Más Deportes Lunes, 29 de enero de 2018

De Terán de Weiss a La Mary: cien años de tenis como derecho social - Por Yamila Weber

Hoy es el centenario del nacimiento de la tenista rosarina, quien combinó su éxito deportivo con la lucha por la igualdad de oportunidades.

Rosario. Década del ’20. En las canchas de arcilla del Rowing Club sobresale una niña. Su nombre es María Luisa Beatriz Terán, Mary, y es la hija del bufetero, un empleado del lugar. Sus padres no son protagonistas de los “bailes blancos” que tienen lugar en el verano y en los que se destacan personajes de la alta alcurnia rosarina; encuentros que marcan un hito en los eneros de la institución costera fundada por ingleses, y a los que sólo se puede ingresar de etiqueta. Pero tal vez sí podamos imaginarnos a esa niña, nacida el 29 de enero de 1918 en la misma localidad santafesina, correteando por el salón, entre los asistentes, empapándose de ese mundo tan propio como ajeno para ella; esa mujer que crece entre lo posible, cotidiano y al alcance de la mano, y a la vez vedado por las mismas condiciones no sólo socioeconómicas sino también de género que la determinan. 

La familia Terán habita una casa modesta en el barrio de Alberdi, al norte de la ciudad, muy cerquita del Rowing. Mary se ha iniciado en el tenis a los 7 años, aprovechando la familiaridad que tiene con el club, aunque también practica natación y más adelante se destacará en remo. No posee una contextura física robusta, sino más bien pequeña, pero su tenacidad hace la diferencia; es un diamante al que sólo hay que pulir. Y así lo entendió quien era el entrenador del equipo nacional de Copa Davis y que, de paso por Rosario, pudo ver a la pequeña en acción en la cancha. Sanders, de nacionalidad sueca, hace propia la causa Mary Terán y se decide a prepararla, para que ese diamante, de una vez por todas, empezara a brillar... 

Indefectiblemente sus logros deportivos comenzarían a llegar: con 14 años la hija del bufetero del Rowing ya representa a la provincia de Santa Fe en los torneos de menores de tenis. Además se convierte en timonel del equipo de remeros (hombres) del club Alberdi; se atreve a incursionar y dejar su huella en un deporte de alta exigencia corporal, soterrando las falsas limitaciones físicas que se les atribuyen a las mujeres de la época. Finalmente, y como broche de oro para esos años de juventud, la rosarina unirá las costas del río Paraná a nado en el tradicional cruce que popularizó el club de sus inicios; será la única mujer inscripta y obtendrá el segundo lugar de la competencia. 

Mary la niña; Mary la mujer. La luchadora. Adelantada. Rebelde. Revolucionaria. La dueña de la raqueta que doblegó el destino casi ineludible para cualquier mujer de su estrato social a mediados del siglo XX. La que enfrentó los prejuicios y rompió los condicionantes, a fuerza de talento y coraje.  La jovencita de origen humilde que se infiltró en el deporte “blanco” rosarino, de élite, y se ganó su lugar indiscutible. 
Esa Mary, la guerrera, iniciará de allí en adelante una carrera imparable que la llevará a la cima del ranking santafesino en la década del 30. Con ese mismo impulso, la rosarina abandonará en el ´37 su provincia natal para entrenarse en el Adrogué Tennis Club de Buenos Aires. Dos años después, el Campeonato del Río de la Plata, el “Wimbledon de la América del Sud”, que organizaba el Buenos Aires Lawn Tennis Club, caerá rendido a sus pies. Pero su consagración definitiva tendrá lugar en 1941: Mary Terán conquistará el podio del tenis argentino femenino por primera vez.

“Una cancha en cada plaza”

Corre la década del 40 y el peronismo hace irrupción en la escena política argentina. Otro colectivo vulnerado y vapuleado que logra reivindicaciones en estos años es el femenino, esa “minoría” que en términos cuantitativos no lo es tal. La sanción de la ley 13.010 de septiembre de 1947, el voto femenino, posibilitará la inclusión de las mujeres a la vida cívica. El peronismo da la batalla por este derecho fundamental con los sectores más conservadores fuera y dentro del movimiento y, tras varios años de debate, logra la sanción definitiva de la norma propulsada por “Evita”. El 26 de julio de 1949, se lanza el Partido Peronista Femenino en un acto que tiene lugar en el Teatro Cervantes. El espacio serviría no sólo como herramienta de adoctrinamiento político sino de asistencia y capacitación.

En estos años, las clases populares se vinculan culturalmente con un medio de comunicación que se ha masificado en la década anterior y vive ahora su época dorada: la radio. El radioteatro congrega a las familias a la misma hora todos los días para contar historias que de alguna manera también reflejan su cotidianidad. El melodrama, la novela rosa, que haría trascender a autores como Abel Santa Cruz y Nené Cascallar, se instala en la vida doméstica de millones de mujeres.

Sin embargo, la puesta en escena de personajes arquetípicos dibuja identidades que van a contramarcha del devenir histórico y la incipiente conquista de derechos para el género femenino. Surgen de su discurso mujeres madres, novias vírgenes y esposas sumisas, mujeres pasivas, y otras de “mala vida”, las “putas”, que en algún momento deberán pagar por sus pecados. Estas producciones mediáticas, de carácter meramente conservador, funcionan en términos de la semióloga Leonor Arfuch, como “guardianes del orden” y los valores colectivos.

A años luz de esas identidades de género atávicas, Mary Terán continúa con su carrera ascendente en el deporte profesional. En 1940 conoce al tenista Haroldo Weiss –capitán del equipo argentino de Copa Davis- con quien contraerá matrimonio en el ´43, pese a algunas oposiciones en la familia del joven.  Sus logros deportivos no cesan y ha sido la mejor tenista argentina en el ´44, ´46, ´47 y ´48 (también lo será en 1952). 

Pero otro amor llega a su vida: la militancia en el peronismo. La pareja Terán- Weiss inicia una etapa de fuerte compromiso social, acompañando las políticas de fomento del deporte que el Estado nacional propulsa. Ambos participan en los Primeros Juegos Panamericanos del ’51, en Buenos Aires. Mary brilla: obtiene dos medallas de oro y una de bronce. Haciendo honor a su esencia, orígenes y trayectoria, se involucra directamente en la actividad política levantando la bandera de acercar el tenis al pueblo.

Yo creo que si en nuestro país se intensificara la práctica del tenis entre los jóvenes, construyendo una cancha en cada plaza, si es necesario, y dotándolos de maestros capaces y conscientes, nuestro deporte habría de brillar muy alto en el concierto mundial”, declaraba la rosarina al diario catalán Mundo Deportivo en 1952. Ese mismo año se convierte en asesora deportiva de la Municipalidad de Buenos Aires, a cargo del Ateneo Eva Perón, y es designada jefa de los campos deportivos en el parque 3 de Febrero. Su tarea consiste en proyectar torneos para niños y niñas y escuelas mixtas de tenis; la ropa y las raquetas son provistas por la Fundación Eva Perón. La masificación del deporte de élite está en marcha, pero semejante acto de nobleza, justicia y rebeldía, no iba a ser recibido con agrado por parte de los sectores tradicionales. 

La carrera profesional y la labor política van por rutas paralelas en la vida de la rosarina. Su figura se destaca en certámenes internacionales y llega a ocupar el top ten mundial femenino, convirtiéndose en la primera tenista argentina en ese nivel. Jugaría 1.100 partidos internacionales, de los cuales resultaría victoriosa en 832, entre ellos, el Plate de Wimbledon, que disputaban los jugadores que quedaban eliminados. 

Terán también daría la lucha en otro campo de lo simbólico: su vestuario. A las largas polleras Mary impondría minifaldas, delicadas transparencias y encajes. Ya se ha hecho dueña de su destino, direccionando el camino desde su hogar humilde a las canchas del Rowing, las del país y finalmente las del mundo. Se ha apropiado de un universo de ricos y de hombres, pero le resta ganar otra batalla que –consciente o inconscientemente- libra silenciosamente: su imagen como signo de liberación femenina. No es una redundancia hablar de la apropiación del propio cuerpo, teniendo en cuenta las luchas emancipatorias que incluso en la actualidad debe dar el colectivo de mujeres. Y es exactamente lo que Mary inicia en los courts: una apropiación y un mostrarse en un ámbito deportivo, no como objeto sexual a la venta en una vitrina, sino como soberana de su cuerpo e imagen. Las reivindicaciones de clase y género confluyen en su persona: en la tenista de los pobres y de las mujeres, casi como Evita.


Yo no soy Evita
La tragedia golpea la puerta de Mary en el ´53: su esposo fallece a causa de una larga enfermedad, en un proceso que también llega a desgastarla. Sin embargo, su impulso creador y su capacidad de lucha no la dejan rendirse. Ese mismo año, entrevistada por el periódico barcelonés Mundo Deportivo, hace referencia a sus próximas intervenciones en los torneos de Wimbledon, París y Estocolmo. Además, destaca la amistad que la une con Perón y la ayuda recibida por parte del Estado, que le ha permitido poner en marcha tras el fallecimiento de Weiss, un proyecto de inclusión: “Estoy trabajando por requerimiento del Presidente Perón, que me encargó la tarea, en un programa de amplio alcance para producir nuevos jugadores de tenis en años venideros, que ponga a la Argentina en cabeza de los países participantes en los torneos mundiales”, relata. Más de 1.500 “chicos y chicas” de 8 a 18 años recibirán entrenamiento gratuito en ese marco; “no sólo escolares, sino los de cualquier familia que quieran aprender el juego”, subraya. 

Luego de enviudar, algunas versiones la vincularían emocionalmente con Juan Domingo Perón. El relato señala que tras la muerte de Evita, el General le había propuesto casamiento a la tenista. No obstante, ella misma se encargaría de rebatir estas afirmaciones. En febrero de 1953, de paso por Santiago de Chile, junto a otros deportistas destacados que acompañaron a Perón a entrevistarse con su par trasandino, Mary hace declaraciones mediáticas al respecto: “¿Pero de dónde sacan esas cosas? -increpa al periodista Rosauro Salas A., que le pregunta acerca del rumor-. Es cierto que soy gran amiga con el Primer Mandatario de mi país. Pero esa amistad no pasa de ser la lógica admiración que sentimos todos los deportistas por el hombre que ha sabido comprender las inquietudes de la gran masa deportiva de Argentina”, asevera.  

Pese a la desmentida, su amigo y biógrafo, el periodista Roberto Andersen, atestiguará que la propuesta existió, y que la rosarina fue concluyente en su rechazo: “Yo no soy Evita”, argumentó. En esta historia, no faltará quien luego diga que si hubiera aceptado la “oferta”, otra hubiera sido la suerte de la tenista. ¿Primera dama? ¿Presidenta de la Nación? ¿Esposa y madre de familia? Sólo imaginar a Mary en estas posiciones simbólicas genera un poco ruido. Y es que su lugar no estaba al lado de Perón, aunque compartieran visiones del mundo: Mary pertenecía a las canchas del mundo.   

Tenaz, comprometida y noble, María Luisa Terán piensa que ningún niño o niña debe dejar de soñar, de tener oportunidades. Que el deporte es un derecho, no un privilegio de unos pocos. Que el deporte que practicamos es el que se elige y el que se ama, no el que nos queda según la división entre los que juegan los pobres y los que practican los ricos; disciplinas mayormente individuales, sin roce y cuyo equipamiento es tan costoso que resulta imposible de pagar para los sectores bajos.  

Persecución, exilio y olvido

El Golpe de Estado del 16 de septiembre del ’55 embistió al peronismo e inició una violenta persecución hacia los atletas que habían formado parte del gobierno; toda una generación diezmada, deportistas “desaparecidos”, condenados al ostracismo por su militancia y compromiso político.
Mary se exilia en España y sus bienes son incautados por el nuevo gobierno de facto. La Federación Argentina de Tenis pide a la Federación Internacional que se le impida jugar, pero el reclamo no es escuchado. Terán continúa su carrera en Europa, enamorando con su juego al mundo. Sin embargo sus conquistas son silenciadas por la prensa argentina, como una vil censura a cuenta de su pasado reciente. 

Finalmente retorna al país en 1959, durante la presidencia de Arturo Frondizi; el club que le dará acogida será River Plate. Pero los tiempos han cambiado y el terreno es propicio para hacer “pagar” a la rosarina su pertenencia al peronismo. Es así que su carrera empieza a ser boicoteada por sus propias colegas: nadie quiere jugar con Mary; incluso algunas tenistas confesarán que la bajada de línea de la Federación ha sido abstenerse de enfrentar a Terán. 

Desgastada por el ninguneo y la persecución, la mejor tenista de los últimos tiempos, abandona su pasión en 1964. Su salida no será en silencio y cabizbaja: con la frente en alto escribirá el 22 de julio una carta abierta que será publicada en la revista El Gráfico, y en la que brindará detalles del hostigamiento recibido por parte de las nuevas autoridades nacionales y deportivas. En el texto, Mary también hace alusión al complot que la deja fuera de las canchas: “Jugadoras (…) me han explicado personalmente que no tienen ningún agravio contra mi persona, pero que por orden y amenaza de un pequeño grupo de ellas no podían presentarse a jugar contra River, pues la decisión de no enfrentarme era unánime y debía respetarse. Ignoro cuáles son los motivos que han llevado a esta campaña, pues todas esas jugadoras compartieron conmigo la responsabilidad de representar al país, especialmente entre 1946 y 1955 (…) No se me ha manifestado jamás cargo alguno concreto, ni por parte de las autoridades deportivas oficiales, ni por jugador alguno”.    

Terán entiende esta situación como una “inhumana e injusta persecución alentada por el inconfesable deseo de evitar que vuelva” a su “deporte favorito”. “No tengo ni he tenido nunca nada que reprocharme y así lo atestiguan los innúmeros documentos que obran en mi poder, cuya publicación aclararía la equívoca situación de ciertos detractores actuales que en su oportunidad se complacieron recibiendo aquello mismo que hoy censuran”, afirma categórica y recuerda que durante su gestión administrativa atendió cada reclamo que recibió de esos mismos clubes que se suman a la conspiración. “¡Qué rápido olvida la gente!”, se lamenta casi al finalizar el texto. 

Con Mary lejos de las canchas, el sueño de un tenis popular, al alcance de todos, de la democratización de ese deporte tan exclusivo, había quedado en el olvido. Condenada al ostracismo, Terán paga todos sus pecados juntos: la osadía, siendo una niña de clase media baja, de tomar una raqueta entre sus manos, la provocación de inmiscuirse en un mundo gobernado por hombres; el descaro de ser peronista; y el crimen imperdonable de abrir ese mundo para los más desprotegidos. 

Fuera de carrera, se dedicará a su propio negocio de venta de ropa deportiva, junto a su madre. En 1980 apadrina la revista “Mundo Amateur”, y en su primer número, en diciembre de ese año, escribe una nota titulada “Contenido espiritual del deporte”. En la misma hace referencia a los beneficios espirituales de la práctica deportiva pero además, y sobre todo, remarca la necesidad de elegir una disciplina como vocación, para reforzar el espíritu y la fuerza moral: “En mis luchas deportivas, a veces, me he visto muy pequeña frente a mis rivales de extraordinario e impresionante desarrollo físico. Pero al mismo tiempo sentía que 'mi fuerza moral' no era inferior a la de esas magníficas oponentes. Y así, confiada en mi fuerza moral más que en mi fuerza y resistencia corporal obtuve triunfos que muchos espectadores creían imposibles o casi imposibles. En el juego deportivo se lucha con uno mismo antes que con el rival. Se habla así de deportistas con nervios de acero (Björn Borg.), por ejemplo. Es una manera de decir que significa, en mi opinión, deportista que ha logrado la suprema armonía entre cuerpo y espíritu”.

Un grupo de jóvenes pertenecientes a la Liga Justicialista del Deporte (formada en el ´74), camuflados -a causa de la prohibición de las actividades políticas- en el Instituto Argentino de Promoción del Deporte (IAPI) prepararán una cena en respaldo a la tenista, el 16 de septiembre de ese mismo año. En esa reunión, por iniciativa de la propia Mary, se decidiría generar una campaña (juntar firmas) en apoyo a Guillermo Vilas, quien había sido defenestrado por las autoridades nacionales del deporte, tildado como “ídolo de barro”.  Más de 5 mil firmas de integrantes de la Comunidad Deportiva Nacional serán recolectadas por el Instituto Argentino de Promoción del Deporte y entregadas a Vilas, previo a la Copa Davis de ese año. 

Ese mismo año, en plena dictadura militar, la fundación Konek entregará los premios en reconocimiento a los mejores deportistas de la historia y Mary, como era de esperarse, no será tenida en cuenta. 

Roberto Andersen, su biógrafo, hace referencia a los pozos emocionales que la aquejaron durante esos años y que, incluso, la llevaron a la internación hospitalaria. Relata el periodista que un día de diciembre, mientras conversaban por teléfono, Mary le advirtió que pronto, más precisamente el siguiente miércoles, recibiría noticias suyas. Y efectivamente así fue: la magnífica tenista “enterrada viva” a causa de sus convicciones, su provocación al orden imperante y su rebeldía con el mundo, se arrojó de un séptimo piso en Mar del Plata, ciudad donde vacacionaba, el 8 de diciembre de 1984, a los 66 años. 

Los reconocimientos post mortem llegaron muchos años más tarde. En 2007, mediante la ley 2502/07 la Legislatura porteña bautizó al estadio ubicado en el Parque Roca, sobre Avenida Roca de Villa Soldati, donde se juega la copa Davis, con su nombre. Sin embargo, parte de la prensa ha seguido nombrándolo como “Estadio Parque Roca” e incluso en los tickets para la competencia se ha cometido el mismo “error”. 

La situación fue denunciada en marzo de 2012 por deportistas, figuras de la cultura y aficionados nucleados en el Movimiento Social del Deporte (MSD): “Nuevamente como viene ocurriendo desde el año 2008 con todas las entradas a los partidos de la Copa Davis o sus gacetillas de prensa, la Asociación Argentina de Tenis (AAT) publicó en su página una nota ignorando a sabiendas el nombre de la ex tenista “Mary Terán de Weiss” sobre el estadio ubicado en Villa Soldati de la ciudad de Buenos Aires”, afirman. Paso seguido comparan a la dirigencia con “aquella que con el apoyo del gobierno militar de entonces, se dignó llamar a Guillermo Vilas “ídolo de barro” en una solicitada en el año 1980”, y adelantan, que al igual que en esa oportunidad, saldrán a defender “la memoria de esa gran deportista y mujer, que pese a todo ya está en la historia grande del Pueblo”. Rememoran la persecución sufrida por toda una generación de deportistas a partir del ´55, se preguntan si es casualidad que el gobierno de la Ciudad no acate la ley y que, por otra parte, haya eliminado los Premios Dignidad Deportiva Mary Terán de Weiss, creados en 2006. 

La contracara de esos desaires tiene lugar en su Rosario natal, donde si bien para muchos de sus habitantes es todavía una desconocida, Mary es considerada Ciudadana Ilustre. Además, un documental sobre su vida, a cargo de sus coterráneas Judith Battaglia, guionista y directora, y María Langhi, productora, se estrenó en 2014. Dos años más tarde, el Concejo Deliberante aprobará la iniciativa presentada por el concejal Eduardo Toniolli (FPV) para designar con su nombre a una de las calles de la ciudad, en recuerdo de su trayectoria militante.

“Matar” a la “putita rosarina”

Existe una anécdota surgida en un partido disputado en la década el ’40, entre la rosarina y otra tenista de la época, Felisa Piédrola. Ambas se enfrentaron en diferentes oportunidades y su rivalidad era evidente; sobre todo porque eran el agua y el aceite, ideológicamente hablando, y Felisa no soportaba que una mujer como Mary “manchara” el deporte blanco con sus ideas. Se dice que después de un tanto muy discutido con el juez del encuentro, al momento de cambiar de lado de la cancha, Piédrola se acercó a Terán y la insultó: “Putita rosarina”, escucharon muchos de los periodistas que cubrían el encuentro, incluso Andersen. Mary, estupefacta, acusó un dolor de estómago pero continuó el duelo. Sin embargo, no se recuperó anímicamente y fue vencida. 

Piédrola ganó el partido. Esa mujer, que encarnaba la conservación de los privilegios, resultó victoriosa gracias a un golpe bajo propinado justo a tiempo. Pero el renacer de Mary no demoró en llegar. Su figura se dio su lugar por su propia dimensión en el mundo del tenis años más tarde, y políticamente fueron miles las flores -sueños y derechos de niñas y niños- que crecieron en el jardín que regó su labor.

Tal vez su muerte haya sido como ese dolor de estómago que le sobrevino en aquel partido frente a Piédrola. Y los agravios y los olvidos posteriores a su desaparición física, sean como los insultos de alguien que no tolera haber perdido prerrogativas y recurre a los confines más oscuros del lenguaje en busca de las palabras más punzantes que le permitan “matar”. Matar, aniquilar, a como dé lugar, en defensa del statu quo, visceralmente; golpes y más golpes hasta un fuego que no puede ser extinguido. 

Mary Terán sigue viva; es una llama encendida, un río, como el Paraná que la vio nacer. Su fuerza y rebeldía viven en cada mujer que se planta y doblega su destino, trazado desde la arbitraria división del mundo entre un género dominante y otro sometido; y entre pobres y ricos. Su legado inscripto en el inconsciente histórico sobrevuela las conquistas del colectivo femenino y de los más humildes. Mary, “la piba”, la luchadora, en el equipo de los desprotegidos, con sus reveses y sus drives, sigue siendo la capitana.