Fincas Miércoles, 13 de marzo de 2019

El mercado de bioinsumos para el agro crece a tasas del 15% anual

Es una alternativa de gran potencial para el control de plagas y enfermedades en los cultivos, más sustentable que los productos químicos

Por Clarín Rural especial para Los Andes

Las crecientes demandas consolidadas de los múltiples productos de la fotosíntesis solo pueden ser abastecidos en gran escala por unos pocos países donde vive solo el 10 por ciento de la población mundial, la gran mayoría de los más poblados son crecientemente deficitarios. Un requisito intergeneracional ineludible es preservar seriamente los recursos naturales que lo permiten.

Entre las diversas estrategias para lograr sustentabilidad, en sentido amplio, es emplear agroquímicos más amigables. Hoy se utiliza cerca del 80 % de los clasificados en banda verde y azul, es decir los menos peligrosos.

El otro proceso que crece aceleradamente es la obtención de moléculas o microorganismos de la naturaleza aptos para la defensa de los cultivos frente a plagas y enfermedades o que mejoran la nutrición favoreciendo la fijación de nitrógeno o solubilizando el fósforo y otros nutrientes.

Esto es posible a partir de estudiar la enorme diversidad biológica de especies y metabolismos que dialogan entre sí. Aprovechar las moléculas que emplean en estos procesos, con diversas estrategias defensivas y ofensivas, tiene antecedentes antiguos como el uso de inoculantes en leguminosas, pero son de incipiente multiplicación.

Sabemos que a partir de antecesores comunes se han generado en los diversos reinos y filos unos 14 millones de especies, de las cuales están identificas solo el 13 % de ellas. El mundo desconocido de los microorganismos es inmenso y solo el 4.000 del millón de especies de antibióticos y arqueas están identificadas, el 0,4%, o 72.000 del millón y medio de especies de hongos que se cree que hay.

Si ni siquiera sabemos distinguirlos, menos conocer sus metabolismos y relaciones poblacionales, hay mucha riqueza biológica desconocida que irá descubriéndose en este siglo de la biología.

Ya existen, incluso en nuestro país, un sinnúmero de startups con crecimientos exponenciales que se han vuelto reconocidas y han contribuido en una nueva mirada por parte del productor y el consumidor a este nuevo paradigma del uso de los recursos biológicos y de nuevos productos inocuos y eficientes.

Es importante destacar que según Pam Marrone “cuesta cerca de 250 a 500 millones de dólares desarrollar un nuevo pesticida sintético, y se requieren entre 10 a 15 años para llevarlo al mercado. Mientras que el desarrollo de un nuevo bioinsumo puede llevar una inversión de 50 mil a 2 millones de dólares y su salida al mercado puede tardar de 2 a 5 años”.

Los expertos argentinos Hugo Grana y Juan Pablo Brichta dicen que, según las principales consultoras internacionales, mientras el mercado de los pesticidas tradicionales crece al 2% anual, los bioinsumos lo están haciendo a tasas cercanas al 15% anual.

En 2018, el mercado global de biopesticidas rondó los US$ 2.200 millones y para el 2025 la estimación es de los US$ 5.500 millones. Los principales mercados para bioinsumos a la fecha son Estados Unidos con el 32%, Europa con el 31%, Asia-Pacífico 18% y Latinoamérica con el 19%.

Según el doctor Roberto Rapela, presidente de la Cámara Argentina de Bioinsumos (CABIO), el mercado argentino actual tiene 88 empresas registradas que ya inscribieron 653 fertilizantes biológicos, de las cuales más del 50% son inoculantes de soja, también algunas inscripciones de fijadores de nitrógeno libre o algunos solubilizadores de fósforo, o la combinación de ambos, hay también Bacillus y Trichodermas, en lo que respecta a biopesticidas los números son distintos hoy solo 15 empresas han registrado 27 bioinsumos bajo la resolución 350/99.

A fines del año pasado se registró la primera Beauveria bassiana (descubierta en 1830), hongo entomopatogenos, como insecticida. Grana y Brichta calculan el mercado argentino actual en unos 80 millones de dólares para el agro dominado por versiones de inoculantes, principalmente aplicados a soja.

Hay varias docenas de jugadores y las participaciones de mercado responden a un modelo clásico (Pareto) en el que unas pocas empresas detentan más del 50% y el resto se distribuye entre un grupo numeroso. Como parte de la tendencia genera un mercado del orden de los 300 millones de dólares al 2022 con un probable y lento desplazamiento de los agroquímicos.

En el contexto de los retos enunciados, el uso de bioinsumos para la fertilización, el control de plagas y enfermedades en agricultura y ganadería aparece como una alternativa todavía más necesaria frente a los químicos convencionales.

Nota de Redacción: Fernando Vilella es director ?del Programa? de Bioeconomía de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires. Fuente: Especial de Mitre y El Campo para Clarín Rural