Espectáculos Lunes, 26 de marzo de 2018 | Edición impresa

El amor en tiempo de redes sociales

¿Cómo ha cambiado la pasión y el mundo afectivo con la virtualidad? ¿Son las redes un ámbito propicio para el romance? Aquí, respuestas.

Por Victoria Navicelli - especial para Estilo

Otra vez la tecnología haciendo de las suyas. Y es que, ya es muy evidente: todos tenemos un amigo, vecino o familiar que conoció a alguien a través de las redes sociales, tomó la iniciativa de relacionarse con esa persona y terminó formando una historia feliz.

Pero, ¿es posible pensar en esto como una “nueva manera de formar pareja”? ¿Será que eso de conocerse en una fiesta, en un bar o, casualmente, en la fila del supermercado, quedó en la historia y sepultado en los recuerdos de nuestros abuelos y padres? 

Historias, hay varias. Con diferentes resultados, buenos o malos, pero el camino ha sido similar. Millones de personas se conectan día a día al “monstruo” de internet ya sea para buscar información, relacionarse con amigos, familiares o colegas pero, también, para conocer personas con un propósito concreto: tener una relación.

Otras veces las cosas ocurren “sin querer”, por el simple hecho de que tienen que ocurrir y la tecnología funcionó como un medio para un fin. Ya sea con intención o no, es muy común encontrarnos con personas que comenzaron su relación a través de las redes sociales y, luego de un tiempo, pasaron a mayores hasta formar parejas estables y felices. ¿Y esto está bien? ¡Por supuesto que sí!

Según Juan Manuel Martínez, psicólogo y psicoanalista, “la tecnología lo que hace es revelar viejos problemas”. Entonces, esto es un caso más, porque “en sentido estricto ¿cómo se conoce a alguien?, ¿qué significa conocer a alguien? Antes no existían las redes, igualmente la gente se conocía en un primer momento por la imagen. O sea, ver a alguien. Solo que hoy la tecnología lo lleva al extremo”.

¿Por qué? Y, porque la tecnología y su uso (en especial las redes sociales) “nos hace más práctica las cosas”, nos permite ver las posibilidades que existen, cual catálogo: “podemos ver fotos, gustos, coincidencias entre dos personas y es ahí cuando uno se anima y envía la solicitud y, cuando el otro lo acepta, es cuando se da la primera conexión”. 

La fórmula es simple: “te gusta, le gustás, listo, hablen”. Y, a partir de ahí “lo mismo de siempre: la primera charla en la que mostramos la mejor cara” y las siguientes.

Luego, todo termina donde siempre ha terminado -a pesar de aquellos que le temen a la tecnología-: dos personas que acaban conociéndose personalmente; algunos llegan a formar una familia. 

Ahora, ¿qué cambió? Para Martínez, se modificó y purificó ese primer contacto: “es como si pudieras depurar todas las posibilidades de error, las eliminás. Antes para saber qué le gustaba a otra persona, tenías que consultárselo. Ahora, con solamente ver su perfil, podés saber qué piensa, qué le gusta, qué hace y si hay coincidencia, ¡ya está!”.

La tecnología ha cambiado de manera superficial nuestra forma de relacionarnos: “ahora en vez de conocernos en una fiesta, lo hacemos en Tinder, y en vez de salir a tomar algo, charlamos por WhatsApp, pero el fin último, donde termina desencadenando las relaciones humanas; sigue siendo el mismo: el encuentro físico”, agrega el profesional. 

Para Natalia Barrera, decodificadora de emociones, “la tecnología es una gran ayuda para personas tímidas, ya que la pantalla nos hace sentir más seguros por no ser un contacto directo. Nos permite relacionarnos con mayor fluidez, conocer personas sin exponernos tanto. Pero como todo en un exceso puede ser perjudicial, y a veces pasamos más tiempo conectados a una red que aprendiendo a vincularnos socialmente. A veces ocurre que personalmente las conversaciones no son tan fluidas como en un chat y eso puede jugarnos en contra a la hora de tener una relación estable, es como si detrás de la pantalla nos permitiéramos ser más auténticos que personalmente”.  

Pero, como casi todo, existe un fuerte prejuicio sobre estos temas de amor en las redes. Siempre han estado aquellos que desconfían de estas nuevas formas de relacionarse y eso “ha pasado en todos los desarrollos tecnológicos humanos; siempre ha existido alguien que ha dicho: ‘¡no, si hacemos esto significará el fin de la humanidad!’. Eso es un problema de época, por miedo a lo desconocido”, afirma el profesional.

“La tecnología es una gran ayuda para personas tímidas, ya que la pantalla nos hace sentir más seguros por no ser un contacto directo”.

El porqué de la resistencia 

Una de las razones puede ser que este mundillo de la internet nos introduce en lo perverso, en lo peligroso de la situación, pero nunca se termina de conocer a alguien; ya sea que lo contactemos vía redes sociales o nos hayamos cruzado en la fila del supermercado.

Según Martínez, “en una primera cita, todos mostramos lo mejor de uno mismo, aunque tengamos que mentir para caer bien o parecer algo que quizás no somos realmente. Es una construcción de todo lo que yo quiero ser y quiero mostrártelo. Por eso la tecnología nos vuelve a presentar imágenes de cosas que no somos, pero lo lleva al extremo”.

Y reflexiona: “Toda imagen que uno vende a través de las redes es mentira, toda imagen o representación que uno mismo se cree, es mentira. Lo que nos brinda la tecnología es la posibilidad de exacerbar la imagen que yo te presento, pero la mentira es la misma de siempre”. 

Un tema a destacar es lo que nos viene a revelar la tecnología: no sabemos cómo hacer con esto del amor. “Es más fácil juzgar en las relaciones que surgen de esta manera porque en el fondo no sabemos controlar esto del amor. Por mucho tiempo, la sociedad prefirió vincular esta manera de relacionarse con mujeres solteras u hombres que viven con sus madres hasta muy grandes y la tecnología ha llegado a darle respuesta a todo eso. Ya no hay que ser ‘cool’ para conocer a alguien. De hecho, internet es una exaltación de lo ‘no cool’”, dice el especialista. 

No es lo que yo esperaba 

La decepción es algo que siempre está presente pues, para el psicólogo “lo complicado del amor es decepcionarse y seguir amando. Es darse cuenta de que el otro no era lo que uno creía y aun así seguir amando. El tema es saber si el amor puede trascender esa ilusión: ver la imperfección del otro y aun así aceptarlo. No muchas parejas superan eso, ni de las redes ni las de antes tampoco”.

El gran desafío del amor es subsistir en la decepción. “Pero para eso primero hay que aceptar la imperfección de uno mismo. El tema es que si no aceptamos esto, terminaremos solos por no ver nuestra imperfección y no aceptar la imperfección del otro”, agrega Martínez. Tanto en la realidad física como en la virtual se tiene contacto con muchas personas al mismo tiempo, “buscamos lo que nos gusta de cada quién y armamos una ilusión donde no hay decepción ni imperfección; pero en el fondo estoy solo porque no hay nada”, añade.

"Aveces, nuestras expectativas no se cumplen, la otra persona no busca lo mismo que uno y caemos en la desilusión".

El problema es el futuro

¿Qué le depara a esta persona? “La soledad, pero esa soledad es aún menos dolorosa que el darse cuenta de la imperfección. Quizás esta persona está bloqueando la situación y, por eso mismo, busca en varias la perfección de aquella ilusión”, cierra el psicólogo. 

Por su parte, Barrera afirma que “cuando una persona busca en las redes sociales una pareja estable, es porque siente una necesidad de la misma manera que alguien sale a un boliche con esa intención. Trata de usar todos los medios posibles para conseguir lo que desea. Sin embargo hay que tener en cuenta que la frustración por no conseguir esa pareja puede afectar la autoestima; cayendo en la trampa de pensar que “encontrar pareja es difícil”. 

Hoy en día es más sencillo conocer a una posible pareja: “conocer, no entablar una relación amorosa, ya que ahí debemos entender que el contacto físico es lo primordial, el amor es química y eso se produce personalmente. Cuando ya se creó una relación estable a través de las redes sociales, generalmente la pareja deja de pasar tiempo en internet, cuando esto no ocurre aparece la desconfianza”, opina la decodificadora. 

Además, sentir que nos relacionamos mejor en la pantalla que en persona, puede hacernos creer no elegidos o que ya no somos interesantes para el otro. 

“El contacto físico es primordial, aprender a comunicarnos en vivo y en directo y no sacar conclusiones a miedos e inseguridades que son solo nuestras, para lograr formar una relación basada en la confianza. Confiar a pesar de nuestros miedos y lanzarnos en la aventura, si no resulta al menos dimos lo mejor”, dice Barrera. 

Vincularnos a través de las redes nos permite contactarnos con muchas personas, quizás encontramos a alguien que nos interesa, mantenemos conversaciones fluidas y llenas de chispas; hasta imaginamos miles de historias y tratamos de interpretar entre líneas lo que el otro pretende. Esto puede darse durante días, semanas, meses en los que las expectativas crecen y la realidad virtual nos da rienda suelta para que imaginemos miles de escenarios posibles. 

Pero, a veces, nuestras expectativas no se cumplen, la otra persona no busca lo mismo que uno y caemos en la desilusión. “Hay que comprender que el otro no nos hizo nada, fuimos nosotros los que alimentamos esa idea en nuestra mente”, dice Barrera. 

Para no caer en la desilusión lo mejor es vivir el presente, disfrutar de la relación tal y como es, viendo cómo va resultando o planteando nuestra intención desde el principio para no perder el tiempo con personas que no buscan lo mismo que uno. 

Cuando las expectativas no cumplen caer en estados emocionales negativos, enojarnos y perder las ganas de entablar nuevas relaciones no es la salida. “Las redes se prestan para todo, están las personas que buscan vínculos fuertes con la esperanza de encontrar la pareja ideal, mientras que otras usan las redes para ligar y pasar un buen momento. Todo vale y es perfecto que así sea, lo mejor es tratar de ser precavidos y darle tiempo a la relación antes de entregarnos a un 100%”, finaliza la profesional.