Opinión Jueves, 14 de junio de 2018 | Edición impresa

Democracia a la china - Juan Guillermo Milia

Por Juan Guillermo Milia- Licenciado en Ciencias Políticas y Sociales. Especialista en Política Internacional.

El régimen existente en China  no es ya un sistema socialista clásico, sino otra cosa: un sistema autoritario proyectado sobre esa economía de mercado cada vez más difícil de distinguir del capitalismo.

"Es una dictadura de desarrollo", afirma Eugenio Bregolat ("La segunda Revolución China", 2013). 

China es un país cada vez más abierto, con mayores proporciones de libertad individual, más cercano a los valores predominantes en Occidente. 
Este crecimiento económico trae aparejado, sin embargo, una paradoja. Por un lado consolida el poder del Partido Comunista Chino (PCCh) dándole una nueva clase de legitimidad, mientras que por el otro lo debilita de mil maneras diferentes: emergencia de nuevas clases sociales, telefonía móvil, internet, redes sociales, miles de estudiantes que viajan a estudiar en el exterior, millones de turistas propios o extranjeros que entran o salen del país, etc, 

En el caso de la dictadura democrática popular china hemos visto una evolución positiva desde 1949, donde los primeros años del régimen de Mao no son para nada comparables con la situación actual.

Valores orientales y occidentales en el debate sobre la democracia

Si bien las formas de gobierno democrática occidentales así como sus políticas de derechos humanos son rechazadas en la actualidad por el PCCh, no se pueden negar los avances en el campo de las libertades individuales impensables tan sólo treinta años atrás.

El contrapunto entre los valores occidentales de libertad democrática y derechos humanos versus los orientales de orden y disciplina se pone claramente de manifiesto en la forma cómo ven los regímenes asiáticos los denominados valores occidentales. 

Es así como la resistencia a la occidentalización tiene una fuerte presencia en el mundo actual. Puede manifestarse a través del rechazo de ideas que se perciben como occidentales, aun cuando las mismas hayan nacido y florecido en muchas sociedades no occidentales y formen parte del pasado común . 

Por su parte Occidente porfía en un criterio único para la palabra democracia.

En China, con un partido único de gobierno y un régimen autoritario, rasgos que se dan en gran parte de Asia, el debate está vigente. Aunque, claro, en la forma y los tiempos chinos. Pero ¿qué democracia?, ¿liberal, multipartidaria, directa, indirecta, deliberativa, etc? 

Si no hay una definición inequívoca de lo que debe ser la democracia socialista, sí lo hay en cambio en torno a lo que no debe ser: la democracia liberal.

Consideramos que la reforma política en China es indispensable. Es que cuando habían transcurrido sólo diez años del inicio de la reforma económica, los sucesos de la plaza de Tiananmen -con su secuela represiva por parte del gobierno que aplastó esa manifestación de disconformidad con gran violencia- impidió que el cambio político se implementara. 

Pero ahora, el tema de la reforma política es una necesidad, incluso para la propia existencia de la reforma económica.                                                      

La reforma política

¿Por qué creemos que se va hacia una democracia de tipo universal, directa y multipartidaria, aunque con características chinas?  

Personalmente estoy convencido que nos hallamos en los albores de la tercera revolución china, que tendrá carácter político e implicará la instauración de la democracia en todo el territorio de ese gran país. 

Y creo que este cambio se producirá durante la gestión presidencial de Hu Jintao, porque es un líder con los atributos necesarios para hacerlo, porque ha sido investido de los mayores poderes en los ámbitos político, partidario y gubernamental, y por si fuera poco se modificó la Constitución, eliminando el término del mandato presidencial. Vale decir que es legalmente vitalicio.  

Evidentemente, a este hombre se lo ha preparado para algo muy grande o para defenderse de algo muy grande. No falta mucho tiempo para que esto suceda (justamente, una de las cosas que se demanda es la separación del gobierno y del partido)  ya sea  impulsado y conducido por el partido y/o por el gobierno, o como sucedió con las revueltas o revoluciones árabes de 2011 (Primavera Árabe). Un relicto que aún perdura de aquéllas es la dolorosa guerra civil de Siria y la creación del Estado Islámico. 

Además. porque ya se  avanzó bastante en la materia democrática. Cerca de 800 pueblos eligen a sus representes mediante voto directo y universal.

Existen, también, pequeñas dosis de democracia en los procesos electorales del PCCh y en las elecciones en el seno de la Ásamblea Popular Nacional. 

En estos dos últimos casos el avance democrático consiste en proponer al elector un número mayor de candidatos que el de cargos a cubrir. Lo que permite censurar o castigar a algunos de los candidatos (dicha posibilidad no la tenemos los argentinos con las famosas listas sábanas ).   

Estos pequeños pasos, aunque parezcan insignificantes para países democráticos como los que conocemos, no lo son en el caso de China y en general en los países de Asia Oriental, tradicionalmente gobernados por autocracias no democráticas (ver mi libro “Asia Oriental, con capitalismo pero con democracias débiles o inexistentes”, Bs. Aires, Dunken, 2015).

Otros avances trascendentes fueron la incorporación del Estado de derecho, la normativa de seguridad jurídica incorporada a la Constitución en 1998, el reconocimiento de la propiedad privada que ya databa de la reforma constitucional de 1982 y en 1988 se enmendó la Carta Magna para declarar al sector privado como complemento de los sectores  públicos socialistas. 

En cuanto a los derechos humanos China pone énfasis en los de tipo económico social, tales como alimentación, vestido y vivienda. Pero, claro, los derechos humanos no se agotan allí. Esta falencia fue reconocida por el primer ministro Zhu Rongil en 2002. En 2005 la Fiscalía Suprema reconoció que casi 5.000 detenidos habían sufrido violaciones de sus derechos humanos y en el 2004 se agregó a la Constitución un artículo, que dice" El Estado respeta y protege los derechos humanos".