Opinión Miércoles, 14 de marzo de 2018 | Edición impresa

El vino en su laberinto - Por Arturo Lafalla

Por Arturo Lafalla - Ex gobernador de Mendoza

Como siempre en Vendimia nuestra actividad madre es motivo de análisis, críticas, elogios por diversos actores.

Este año me pareció percibir la acentuación en algunos conceptos sobre los que pretendo ofrecer otra mirada para incentivar el debate.

Hubo coincidencias en la necesidad de atender a la demanda y detener la caída del consumo de vinos, tanto en el mercado interno como en el externo. Coincidimos en que éste es el principal y más grave problema de la actividad. El punto central entonces es identificar las principales causas de esta caída.

El mercado externo

Con el dólar "Néstor Kirchner" las exportaciones (con vinos de la misma calidad que el que se exporta actualmente) venían subiendo a dos dígitos anuales: llegamos a los 1.000 millones de dólares en 2012 (110 en 2002) con lo que a ese ritmo en 2020 habríamos superado la meta propuesta por el Plan Estratégico que gestiona la Corporación Vitivinícola (Coviar). Con el dólar "Cristina" las exportaciones se amesetaron a un dígito y, en la medida en que el atraso cambiario persistió, con el dólar "Macri", pasamos a perder mercados.

Con estos datos se me ocurre pensar que la principal causa de la caída de las exportaciones es fundamentalmente el precio del dólar. Es claro que esto no es responsabilidad de bodegueros, enólogos, viñateros o la Coviar; es responsabilidad del poder público. 

El mercado interno

La plaza local también está en decrecimiento pero con trayectoria muy distinta a la anterior. Hubo una gran caída de los 90 litros a los 20 y pico que es un fenómeno mundial, complejo e irreversible. De lo que hablamos aquí es de la contracción de 25 a 20 litros per cápita. Cabe recordar en primer lugar que llevamos tres años de caída del consumo en todos los productos que integran la canasta básica de alimentos y el vino no ha escapado a esa situación.

En un análisis de precios salta a la vista que el precio del vino en góndola subió por encima de todos los otros alimentos, especialmente en comparación con la cerveza y las gaseosas: el vino básico -comparando segundo semestre '17 vs mismo período '16- subió 80% su precio, mientras que el porrón/lata de cerveza sólo incrementó su precio 11%. ¿Qué nos pasó? En este punto todos los actores de la actividad tenemos que hacer un severo replanteo. Las causas de esos aumentos ¿son fruto de ineficiencias de alguno de los integrantes de la cadena, de los costos de insumos, de la comercialización? ¿O de la inflación? Lo cierto, creo, es que el aumento de precios es la principal causa de la caída del consumo de vinos en el mercado interno.

La necesidad de innovación

He escuchado que con mucho énfasis se insiste en la necesidad de innovar tanto en el producto (vino) como en las estrategias de marketing.

Nadie sensato, e intento serlo, hoy negaría la incidencia de la innovación, en todos los ámbitos, y lo determinante del marketing en cualquier actividad económica de producción de bienes de consumo masivo. El tema es la medida, y se me ocurre sugerir que en ese discurso pro innovación hay una cuota de exageración con respecto a la actual caída de las ventas que podría llevarnos a equivocarnos una vez más. Resulta una obviedad decir que el vino no es comparable a cualquier otro producto de consumo masivo y de producción compleja. No lo podemos comparar con los electrodomésticos ni con los alimentos que casi no tienen valor agregado (frescos). Tampoco con las gaseosas colas ni con la cerveza. Me pregunto, entonces, si podemos innovar sin perder el foco en la necesidad de mejorar constantemente la calidad de nuestros vinos, especialmente los de consumo masivo.

El turismo del vino

Nunca he visto un folleto de turismo que incluya la visita a una planta de Coca Cola, o fábrica de electrodomésticos y sí a bodegas. El turismo en Mendoza es una de las actividades económicas de mayor y más sostenido crecimiento. ¿Hubiera sido esto posible sin las bodegas y el vino, tal como están, nuevas o viejas, pero bodegas, no fábricas de vino?

Analizar el mercado del vino sin incluir el turismo que genera es, en mi opinión, un error de conocimiento importante que nos llevaría a conclusiones equivocadas.

Las posibilidades de crecimiento del consumo tienen dos grandes limitantes: las superficies de vid cultivadas y con posibilidades de ser cultivadas y la capacidad de consumo de cada persona, lo que no ocurre con el turismo.

Las responsabilidades 

A título de hipótesis sostengo entonces que el problema más importante de nuestra actividad madre hoy es la inflación, el atraso cambiario y los desequilibrios e inestabilidades macro económicas que supimos conseguir con todos los gobiernos conocidos.

Es el sector público (oficialismo y oposición) el que tiene la mayor responsabilidad para sacarnos de este problema. No es prudente que quienes tienen hoy alguna función pública insinúen o quieran indicar qué deben hacer los elaboradores de vino mientras ellos mismos no muestren resultados evidentes y palpables en ésta, su principal tarea.

El sector privado tiene, a mi criterio temas a resolver: encontrar un sistema justo y sustentable de fijación del precio de la uva que asocie realmente a los productores en el resultado de la actividad y termine con el anacrónico "año del viñatero vs año del bodeguero"; mejorar sostenidamente la calidad de los vinos, en especial los de consumo masivo; desalentar el proceso de concentración tanto de bodegas como de viñedos; batallar e innovar con eficiencia contra un sistema de comercialización que hace que las grandes cadenas se queden con el grueso de la renta sin aportar capital, riesgo ni tecnología a la actividad.

Sigue actual lo que dijo una ex presidenta de Coviar hace unos años en Vendimia: en esta actividad no sobran viñateros, ni bodegueros, ni vinos. Sólo sobra inflación y desequilibrios macroeconómicos. No pedimos nada, solo déjennos trabajar.