Fincas Sábado, 6 de octubre de 2018 | Edición impresa

El INTA Junín trabaja en la reforestación del bosque nativo en Mendoza

Para aliviar las consecuencias del desmonte y revertir la tendencia, desde el Instituto local se proponen repoblar con especies nativas.

Por Redacción LA

El 97% de la superficie mendocina está ocupada por pastizal natural y bosque nativo, sin derecho de riego. Por esa limitación del recurso hídrico, requiere un manejo preciso, riguroso y respetuoso de los procesos naturales.

Históricamente ese medio ambiente que constituye el monte nativo, fue dañado por varias causas como los incendios -cuya severidad puede ser muy alta-, pudiendo llegar a quemar la flora de centenas de hectáreas en un día.

Entre 2017 y principios de 2018 más de 200.000 hectáreas sufrieron el fuego en la provincia de Mendoza, particularmente en los departamentos del Este y del Sur, donde la actividad ganadera es importante.

 

El sobrepastoreo puede ser otra causa de daño en el desierto mendocino, tal como el uso maderable excesivo. Dado el carácter frágil del sistema, cada pérdida de diversidad perjudica su sostenibilidad, ya que se vuelve más débil y puede ser sujeto de desertificación.

La plataforma ForestAr 2030, de la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable, financió proyectos en todo el país en el marco del Plan Nacional de Restauración de Bosques Nativos.

El proyecto que ya está en marcha en la Provincia, cuenta con el acompañamiento de Sebastián Melchor y Mariano Bourguet de la Agencia de Cambio Climático, Secretaría de Ambiente y Ordenamiento Territorial del Gobierno de Mendoza y Natalia Naves, del Área de Extensión Forestal de la Dirección Nacional de Desarrollo Forestoindustrial, para la región Cuyo.

 

En este sentido, se trata de una obra interdisciplinaria e interinstitucional.

Para aliviar las consecuencias del desmonte y revertir la tendencia, se propone reforestar las zonas afectadas con especies nativas. El algarrobo es una de ellas y se impone como una de las mejores herramientas para ayudarnos en esa tarea, en Mendoza.

Aparte de ser una especie adaptada a la salinidad y a la escasez de agua (déficit hídrico: cuando la evaporación es mayor a la precipitación, es decir hay más salida de agua que entrada en el sistema), es un promotor de vida para el ambiente. 

De hecho, el algarrobo brinda varios servicios útiles para la producción, como absorber agua de las napas subterráneas, remontando así minerales del subsuelo. Además, fija una cantidad importante de nitrógeno mediante nódulos que se forman cerca de sus raíces.

Esas capacidades y adaptaciones al secano hacen del algarrobo una especie rústica. Secuestrando carbono en sus tejidos, participa en los ciclos de materiales y flujos de energía propios del ecosistema. Por esas ventajas fueron elegidas las especies Prosopis chilensis y P. flexuosa para la restauración del monte árido.

Gracias a los fondos que recibió INTA, -señalan Gaby Quagliariello y Sebastián Mora, de las Estaciones Experimentales Junín y Rama Caída, respectivamente-, se implementaron 2 viveros especializados en la producción de plantines forestales.

Con el objetivo de plantar 50 hectáreas a lo largo de 3 años, unos 10.000 árboles serán el fruto del trabajo en conjunto con el Programa Hacemos Futuro, que pretende incluir socialmente a la gente, brindando capacitaciones teórico-prácticas en vivero.

A la fecha, ya fueron trasplantados 600 algarrobos en uno de los dos módulos, ubicado en el departamento de San Rafael, con las plantas del vivero gestionado por INTA Rama

Caída, localizado en la Base del Plan Provincial de Manejo del Fuego. El otro vivero, ubicado en la Estación Experimental de Junín, bajo la tutela de Quagliariello y la colaboración de Camille Delaunoy (estudiante de Montpellier SupAgro), servirá para la plantación del campo de La Paz, a partir del mes de octubre 2018.

 

A la espera de que la etapa de reproducción vegetal sea exitosa, la mirada luego estará puesta en el trasplante, para un manejo de bosques con ganadería integrada.

En efecto, no solo es importante restaurar el ecosistema sino también permitir que se regenere hasta el clímax (estado ideal de equilibrio de una comunidad biológica, característico de un medio natural) y que no sea más perjudicado por causas que se pueden evitar.

Por eso, se puede medir la carga animal máxima que puede sostener el ambiente productivo y tratar de informar e innovar en procesos técnicos para respetarla.

 Por ejemplo, se recomiendan un manejo de “parcelas”en rotación para dar el tiempo al pastizal de renovarse y un cuidado particular de las aguadas para no perjudicar el suelo por el "pisoteo" de los animales", entre otros.