Opinión Sábado, 3 de marzo de 2018 | Edición impresa

En recuerdo de Martha Páramo - Por Raúl Romero Day

Por Doctor Raúl Romero Day - Presidente de la Junta Histórica de Mendoza

La Junta de Estudios Históricos de Mendoza permaneció cerrada y con bandera a media asta durante tres días en señal de duelo por el fallecimiento de la doctora Martha Susana Páramo de Isleño. 

Estos signos pretendieron ofrecer un primer tributo y señero homenaje a la académica galardonada, a la intelectual destacada, a la mujer luchadora, al alma comprometida y a la amiga solidaria que fue la primera mujer presidente de la institución.

Numerosísimos son los trabajos, los aportes, los desafíos y las enseñanzas que nos lega con su partida. 

Muy diversos son los puestos docentes que ocupó, incontables las entidades que integró y varios los cargos administrativos que desempeñó, pero lo significativo es que en todos dejó su huella inconfundible, tanto como doctora en Filosofía y Letras especialidad Historia, o Profesora Extraordinaria Consulta de la UNCuyo, o como miembro correspondiente de la Academia Nacional de la Historia y de la Junta de Historia Eclesiástica Argentina, o como miembro del Comité Internacional de Ciencias Históricas, o integrante del Instituto Argentino de Estudios Constitucionales y Políticos, o como poseedora de la Distinción Legislativa "…    en reconocimiento a su trayectoria y destacada actuación en la docencia e investigación histórica", otorgada por las Cámaras de Diputados y Senadores de la Provincia de Mendoza, entre muchas otras membresías y distinciones. 

Su marca indeleble también se exhibe en sus monografías, artículos, ensayos, libros y capítulos de libros publicados que refieren a temas de historia nacional y regional y abarcando tópicos como Convenciones Constituyentes, economía, la campaña al desierto, las relaciones entre la Iglesia y el gobierno, el periodismo mendocino, el clero, etc. 

No debemos olvidar tampoco el sello impreso en su actividad como investigadora y como directora de proyectos de esta índole, lo que le significó, entre otras cosas, que se la nombrara miembro de la Comisión de Cultura, Patrimonio e Historia en el marco de la Ley Provincial Nº 7876.

Así, su marca y su impronta han quedado grabados en las instituciones de las que fue parte y en las personas que conoció. 

Su indudable espíritu docente se transmitió en sus clases, en sus conferencias y en su obra, pero también demostró sus cualidades como maestra de la vida y profesora de la muerte. 

Vale esta última aclaración en mérito a la serenidad y templanza con la que aceptó su último destino y esbozó su postrer adiós. 

Razón por la cual sería tedioso hacer una enumeración completa de los logros de una vida admirable, inmensamente repleta de ellos, porque si bien para ella la vida intelectual, las contribuciones a la cultura y la búsqueda de la verdad histórica fueron importantes y significativas, entiendo que mucho más trascendente es resaltar su temple y su increíble calidad humana. 

Realmente con su partida se ha roto el molde de una mujer excepcional; de una esposa, madre y abuela presente y dedicada; de la creyente defensora y pregonera de su fe, no sólo en palabra sino también en acción; de la erudita; del espíritu cultivado; de la personalidad generosa; de la amiga sincera, y de la trabajadora incansable.