Opinión Miércoles, 11 de julio de 2018 | Edición impresa

Del Mundialista a la Villa Olímpica - Por Rosa Guaycochea

Por Rosa Guaycochea - Historiadora

El suplemento Arquitectura  (Los Andes, 1 de julio) dio una oportuna referencia al Estadio Malvinas Argentinas. La obra es elogiada por su emplazamiento en una depresión del terreno donde anteriormente funcionaba el autódromo. Caso único en el país. El público ingresa desde el nivel del terreno circundante y desciende hacia las ubicaciones, en lugar de ascender. Esta integración recuerda la del teatro griego del Cerro de la Gloria. "Se logró...un estadio apropiado... pero sin generar una agresión, rasgo que el nuevo estadio cubierto sí la provoca", dice el artículo. 

En efecto, la inicialmente llamada "Villa Olímpica" marca -40 años más tarde- un retroceso en todos los aspectos. Tan lejos como sea posible imaginar de un diseño apropiado, el nuevo estadio cerrado es sólo una molestia visual, una mole invasora metida a presión en un espacio al que anula y absorbe. Cuando el conjunto comience a funcionar el daño se extenderá e incrementará.

Hace 40 años el emplazamiento elegido para el estadio levantó una fuerte crítica por el riesgo al que se exponía al parque San Martín; el nuevo proyecto deportivo no generó ninguna reacción de quienes deben velar y asesorar en estas materias. Notablemente quien sí expresó una  bien fundada oposición a éste y otros proyectos inconvenientes fue el arquitecto Roberto M. Romano (nota en Los Andes, 1-9-’16, Parque San Martín, presente y futuro). El mismo que, en la ocasión anterior -si recuerdo bien- como integrante de la Sociedad de Arquitectos, hizo el reclamo señalado.

Si preocupa entonces la realización, entristece comprobar la falta de compromiso de quienes tienen atingencia en los diferentes ámbitos implicados.

Y más todavía, la sordera de las autoridades ante las sensatas observaciones de los que saben.

La misma situación se presenta en otras obras realizadas o proyectadas, como el edificio de la ATM, o las oficinas judiciales en San Felipe: baja calidad de diseño, nulo planteo de sustentabilidad energética, destrucción de espacios verdes y, en el segundo caso, incremento de la densidad poblacional en un sitio muy comprometido, llegando a la saturación, al tiempo que asistimos al espectáculo indescriptible de una cloaca a cielo abierto frente a la Penitenciaría. Tal parece que las nuevas realizaciones, que deberían significar un avance y mejora, nos dejan en peores condiciones funcionales y ambientales, habiendo gastado tiempo y dinero. Para subrayar el contraste debo recordar que la viga de hormigón pretensado en audaz voladizo, la pièce de résistence del estadio mundialista y que lo hizo famoso, no estaba en el proyecto del estudio porteño. Fue diseñada, calculada y construida localmente con la actuación de, entre otros profesionales, los ingenieros Japaz, Mayol y Reboredo, de Mendoza, y Carmona de San Juan.