Espectáculos Domingo, 25 de noviembre de 2018 | Edición impresa

Enrique Dussel: "Yo no soy ideólogo de ningún partido"

El filósofo mendocino, uno de los pensadores claves del continente, visitó Mendoza para recibir el doctorado honoris causa de la UNCuyo.

Por Daniel Arias Fuenzalida - darias@losandes.com.ar

Recuerda que, en la Facultad de Filosofía y Letras, una vez una feminista le dijo: “A usted lo van a odiar más por esta clase de afirmación de lo femenino que por lo que pueda decir en política”. Enrique Dussel (La Paz, Mendoza, 1934) había escrito a principio de los ‘70 el ensayo “Liberación de la mujer y erótica latinoamericana”, donde planteaba la necesidad de que las mujeres descubrieran “ la realidad que la cotidianidad de la dominación oculta”. Y había pensado la desigualdad del género, además, desde una perspectiva latinoamericana, anticipándose en muchos años a otros académicos. 

Ese ensayo era, sin embargo, un tomo más en la gran meta de sus indagaciones teóricas. “El otro tiene muchos rostros”, asegura ahora, sentado con Los Andes. La mujer es uno de ellos. 

Gustavo Rogé / Los Andes

Dussel es filósofo, historiador y teólogo, figura clave de ese gran movimiento, la Filosofía y la Teología de la Liberación. Es, además, mendocino, aunque desde hace 40 años vive en México. No es errado decir también que él es uno de los filósofos contemporáneos más leídos, porque su pensamiento (explicado en unos 50 libros) va en sintonía con los grandes debates filosóficos actuales: el Otro, una vez más.

Ahora, a sus cuatro doctorados honoris causa, acaba de sumar el que le dio su “alma máter”, la Universidad Nacional de Cuyo, que lo vio formarse, enseñar y partir finalmente al exilio. La entrega fue el viernes 16 de noviembre, y fue impulsada por la Faculdad de Ciencias Políticas y Sociales. 

Después de su historia personal (un atentado con una bomba en su casa, en 1973; la expulsión de la universidad, en 1976), Dussel considera que este reconocimiento adquiere sentidos también de desagravio.

Gustavo Rogé / Los Andes

"Yo siempre, en todas partes, me digo no solo 'mendocino', sino 'paceño'. Me gustan los lugares que se parecen a donde nací y viví mis primeros años. Esa austeridad casi desértica de La Paz la encontré después en la meseta española, y después en los grandes desiertos de Arabia. Nunca había pensado en irme de Mendoza. Después de la Dictadura, yo no tuve ninguna duda de volver a Mendoza, porque era mi lugar. No pensé en Buenos Aires, no pensé en el extranjero. Por eso fue muy duro tener que partir. Es duro. Es el exilio", explica. 

De todos sus libros, declara que se siente orgulloso especialmente de "Filosofía de la Liberación" (hoy uno de los imprescindibles "Breviarios" de la editorial Fondo de Cultura Económica), donde sintetizó su pensamiento apenas llegó a México. En ese libro ya está condensado lo que sería su teoría en los años venideros: "Ahora -agrega-, si tuviera que elegir una obra un poco más extensa, serían los 5 tomos de 'Para una ética de la liberación latinoamericana', que escribí como profesor de ética aquí. Ahí descubrí muchas cosas y está expresada mi primera visión sintética original", completa. 

-El miércoles pasado participó de la asamblea de la CLACSO en Buenos Aires, llamada la “Contracumbre”. Su simposio trae el tema del Papa Francisco, ¿piensa él toma insumos de su filosofía?

-La CLACSO (Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales) cumple 50 años. al mismo tiempo que se cumplen los 50 años de Medellín, que fue un gran encuentro de obispos (donde vino por primera vez en la historia un papa europeo, Pablo VI) y ahí surgió una gran epopeya de la Iglesia católica y protestante de compromiso con los movimientos populares. Yo escribí sobre eso en "De Medellín a Puebla: una década de sangre y esperanza, 1968-1979". Fue el diseño más impresionante de la iglesia progresista del continente americano. Me pusieron como filósofo e historiador de ciertos aspectos del cristianismo latinoamericano en ese simposio. Y, por casualidad, se habla del Papa.

Bergoglio es un jesuita, y él vivió en un local de los jesuitas, que es el Colegio Máximo de San Miguel. En ese colegio, con Juan Carlos Scannone, gran amigo, empezamos en 1969 las Semanas Académicas de San Miguel. Ahí se originó una visión latinoamericana y, para mí, también de la Filosofía de la Liberación. Bergoglio en esos años vivía ahí. Entonces, escuchó lo que iba aconteciendo. Y Scannone inspiró mucho del pensamiento del papa. En cierta manera, pienso ser uno de los maestros del papa: en tener una visión positiva del pueblo latinoamericano, no de la élite, del bloque del poder, del Estado o la Iglesia Triunfante, sino la Iglesia de los pobres, comprometida con los oprimidos, campesinos e indígenas. El Papa Latinoamerican está marcando un sello fuerte a la Iglesia Universal. Tiene experiencia que los norteamericanos y europeos no tienen, y que es válida también para África y Asia. Entonces sí, está siendo un papado diferente. 

Enrique Dussel

-¿Usted coincide con otros filósofos en que el gran tema de la actualidad es el Otro?

-Bueno, pero casi que nosotros inventamos eso: cuando hablamos de la alteridad, del pobre, del compromiso revolucionario. Y no negamos la impronta cristiana del pueblo latinoamericano. Si yo hubiera nacido en El Cairo, sería musulmán. Y si hubiera nacido en China, sería confuciano. Pero que no se me acuse de creyente, y menos de clerical. Creo que voy al fondo del pensamiento del pueblo latinoamericano. Por eso, entonces, hemos cavado en esa tradición muy profunda, y de una manera significativa para el mundo. 

Pensar el compromiso religioso crítico desde el punto de vista del pueblo puede dar una teología de la liberación musulmana, taoísta o cristiana. La nuestra es cristiana. Pero es de la periferia, y no del centro. Nos tornamos rápidamente centro de los poderes metropolitanos desde la periferia, pero eso filosóficamente lo piensa nuestra filosofía. Parménides dice: “El ser es. El no ser, no es”. Obvio, diríamos. Pero lo que pasa es que para Parménides el ser era griego, y el no ser era lo asiático y lo europeo, que eran bárbaros. Para ser humano había que ser un viviente que habitase la polis griega, y si usted no es griego, pues no es ser humano pleno. El centro metropolitano imperial de toda la modernidad es eurocéntrico, y nosotros empezamos a pensar críticamente eso, propagándose después a África y a Asia. 

-Sin embargo, la cuestión del Otro se ha complejizado con las nuevas tecnologías, e incluso con la inmigración. Da la sensación de que nunca antes el Otro estuvo tan cerca pero a la vez tan lejos.  ¿No lo ve así?

-El Otro, primero, es otro ser humano, y en especial el pobre, que extiende la mano y dice: “Tengo hambre”. Yo, que no tengo hambre, soy culpable de su hambre, porque soy un privilegiado. El Otro se manifiesta, para Emmanuel Lévinas, como el pobre. Pero eso es en la economía. En el género, el Otro es la mujer. El Otro puede ser también el extranjero. El boliviano, por ejemplo. El Otro son muchos rostros. Y claro que hay una tecnología dominadora y mil problemas que se pueden ir presentando. Eso es lo que lentamente he ido escribiendo. 

Gustavo Rogé / Los Andes

-¿Cómo ve el panorama actual de la inmigración, que es la irrupción del Otro en la vida cotidiana?

-Es un tema central en todo el mundo. Por primera vez, los miles que van desde Centroamérica y México a Estados Unidos han formado masas organizadas en perenigración. Parecen los esclavos de Egipto yendo a la tierra prometida. Nunca se había dado de esta manera, es una novedad, igual que la elección de López Obrador. Mientras, surge un personaje muy extraño en Brasil, y ustedes tienen otro extraño en este país...

En este momento tenemos una nueva posibilidad. Europa está sacudida por la presencia africana del sur y árabe que viene desde el este. Llegaron como un millón de sirios a Alemania, ¿pero por qué llegaron? ¡Porque les destruyeron Siria! ¿Y quién la destruyó? Pues los bombarderos norteamericanos, con armas pagadas por Arabia Saudita y organizadas por el sionismo (no digo el pensamiento judío, sino el sionismo). Los norteamericanos y los europeos han destruido el Medio Oriente persiguiendo el petróleo, y ahora se quejan de que la gente les venga. Solo salen del infierno que le armaron, para ir a la “tierra prometida”. 

-¿No mira con temor el surgimiento en sintonía de los llamados neofascismos?

-Es una etapa de la humanidad. Pero de la humanidad de este lado, porque Asia sigue creciendo sin estos problemas. De la India para el Este, donde está más de la mitad de la humanidad, se crece. Los problemas los tenemos de este lado. Estamos en un proceso de derechización propio de un reflujo a políticas que no han advertido las consecuencias. Destruir al contrario parecía muy fácil, pero se volvió un bumeran. Ahora están sufriendo lo que vuelve. 

-A usted se lo relaciona con los gobiernos populistas latinoamericanos, ¿qué piensa de eso? 

-El filósofo no es ideólogo de un partido. Nunca fui ideólogo del peronismo ni de ningún otro partido. A mi maestro, Paul Ricoeur, gran filósofo de La Sorbona, una vez le pedimos una conferencia sobre la función de la filosofía en la política y él entonces dijo: “El filósofo nunca puede ser miembro de un partido, en el sentido de un filósofo que justifique acontecimientos cotidianos o a veces errores. No, el filósofo va a apoyar en sentido ético, y cuando se equivoque hará una crítica medida”. Yo no soy ideólogo de ningún partido. 

La Filosofía de la Liberación piensa desde los pobres para corregir el sistema y permitir que avance a un sistema mejor. Pero una situación de retroceso de América Latina es vista por el filósofo no solo como posible, sino como inevitable. Se avanza y se retrocede. Es parte de la historia. Sí, estamos un paso atrás, pero ya vendrán los dos adelante. Y ya se está incubando, porque el pueblo está sufriendo. Y parece que el pueblo, de la única forma que aprende es sufriendo. El pueblo debe tener ojos propios y saber discernir lo que es verdad de la propaganda y la ideología encubridora. El anterior gobierno no era perfecto. Ninguno es perfecto, y no puede haberlo tampoco. Somos humanos, no divinos. Pero sí, hay gobiernos mucho peores y otros mejores. 

Gustavo Rogé / Los Andes

-Suele decir que los tiempos en la historia son largos...

-Pero tampoco tanto. No es un siglo. Esto va por dos, tres, cinco años. Hay otros procesos más profundos que sí pueden durar siglos. La superación de la Modernidad y sus traumas va a durar un siglo, pero la salida de los gobiernos de derecha, que aplican formulas my fáciles (aumentando la deuda con el FMI, por ejemplo) reciben el castigo a corto plazo. 

-¿Se ha preguntado cómo va a ser la humanidad dentro de un siglo? 

-Va a ser distinto, porque dentro de un siglo, según se va produciendo la destrucción de las condiciones de reproducción de la vida, si la humanidad sigue en este proceso va a haber una hecatombe ecológica. Y un factor apenas, como el aumento de la temperatura en dos grados, puede provocar el deshielo de los polos y la muerte de media humanidad. No hay que ser muy sabio para preverlo. La naturaleza parece ahí quietita y lejana, pero es implacable. Al que no cumple con sus leyes, le baja como una espada de Damocles y le atraviesa la cabeza. La naturaleza no viene ni con chistes ni con promesas. Estamos mal. Estamos destruyendo las condiciones de reproducción de la vida humana, y esto es un límite absoluto.

El sistema actual, capitalista y tecnológico, no sabe cómo pararlo. O la tasa de ganancia es el criterio o la afirmación de la vida me pone en cuestión el sistema económico. Y ya no del socialismo (porque el mismo socialismo tampoco tenía mucha conciencia ecológica). Vamos a otro sistema más allá de la Modernidad. Va a ser una humanidad menos numerosa, mucho más económica en su consumo y mucho más ocupada por vivir la vida en lugar de programar un progreso ficticio que, por último, ni me deja vivir. Yo la llamo la transmodernidad

El problema no es el capitalismo, el socialismo, el liberalismo... esos son epifenómenos. En el fondo, es la Modernidad misma, que malentendió la naturaleza y la hizo un ente explotable, siendo nosotros parte de ella. No como un objeto, sino que estamos dentro de ella. Deberíamos pensarla como los pueblos originarios, como nuestra madre. "Madre" es una metáfora, pero una metáfora con sentido científico. Somos fruto de la naturaleza porque la vida es un fruto de la naturaleza y tuvo una evolución de la tierra. No es una metáfora que sea mi madre. Y si la mato, me suicido. La humanidad, con su gran proyecto de paraíso norteamericano de consumo irracional (Estados Unidos gasta el 30 por ciento de la energía de la tierra, siendo el 7 por ciento de la población) es criminal. Si imitamos su modo de vida necesitaríamos cinco tierras. No se puede, no funciona. Estamos locos. O nos suicidamos o cambiamos. 

Gustavo Rogé / Los Andes

-¿No será demasiado tarde?

-La humanidad, antes de desaparecer, va a cambiar, pero quizás con el 10 por ciento que le queda. Vamos a tener que dejar atrás el capitalismo (pero también el socialismo y, fundamentalmente, la Modernidad) por una vida más humana, más medida, menos consumista, y con más tiempo para soñar, para vivir, para pintar, para pescar, como decía Marx: para ser feliz. La filosofía de la liberación dice que sí: iremos a otra civilización, o nos suicidaremos. Y no es una posibilidad, es inevitable. Estoy hablando apodípticamente: o cambiamos, o desaparecemos.