sentí nada especial. Si tenía todas las esperanzas de ganarles cuando jugamos de local; ese partido para mi era el que había que ganar, jugando en casa y con nuestra gente y apenas empatamos. Ahí me quedé preocupado; sentí que había un bajón en el plantel. Ese partido era donde el plantel debía demostrar que estaba a la altura de las circunstancias y que querían ser campeones. Si ganábamos ese partido, con un empate en Río Cuarto ascendíamos. Ahí hablé con Marcelo (Fuentes), me explicó que pensaba y ahí fue la primera alarma que sentí. 

-Luego llegó el duro golpe que significó la derrota en Río Cuarto...

-En el partido en Río Cuarto sentí que no hicimos nada de lo que veníamos haciendo. Encima se dio la reacción de Marcelo (NdR: se fue expulsado por exceso verbal con el árbitro). Lo vi raro a ese partido, como que estábamos dudando. No vi la personalidad que habíamos mostrado en otros encuentros y notaba dudas.

-Y deciden la salida de Marcelo...

-El trabajo de Marcelo fue impecable en números y en juego. Si creo que nos pasó lo mismo que el año pasado; cuando perdimos en Salta y nos quedamos sin definir el ascenso con Agropecuario. Pensaba que otra vez nos iba a pasar lo mismo.  Veíamos que había un bajón por perder el primer ascenso y por eso tomamos la decisión de hacer un cambio de aire. Decidimos que fueran Lechuga (Darío Alaniz) y Martín  (Abaurre) porque conocían al plantel, llevaban mucho tiempo en el club  y gracias a Dios tuvimos final feliz. 

-¿Qué es más difícil de manejar: el club o la empresa?

-Es mucho más difícil el club. En la empresa vos tomás decisiones sobre tus cosas, tus recursos... El club no es tuyo. El dirigente que crea que porque hace bien las cosas es dueño del club, está equivocado. Te da mucha más responsabilidad tener que rendir examen a gente que es hincha y que observa cómo trabajas. Todos quieren que hagás las cosas bien y que cumplás con ellos. En la empresa es muy distinto; son resultados y es tuyo.

-¿Y a la hora de tomar decisiones?

-Soy de consultar mucho. Por ahí el tiempo que llevo como dirigente me ayudó a aprender un montón de cosas. Hoy soy más inflexible con algunas cosas porque el club ha crecido mucho. El club ha recuperado un espacio donde nos hacemos respetar.

-Tuvieron un crecimiento notable en los últimos años...

-Fue muy difícil levantarnos del descenso y la final perdida en casa. Cuando te acostumbrás al éxito es muy duro cuando te caés, pero sirve para ver si realmente estás capacitado para seguir en la conducción. Creo que ahí respondió muy bien la dirigencia, siempre con el acompañamiento de los hinchas y los socios. La base del club, desde que estamos nosotros, es la familia. Es el pilar que sostiene en todo momento al club. 

-Justamente la familia ha copado todos los rincones del club en los últimos años...

-Me pone muy contento ver  a tantos chicos copar las instalaciones. Por eso necesitamos sumar infraestructura y que la familia siga acompañando. Ese es el trabajo más importante que tiene el club. ¿Si estoy contento? Lo estoy por el ascenso, pero estoy mucho más contento por lo que crece día a día el club, viendo a tantos chicos en handball, futsal, hockey, padel... Queremos seguir sumando infraestructura para darle más espacio a la cuestión social. 

-Llevás seis años en el club, ¿te imagino desgastado?

-Y sí. Uno no se da cuenta, pero no hacíamos de local cuando llegamos; jugábamos en Andes Talleres. Metimos mucho en infraestructura. Lo ves ahora y no te acordás como estaba antes, pero pasamos muchas cosas. No me gusta hablar de lo mucho que hemos hecho; prefiero que la gente vaya a ver como crece el club o que en seis meses note ese crecimiento.

-¿Cómo te atrapó la pasión por el Lobo?

-Mi abuelo era de Gimnasia y yo había ido dos o tres veces en la época de Quintana y Zolorza. Después no volví más. Cuando estaba haciendo el estadio Polimeni, en Las Heras, el “Cuta” Morán, (exjugador de la entidad) me dijo que tenía que ser presidente de Gimnasia y me regaló una camiseta. Yo le dije que estaba loco. Un tiempo después vino Carlitos Cano y así volví a ver el equipo en el Federal B y me entusiasmé. Ayudé en la gestión de Jorge Calle y así fue como hoy soy presidente. 

-¿Donde mirás los partidos?

-Debajo del árbol, en el sector que está entre el sector visitante y la platea local (NdR: cerca de los viejos camarínes). Ahora vamos a tirar la tela para ver mejor porque no se ve nada (risas). En la final le preguntaba a uno que tenía ahí cerca por una de las expulsiones porque no había visto nada. Ahí veo los partidos con mi hijo Lucas. Sin embargo, el peor lugar para ver un partido fue en San Francisco; nos pusieron en un palco pero a ras del piso y llovía como loco. No vimos nada. 

-En los festejos pasaste a saludar y te fuiste rápido...

-Lo dije antes; saludé con mucho respeto pero no lo festejé. Es más, no fui a comer con el plantel. Es cierto que a las seis de la mañana viajaba y eso también me condicionó. Comí solo con la familia en la casa y estaba durmiendo a las doce de la noche. No fue de mala onda, sino que no sentía festejar. Sentía que estaba en deuda. Yo hago lo que siento. 

-¡Empezaste a levantar pagarés!

-Hay veces que sentís ganas de llorar, de gritar o celebrar, pero en este caso sentí que había cumplido algo y nada más. Era difícil conseguirlo y cuando se terminó, mi sensación es que había cumplido con el hincha. Es más, cuando ascendimos a la B Nacional tenía decidido irme, pero cuando descendimos, me quedé para volver. 

-¿Te arrepentís de algo?

-Obviamente. Por ahí ha sido la inexperiencia y es como todo. ¡Los primeros años no sabes nada! Son momentos que van pasando y aprendés cosas.  No se si me arrepiento de muchas cosas, pero hoy no las haría. Lo comparto mucho con los dirigentes. Hay cosas que todavía tenemos que mejorar.

-Palacios Alvarenga dijo que se queda y hay que dar el salto a Primera División...

-¿Si? (Risas) Vamos a ver si cumple, porque me parece que con las ofertas que han llegado se va a querer ir. Hay una oferta de Primera División y otra que creo es de México. Lo que él quiera, nosotros lo aceptaremos. El año pasado, cuando tenía ofertas de Primera, yo no quise que se fuera y le ofrecimos contrato por más años y quedamos con él que si este año se tenía que ir, nosotros no le íbamos a prohibir nada. Si tiene una oferta y es bueno para él y para el club, nosotros no vamos a impedirlo. Obviamente queremos que se quede. Queremos que se queden algunos jugadores que están a la altura. Un ascenso de categoría hace que el esfuerzo de hinchas, socios, jugadores y dirigentes quede de manifiesto”. 

Su continuidad como Presidente

En la semana se conoció que Porretta podría no continuar al frente del Lobo, por lo que las redes sociales explotaron pidiendo para que siga. Cientos de hinchas expresaron su agradecimiento con el directivo.

-Los hinchas ya te hicieron saber que no quieren que te vayas...

-Pasa que es un desgaste muy grande. La idea es seguir; ganas tengo. No me gusta hacer las cosas a medias. La verdad es que estoy cansado, pero me encanta el club. Soy un agradecido al hincha que me demuestra ese afecto, que me pide que me quede, que no me vaya. Se vienen las elecciones en breve y vamos a armar una nueva Comisión con los que están más los que se quieran sumar. Esto también es para todos aquellos que quieran acompañar y aportar su granito de arena al club. Vamos a dar hasta donde nos alcance. 

”Un wing derecho muy calentón”

La pasión por el fútbol lo llevó a presidente de uno de los clubes más grandes de la provincia, pero antes, cuando todavía no pensaba siquiera esa posibilidad, despuntaba el vicio con amigos.

-¿Sos futbolero, de jugar con amigos?

-Soy muy futbolero, de jugar mucho. Me gusta. En casa tenemos una canchita con arcos y jugamos con mi hijo y mi hermano, que es un gran jugador de futsal. Cuando era más chico jugaba de wing derecho.

-¿Eras calentón?

-(Risas). Sí, era muy calentón. Que no me escuchen mis amigos, pero nunca podía perder. Nunca. Me volvía loco.