Escribe el Lector Sábado, 12 de enero de 2019 | Edición impresa

El diario me llama… 

Por Evelina Verón

Allá por 1927, en mi casa paterna de Pareditas, San Carlos, donde se unían las rutas 40 y 143, funcionaba la estafeta de correos, la Terminal de ómnibus y terminaba el recorrido del diarero. Con gran sacrificio económico, mis padres compraban diario Los Andes y también Billiken, El Gráfico y El Mundo Infantil… 

También allí, dejaban el diario para Antonio y  Fernando Gallerani, José Moronta y Clemente Pacheco. Una anécdota familiar siempre recuerda que por estar leyendo el diario, mi tía materna Faustina Salinas se olvidaba de hacer la comida y otros quehaceres domésticos.

Recuerdo que en quinto grado, en 1955, leíamos el diario en la escuela con el maestro Oscar Wilfredo Bazán y los días martes comentábamos la sección Deportes. Así, conocíamos las tendencias de River,  Boca, Racing Club, Independiente…

A lo largo de mi vida, el diario me ha llevado a conocer la existencia de personalidades, de fechas memorables y de hechos alegres, tristes y novedosos… He coleccionado desde siempre los fascículos tan interesantes de Atlas, diccionarios, historia y geografía de los departamentos, Guía e Historia de Mendoza, Cien Años de Vida Mendocina, Los gobernadores de la provincia y su obra. "Palabras para disfrutar", "Hace cien años" y "Hace diez años" son recortes que tengo pegados en cuadernos de mis nietos desde que aparecieron.

Hace exactamente 54 años que vivo en Tunuyán y en mi casa siempre se compró diario Los Andes… leerlo es ineludible. Mi esposo fue un asiduo lector, muy crítico de la Sección Deportes con la vida de los Diablos Rojos, que eran su pasión. Mi madre que falleció a los 96 años nunca dejó de leerlo. No sé porque le apasionaban los edictos judiciales.

Hace muchos años que Los Andes me despierta. Es inconfundible el llamado. Llega a mi casa a las 7 de la mañana. A veces antes; otras unos minutos después. Yo escucho el golpe que produce su caída. Y me llama. Es como un timbre que toca en la puerta y me levanto a atenderlo. Es mi compañía desde horas tempranas, no niego que a veces lo llevo a la cama y allí empiezo a leerlo. Paseo la vista por los titulares y es mi costumbre empezar por la última página. Con el paso de los años ha ido cambiando de formato y la cantidad de secciones que lo integran.

El deporte es el señor de los lunes. Las historietas y sus autores siempre distraen y me llevan por el mundo actual o fantástico. Mafalda imperdible en la creatividad de nuestro respetable Quino. Soy fiel a la sección de los avisos fúnebres, por herencia familiar o por si se trata de alguien conocido. Así, a través de sus páginas uno descubre hechos de los departamentos, de la Capital, de otras provincias y noticias internacionales. Lleva tiempo leer el diario, pero es algo para mí es muy importante.

Los Andes acompañó mi profesión de docente, así junto a mis alumnos pude conocer sus instalaciones y ser socia del Club del Lector. La sección Educacionales es hasta la fecha, parte obligatoria de mi lectura y comentario con mi familia y con quien lo necesite.

Me regala todos los días la visita de mis hermanos para leerlo, porque mis padres lo leían y nos legaron esta forma de conocer el pasado, reflexionar sobre el presente a través de sus sabrosas páginas y compartir emocionada con ustedes esta parte de mi vida al cumplirse, el año pasado, el aniversario 135. 

Evelina Verón
DNI: 4.267.012