Opinión Lunes, 11 de junio de 2018 | Edición impresa

El mural de los dioses del fútbol - Por Pablo Calvo

Por Pablo Calvo - Periodista (CC)

Pan y queso. Avanzar con el paso mínimo: el taco de una zapatilla en la punta de la otra y esperar en equilibrio que el rival que venía de frente cayera en la trampa de un suave pisotón. El que ganaba ese juego elegía primero a un jugador para su equipo, a veces al más habilidoso de todos, pero otras veces al mejor amigo, aunque fuera un patadura, porque el fútbol de barrio, como la vida, se disfruta más rodeado de seres queridos que de atletas ultra competitivos.

Se ha viralizado el mural de La Creación del Fútbol, su existencia ha llegado hasta las páginas de The New York Times, en el Sportivo Pereyra de Barracas al sur, allá donde los personajes del tango y de las aguafuertes porteñas también dieron sus primeros pasos.

El origen del fútbol está representado en una gigantografía de 500 metros cuadrados inspirada en la obra que Miguel Angel pintó sobre andamios en la Capilla Sixtina, habitada hoy por Francisco I, el Papa más futbolero de la historia de la Humanidad.

En el techo de un club de barrio, Diego Maradona ocupa el lugar de Dios y Lionel Messi el de Adán, el primer hombre sobre la Tierra. Y Diego está rodeado de ángeles con los rostros de Gabriel Batistuta, Claudio Caniggia, Mario Kempes, Ricardo Bochini, Juan Román Riquelme, Ariel Ortega y Sergio Agüero, magos del fútbol albicelestial.

La imagen hoy da vuelta al mundo, pero pocos saben que su autor, Santiago Barbeito, es un creador de memes por Internet y se gana la vida como diseñador gráfico, retocador fotográfico y creativo publicitario. Hincha de Boca, sufrió cuando a último momento tuvo que sacar a Carlos Tévez de la escena, porque sobraba un querubín.

Hay quienes dicen que a determinada hora del día, cuando todo queda en silencio y a merced de la imaginación, pararse en el centro de esa cancha y mirar hacia arriba puede provocar una abducción hacia los momentos fundacionales del fútbol.

Aparecerá entonces el viaje de la primera pelota de cuero, hace más de 150 años, en barco, flotando por el Océano Atlántico, despachada en Inglaterra y recibida en estas latitudes por Alejandro Watson Hutton, impulsor del fútbol argentino.

O puede que se vislumbren también los divertimentos con pelotas que practicaban los pueblos originarios. O bien el primer partido que se jugó en los bosques de Palermo con reglas parecidas a las actuales, probablemente en el lugar donde hoy miran al cielo los telescopios del Planetario, en busca de lunas llenas, estrellas fugaces y barriletes cósmicos.

Estar parados en medio de esa canchita, con semejante cielo, deja intuir que no por nada la pelota Telstar 18, con la que se jugará el Mundial de Rusia, fue enviada en un cohete a la Estación Espacial Internacional: fue a embeberse del perfume de los astros.

El mural de La Creación del Fútbol permite transportarse también al amor y al sacrificio que rodeó el nacimiento de los clubes argentinos.
Y ahora sí, con un equipo formado en la canchita del Pereyra y otro en su cielo, empieza el partido. La ilusión de los chicos contra la magia de los ángeles. Los sueños terrenales contra el equipo conducido por Miguel Angel y su mouse.