Mundo Sociedad Sábado, 11 de agosto de 2018 | Edición impresa

El recurso eólico: aprovechar la energía del viento

En la transición mundial de la energía fósil a las alternativas limpias, la eólica ha tenido un temprano liderazgo. El viento es inacabable.

Por Diego Hugo Eberle - Especialista en temas ambientales

Los grandes consumidores masivos de productos, servicios, energía, alimentos, o componentes industriales son las ciudades. Consecuentemente son también ellas las que más contaminan tanto el aire como el agua y los suelos. 

Es dable pensar entonces que será necesario modificar este estado de situación creando nuevas culturas y hábitos urbanos si realmente queremos hacer que el mundo en que vivimos sea sustentable. En esta línea, el área por el que deberíamos comenzar es el campo energético y la forma sólo será posible con el desarrollo sin fin de energías alternativas a las fuentes fósiles que son las mayores contaminantes del planeta.   

 

Libre de carbono

En la transición mundial de la energía fósil a las alternativas limpias, la eólica ha tenido un temprano liderazgo dice Lester Russel Brown (ambientólogo norteamericano), uno de los más importantes gurúes ambientales del mundo. El viento es abundante, libre de carbono e inacabable.

Para el uso de energía de esta fuente no se necesita agua y tampoco de otras energías, solo una relativamente pequeña porción de tierra lejos de ciudades o del mar para aprovechar los mejores vientos sin poblaciones ni montañas. ¿Qué quiere decir esto? Que un campo eólico puede ocupar gran cantidad de hectáreas, pero poca superficie de uso, sólo el lugar de fijación de las torres y la infraestructura de base que sería conformada por el acceso a carreteras y alguna dependencia para el servicio de mantenimiento de las mismas, que en conjunto no pasan del 1% del total del campo eólico.  

 

Costo menor

A diferencia de la energía fósil y la de origen nuclear, continúa Brown, la eólica no requiere torres de enfriamiento ni una gran infraestructura de operación, porque las turbinas operan solas, no necesitan compañía y cuidado permanente de técnicos y especialistas de mantenimiento y operación, de paso vale afirmar que a un costo menor que otras fuentes de energía. 

Un beneficio importante es que no emiten contaminantes al aire, al agua ni a los suelos por lo que no son causa de enfermedades respiratorias, dermatológicas o alérgicas y hasta algunos tipos de cáncer. Eso es una diferencia importante con respecto a la fuente fósil o a los riesgos de la energía nuclear. 

Finalmente, vale remarcar otra de las ventajas nada despreciable que es que los campos de albergue de las torres pueden ser sembrados y trabajados como cualquier unidad agrícola, de hecho esto es una práctica habitual en Europa, y no solo eso, hasta puede combinarse con usinas fotovoltaicas en el mismo sitio compartiendo costos de estudios, instalación e impacto ambiental y hasta utilizando las mismas líneas para distribución a los centros de consumo, que dicho sea de paso, se pueden acrecentar rápidamente y fácilmente con el fin del transporte rápido de la producción. 

Sin embargo, el propio ambientalismo ha encontrado algunos puntos negativos en el uso de estas tecnologías energéticas. Particularmente en la fauna silvestre debido a algunas muertes de pájaros que se estrellan contra las hélices de las turbinas en movimiento. Esto es cierto, pero las nuevas instalaciones ya cuentan con algunas mejoras que están disminuyendo ese problema y que consisten en producir la misma cantidad de energía, pero con un movimiento más lento de las palas giratorias.  

A diferencia de la energía fósil y de la de origen nuclear, la eólica no requiere torres de enfriamiento ni una gran infraestructura.

El derrotero de las aves

Además, en los últimos tiempos, se han estudiado las rutas migratorias de las aves y esto ha servido para instalar los campos eólicos en lugares donde no se ha observado un tránsito habitual. Hoy día puede decirse que las muertes de aves por colisión son mayores en las líneas de transporte de energía que por causa de las turbinas. 

En América Latina, Brasil, continua Brown, es por lejos el líder regional en recursos energéticos eólicos. Al inicio de 2014 ya contaba con 3.500 Mw suficientes para proveer energía a 8 millones de hogares. La expansión prevista para 2022 en ese país de 17.000 Mw, meta que ellos consideran fácilmente alcanzable debido a su riqueza de vientos y al hecho de tener ya muchos desarrolladores formados en esta tecnología con capacidad para construir campos eólicos a costos competitivos, aunque tal vez con algún retraso, debido a la presente crisis por la que está transitando el vecino país.  

 

En Europa la producción de energía a partir del viento es, en promedio, superior al resto del mundo, la producción va desde un 8% de la energía total producida hasta un 50% en los casos de países más evolucionados como lo son Dinamarca o España.

Ya en nuestro país, aún con la frecuencia y potencia del viento del corredor patagónico y la capacidad de generación, el uso de fuentes renovables apenas supera el 4% de la producción total de energía incluyendo instalaciones fotovoltaicas.  

Es cierto que una instalación eólica requiere una inversión importante, algunos técnicos afirman que iniciar un proyecto requiere elegir el lugar de instalación, medir la intensidad y regularidad del viento, determinar el impacto ambiental, conseguir la disponibilidad de la tierra o espacio marino de instalación, conseguir los permisos de instalación y red de distribución de la energía producida, redactar la documentación contractual y legal que corresponda y luego de la aprobación del proyecto disponer de la logística necesaria para la puesta en marcha, podría llevar al menos un par de años.

 

En la Patagonia

El mayor obstáculo que se aprecia, al menos en nuestro país, es la financiación de estos proyectos, por lo cual su construcción solo puede estar a cargo de grandes empresas o el propio Estado que requieren largos años de contratación. 

Transitando nuestra Patagonia podemos comprobar importantes instalaciones eólicas ya en operación, aunque son insuficientes para la actual demanda energética. Salir paulatinamente del uso de combustibles fósiles y seguir desarrollando estos proyectos es indudablemente el camino para nuestro crecimiento económico, pero también para hacer más saludable nuestra vida y fundamentalmente la de nuestro hijos.